| 05 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Rita Barberá en el comité ejecutivo del PP en el año 2015
Rita Barberá en el comité ejecutivo del PP en el año 2015

Dejo de volar

Él y toda esa patulea de soplapollas y traidores que rodean al personajillo de tercera, tan altivo como huero.

| José María Lozano Edición Valencia

Queridos fieles lectores -amigos, es sabido- y ocasionales si los hubiere. El verano me ha rentado (en terminología adaptada y adoptada de mis nietos) y me ha conducido a una suerte de vértigo virtual, más bien de intolerancia mental, probable consecuencia de ese vuelo permanente que he ido manteniendo sobre la triste realidad del territorio patrio. A modo de un dron sencillo, sin más misión que retratar la situación en planta, alejado de intereses bélicos o de inteligencia, ni siquiera de los estadísticos o comerciales, he recogido noticias, personas, lugares y fechas que creí notorios. Luego los glosaba con mi particular, humilde (o presumiblemente humilde) y desahogada  (va por ti Consuelo) opinión. Y este encorbatado dron -las formas son las formas- se ha cansado de volar sobre el desierto de la verdad y de la inteligencia en el que se está convirtiendo la Madre Patria (concepto, señora vicepresidenta comunista, sobre el que le conviene profundizar tras entenderlo; si es que así fuera posible). Ha agotado pilas y combustible, por subvencionados que acabaran siendo, y ha colmado su capacidad de registro. Y de asombro. El retiro del dron.

De los vuelos reales, de los de avión, también acabé harto ya antes de empezar el verano. Es como una humillación autoinfringida y pagada (en ocasiones a plazos) que deja en nada la terapia más agresiva del más agresivo (y caro) psicoanalista. Con perdón por comparar. Cancelaciones, retrasos, torpezas, pérdidas de maletas, malos modos de un personal y tripulaciones poco pagados y exhaustos, no obtienen más allá de una disculpa y un refresco como respuesta por parte de las compañías aéreas. Añoranza del zepelín y del globo. O sea, que puestos a elegir, me quedaría con el dron habitado virtualmente a distancia.

Asisto al nuevo embate de las dos superpotencias, con Taiwan por prenda esta vez, y evito la comparación odiosa porque esta no es Ucrania, ni China es Moscú. Pero mosquea.

Han dicho y hecho cosas que me han “helado la sangre”, como a Pilar Albisu, la madre de Joseba y Maite Pagazaurtundua. Y no sólo Patxi López, a quien clarividente le escribió ella en esos términos hace ya caso veinte años. Él y toda esa patulea de soplapollas y traidores que rodean al personajillo de tercera, tan altivo como huero, cuyo nombre Dios confunda y yo no volveré a escribir.Tal es la repugnancia que me produce.

Entiendo a Giorgia Meloni -esta señora dará mucho que hablar en los próximos días- cuando confiesa que cuando está cansada se pone agresiva. No es una excusa. Es una explicación honesta. Yo estoy muy cansado y me temo que no mediría el uso de epítetos, concitando las palabras gruesas y orillando la mínima urbanidad.

Instalado en una suerte de escepticismo -ascético si me permiten la pretensión, que epicúreo soy yo el que no me lo puedo permitir- asisto al nuevo embate de las dos superpotencias, con Taiwan por prenda esta vez, y evito la comparación odiosa porque esta no es Ucrania, ni China es Moscú. Pero mosquea.

He saludado la actitud de nuestro paciente monarca en relación con “el sable de Bolívar”, lo que me ha llevado a leer su “Carta de Jamaica”, la famosa contestación de septiembre de 1815 desde Kingston a un “caballero de esta Ysla”, más cercana a un libelo de juventud que a una reflexión de estadista maduro. (Sin ánimo alguno de ofender ni enemistarme con quien fuera de opinión distinta).

De los vuelos reales, de los de avión, también acabé harto ya antes de empezar el verano. Es como una humillación autoinfringida y pagada

Accede mi solícito Director a eximirme del peso de la columna a plazo fijo, ahora que el interés se dispara en círculo poco virtuoso con la inflación. Y me dispongo a poner “el dedo en la llaga” más con denotaciones constructivas que con las más amplias connotaciones de la máxima. Intentaré estar a la altura de nuestros maestros de obra.

Si se me admite la autopromoción, voy a impulsar el Observatorio de Cultura Urbana que con el nombre de Rita Barberá, iniciamos en su día un grupo de profesionales de la ciudad, y cuenta con numerosas adhesiones. De manera que su actividad sea conocida con el próximo año.

Y que ustedes lo pasen bien y hayan tenido felices vacaciones.