| 28 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su  visita al Centro de Recepción, Acogida y Derivación para personas refugiadas ucranianas en Alicante,
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su visita al Centro de Recepción, Acogida y Derivación para personas refugiadas ucranianas en Alicante,

… pero Sánchez no se arruga

La persistente negativa a la bajada de impuestos va más allá del afán recaudatorio, es la otra cara de la decidida querencia por la subvención, el vicio del gobernante totalitario.

Cuesta resumir el panorama. Tanto a nivel mundial como en territorio patrio. Hace unos años se decía machaconamente “con la que está cayendo”, y lo que caía era un calabobos -sirimiri, xirimiri o txirimiri en el país vasco- cuando son ahora chuzos de punta -gatos para los ingleses- si se me admite la analogía en plena e invernal primavera. No hay paraguas que valga y, en consecuencia, el Gobierno tira de su famoso escudo social. Que no cubre más que el otro pero suena a la vez solidario, guerrero y hasta solemne.

Oí decir el otro día al Presidente -imposible recordar en que enésima comparecencia- con ese aire cursi que se gasta, entre humilde seductor y marisabidillo, como de líder de escuadra de boy scouts, que “esta crisis no es asimétrica” … luego sonrió y se quedó tan pancho. Yo, perplejo. E inerme, ahora que la filosofía -amar la sabiduría- es expulsada definitivamente de las aulas escolares, entre un paquete de atrocidades metodológicas que me cuesta trabajo creer que los maestros españoles pongan finalmente en práctica.

Y es que Sánchez, como aquella tela de los sesenta, sintética, cien por cien poliéster, llamada terlenka, no se arruga. Empezó a usarse para ropa de cama, luego para pantalones (acampanados por la época), blusas y camisas. Llegó a anunciarse como una mejora para el trabajo “de la mujer”, dando por hecho que son ellas las encargadas de la plancha doméstica. (Algo similar a lo de la cocina en esa pretendida vivienda de género. Un servidor cocina poco, pero cocina. Y hace años que disfruta planchando sus camisas). Fuera como fuese, lo sintético fue moda pasajera de una sociedad en desarrollismo liderada por un autócrata (como bien ha denominado por cierto, que no ofendido, Abascal al Presidente), y volvió al algodón, y al lino. No cambió el rol de la mujer porque las cosas serias no van de gestos y paparruchas. Y el movimiento se demuestra andando.

El rimbombante Plan de Choque de respuesta a la guerra de Ucrania, chocará con la realidad

Con la democracia, y como ella poco a poco, llegó la belleza de la arruga -“la arruga es bella”- de la mano de un conocido modista gallego. La arruga del tejido natural cobra la hermosura de una huella biográfica, el indicio de un pasado, de una historia. Instalada con la frescura de un gesto en la piel, humanizando la función. Frente a la evanescencia del artificio, la vuelta a la realidad.

Hace bien Feijóo -otro gallego- en proclamar que no ha venido a jugar (y en pedir el cese de los ministros podemitas), porque el rimbombante Plan de Choque de respuesta a la guerra de Ucrania, chocará con la realidad. Y calificarlo de Plan es ya una audacia. Administrar la pobreza puede ser virtud de funcionario asceta pero no meta de un gobernante. La persistente negativa a la bajada de impuestos va más allá del afán recaudatorio, es la otra cara de la decidida querencia por la subvención, el vicio del gobernante totalitario (o autócrata). Y el final del proceso -lo conocemos y lo estamos viviendo con dolor en Venezuela- buscado o no, siempre es el mismo, administrar la miseria.

La apuesta de este Gobierno por políticas en favor de la subvención directa e indiscriminada, es un virus que acaba envenenando una sociedad

Para muestra un botón, las colas en las gasolineras y los veinte céntimos por litro de subvención directa al usuario (cinco los ponen las petroleras) y en un par de meses ya veremos.

También hay querencia por la colas, y hasta por el racionamiento (se acaba de regular la posibilidad de limitar cantidades o unidades a adquirir por el consumidor), que es el complemento habitual de las políticas subsidiarias.

La aparente apuesta de este Gobierno, nazca de donde nazca, por políticas que desincentivan la emprendeduría, la autonomía empresarial y laboral, en favor de la subvención directa e indiscriminada, es un virus que acaba envenenando una sociedad de libre mercado, en la que a su vez está afianzada la propia democracia.