22 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez y Zapatero. La cuadratura del círculo

Tengo para mí que aquella era de crispación que inició un ignoto profesor asociado y político de provincias es capaz de rematarla cum laude este doctor de prestado y político de ambiciones.

| José María Lozano Edición Valencia

Es sabido y muy popular que la cuadratura del círculo es un imposible y así se usa cuando se habla de una quimera. Lo cierto es que si se pretende encontrar la superficie equivalente en una y otra figura sólo puede hacerse por aproximaciones sucesivas mediante una regla y un compás. Al compás y con las reglas que establece este gobierno, deben estar convencidos de que pueden conseguirlo. Y en breve.

Dice la ministra Laya -otra joya- que ni al gobierno ni a la UE conmueven las opiniones personales del ex presidente Rodríguez Zapatero, que es muy libre de hacerlas, aun habiendo sido tildado -y con razón- por Juan Guaidó de “cómplice de violaciones de los derechos humanos”. Lo que es de horrorizar, a la vista de su foto con lo más granado de los ex sudamericanos, con Lugo, Correa, Evo Morales, y el propio Maduro, es la que se puede hacer Sánchez dentro de unos años.

Lo que no dice es si le preocupan las de Felipe González, o como Lastra -¡qué lastra!- está también instalada en el piterpanismo socialista.

La esquizofrenia política del gabinete es digna de estudio.

Tampoco parecen preocuparle los ataques desde el gobierno contra la Jefatura del Estado (el video de Podemos es nauseabundo). La esquizofrenia política del gabinete es digna de estudio. Acertadamente un medio valenciano, más bien afín, ha titulado “el Estado contra el Estado”. Porque en esas estamos.

Por más que lo borrara de inmediato, el twit de Ábalos, mintiendo a la vez sobre los hechos y sobre su propia biografía, en tan pocas palabras, es un haikus meritorio resumiendo la estrategia más profunda de Moncloa. (ESdiario lo publicó oportunamente)

Si los sentimientos humanos de los españoles no se vieran suficientemente conmovidos con la aciaga enfermedad, la tragedia de la masiva inmigración ilegal a Canarias y, desde allí y de cualquier manera, a distintas ciudades peninsulares, resultaría simplemente un esperpento. Hacinados en el muelle de Arguineguín, repartidos en hoteles o en las calles, con o sin documentación o falsos pasaportes, con o sin PCR, en libertad o detenidos, inmigrantes ilegales al fin y de futuro incierto. Por duro que resulte.

Los balbuceos de Marlaska en las diferentes versiones hechas públicas, chocan con la realidad incontestable que los alcaldes afectados y los sindicatos policiales evidencian. Y han estado rápidos los dirigentes autonómicos en recordar que la Comunitat está tancada (Oltra dixit). No tardará en llegar un aviso europeo también en esta materia.

El arrabal -que somos todos- ya no se sorprende de los circunloquios de la ministra portavoz, sea sobre los nombres de los expertos, sobre las cifras de fallecidos, el IVA de las mascarillas o asunto que se tercie. Creo haber leído que como monologuista tiene asegurado el porvenir (Dios lo remedie).

Ignoro qué ve Sánchez cuando se mira en el espejo, y me temo lo peor

Ignoro si se mira Sánchez en el espejo de Zapatero. Ignoro qué ve Sánchez cuando se mira en el espejo, y me temo lo peor. Aunque tengo para mí que aquella era de crispación que inició un ignoto profesor asociado y político de provincias es capaz de rematarla cum laude este doctor de prestado y político de ambiciones desmedidas.

También es sabido y muy popular, que no convienen dos gallos en un mismo corral. Un entendimiento razonable entre Pablo Casado y Santiago Abascal es común desiderátum del electorado de centro derecha, por más que la militancia de Vox -o parte de ella- emplee más energía en denostar al PP que al propio gobierno. Está claro que mientras eso no ocurra, la izquierda (o ese conglomerado de hasta once partidos que lidera) continuará con su arrogancia.

Pese a todo y pese a todos ellos, los españoles mantendremos la cordura y la responsabilidad individual como parecen sugerir, todavía con cautela, los índices de evolución de la pandemia. Pese a todo.

¡Ah! Y de mi gran presidente, y hoy mi gran amigo, Paco Camps escribiré -si me lo permite- cumplidamente.