| 24 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Grava volcánica
Grava volcánica

Y se hizo el silencio

¿Cuántos animales, prisioneros del ser humano, no habrán sido rescatados y habrán muerto de forma terrible, abrasados mientas una masa de lava engullía sus indefensos cuerpos?

| Raquel Aguilar Edición Valencia

Por fin ha finalizado la erupción del volcán de La Palma.

Por fin se ha hecho el silencio en el monstruo que ha estado casi tres meses sin parar de rugir.

Sin embargo, el suyo, no es el único silencio que ha dejado el volcán a su paso.

Nunca olvidaré cómo un reportero contaba conmocionado cómo oía a lo lejos el sonido de animales que gritaban nerviosos, en lo que debía ser una granja y cómo, en tan solo unos segundos, se hizo el silencio.

Un silencio cuyas consecuencias no hace falta explicar.

Un silencio que todavía hoy me encoge el alma.

¿Cuántos animales, prisioneros del ser humano, no habrán sido rescatados y habrán muerto de forma terrible, abrasados mientas una masa de lava engullía sus indefensos cuerpos?

Por desgracia para quienes no queremos que sus muertes queden en el anonimato, nunca lo sabremos.

Se podrá saber el número de animales considerados de granja por los que se pida subvención, porque estén legalmente registrados.

Pero estoy segura que cientos de animales de distintas especies en pequeñas explotaciones, en zulos, abandonados en viviendas...de los que no hay constancia de su presencia, habrán dejado de existir.

El problema, además de la maldad y falta de empatía de algunas personas, es la desidia de las instituciones. Es tan fácil tener un animal como un bolígrafo azul.

No es obligatorio esterilizar, la compraventa entre particulares, aunque es ilegal, está a la orden del día, sin necesidad de hacerlo siquiera con discreción, la identificación, obligatoria para algunas especies, no se persigue, y a nadie le importa qué les pasa a los animales que se explotan tras vallas, muros y puertas.

A todo esto hay que añadir la ausencia de planes de evacuación para animales en caso de emergencia. Canarias hubiese sido la primera autonomía en aprobar el suyo, tras años de un trabajo insistente por parte de PACMA, que entregó un plan desarrollado y redactado por Juan Luis de Castellví, técnico de emergencias sanitarias y gestor de recursos de seguridad de emergencias, pero como todo lo referido a los otros animales que depende de quienes nos gobiernan, el plan llega tarde.

Y aunque todas estas vidas no volverán, sí ha cambiado algo. Durante los últimos incendios, las últimas inundaciones y la erupción del Cumbre Vieja son decenas las personas que de forma altruista se han volcado en rescatar y poner a salvo a las otras víctimas, los animales.

Los medios ya se hacen eco de estas acciones y, aunque menos de lo que nos gustaría, el foco mediático se posa de vez en cuando sobre los que no tienen voz, como ha ocurrido esta vez con los perros que quedaron atrapados en una balsa rodeada de lava, y que mantuvieron en vilo a medio país, cruzando los dedos para que su rescate llegase a tiempo.

Espero que este gran cambio en la sociedad, que demanda un trato más digno y justo hacia los otros animales, y que se ha demostrado una vez más durante la catástrofe de La Palma, acelere la puesta en marcha de unos planes de evacuación que los salve de muertes terribles y unas leyes que les protejan y velen por su integridad.

Por mi parte, trataré de visibilizar siempre que me sea posible a los desaparecidos, porque no creo que sea capaz de borrar de mi memoria el momento en que se hizo el silencio.