| 28 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Imagen del mapa de TV3, donde se incluye el País Valenciano y las Islas Baleares
Imagen del mapa de TV3, donde se incluye el País Valenciano y las Islas Baleares

Valencia. Seguimos para bingo

Hay que proteger a reina y rey. Que son la lengua y el territorio en esta liza que no ha hecho más que empezar.

| José María Lozano Edición Valencia

Discúlpenme el titular gamberro de esta tercera entrega de ámbito autonómico, porque me he propuesto evitar las palabras gruesas que se me agolpan fruto de mi indignación con ese asunto de espuria denominación territorial en el Senado, en el que pretenden incluir la Comunidad Valenciana. De sus corolarios y contexto. Cuando todavía permanece libertad de pensamiento, cuidaré la de
expresión. Por si acaso.

Ignoro el recorrido legal que tendrá la demanda judicial del PP y las medidas cautelares o definitivas que de ella pudieran derivarse. Pero por poco que sea el tiempo transcurrido, el mero hecho de admitir a trámite la petición de los separatistas catalanes tendría que haber encendido todas las alarmas. Con su aprobación por la Mesa del Senado, con el primer escrito oficial que se reciba conteniendo esa denominación canalla y chulesca, es sangrante el oprobio a la valencianía, al
valencianismo español que se admite y practica sin complejo en esta tierra que lo canta con orgullo y emoción en su histórico himno regional.

No he entendido esa “subsanación ortográfica” exigida al PP -también en el Senado- por escribir Valencia en castellano (sin tilde). Mi abuelo Lucas, que hablaba latín y griego antiguo, y traducía del hebreo, sostenía que el castellano es el español que se habla en Castilla, y el castúo -el era extremeño, y de segundo apellido Azulas, que es vasco- un dialecto del español que se habla en Extremadura. La combinación de ambas iniciativas es letal. Un ataque simultáneo al español y al valenciano.

Sencillamente porque somos valencianos y además, los más viejos, ya hemos vivido esta disruptiva y sabemos de sus nefastas consecuencias

Ese concepto inexistente tanto en el plano geográfico e histórico como en el jurídico, además de resultar un atentado a la preceptiva constitucional y estatutaria, es un auténtico insulto a nuestras más profundas señas de identidad: territorio y lengua. Como señalaba ayer mismo con acierto el historiador Joaquín Santo, vocal de la Comisión de Gobierno del CVC, en su artículo “Ni fuimos ni somos catalanes”, los impulsores de esa falsificación cartográfica llegan al extremo de extirpar de la misma la Vega Baja del Segura, nuestra querida Orihuela segunda en la Comunidad en Patrimonio Monumental (y tierra de Miguel Hernández). Pero es que hablan habitualmente en español. “Ni seremos” catalanes, me permito añadir al titular de mi querido colega alicantino.

Sencillamente porque somos valencianos (y españoles, españoles sin complejos) y además, los más viejos, ya hemos vivido esta disruptiva y sabemos de sus nefastas consecuencias. Y porque esa pretendida identidad entre territorio y lengua, o lo que es más perverso, hacer de la unidad de la lengua -legítimamente cuestionada por algunos- la coartada para modificar nuestro mapa, es sencillamente delirante. Dejando aparte la cronología de los hechos históricos, las fechas de los primeros vocabularios, diccionarios, gramáticas y tratados, la osadía de pretender cambiar el nombre de nuestra singularidad autonómica para después agruparla en un colectivo inclusivo e invasivo, es enervante.

La osadía de pretender cambiar el nombre de nuestra singularidad autonómica para después agruparla en un colectivo inclusivo e invasivo, es enervante

Como es enervante la negativa del PSPV y Compromís en el Ayuntamiento de Valencia, inadmitiendo la moción de protesta que tan oportunamente -y desenmascarando tanto a Ribó como a Sandra Gómez- ha presentado María José Catalá.

Y la mecha no ha hecho más que prenderse. Conozco esta apertura de partida y hay una sola estrategia para defender al rey. Los peones están -estamos- listos para actuar con la agilidad que nos permiten nuestros sencillos movimientos y confiamos en la viveza de las figuras más ligeras y en la honestidad estratégica de las más poderosas. Hay que proteger a reina y rey. Que son la lengua y el territorio en esta liza que no ha hecho más que empezar.

PS. He podido terminar sin decir “països catalans”, porque ya saben lo que pienso al respecto y no me gustaría verme impelido a insultar a sus señorías.