| 29 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Nostalgia perversa: no hay animales de trabajo, solo esclavizados

La agricultura ecológica debería ser realmente ética y respetar a todos los animales. Y desde luego, cuando los utiliza, no lo es. No existe ningún motivo para seguir esclavizando

| Raquel Aguilar Edición Valencia

Hemos pasado de tratar de desprendernos de todo lo que nos parecía “antiguo” a venerar cualquier cosa que hacían nuestros abuelos y nuestras abuelas.

Personalmente, creo que hay muchas maneras de hacer las cosas en las que quienes nos antecedieron nos dan lecciones de sensatez. Tanto en lo referido al cuidado propio, como a la gestión de recursos.

Sin embargo, hay otras cuestiones relacionadas con la consideración, respeto y reconocimiento de derechos en que, afortunadamente, se han dado grandes pasos hacia adelante que nunca deberían desandarse.

Por desgracia, en todos los ámbitos surgen nostálgicos de la opresión. Unos, que no tienen reparos en machacar a nadie, independientemente de la especie y otros que abanderan un progreso respetuoso con el entorno y con las personas, pero excluyen de la ecuación a los animales no humanos con quienes se siguen ensañando, utilizando los mismos argumentos falaces que justifican cualquier otro tipo de opresión.

 

Un ejemplo, es el de quienes defienden la agricultura ecológica como una forma ética y sostenible de cultivar nuestros alimentos, pero que en su añoranza por la forma de hacer las cosas de antaño (comparto en muchos aspectos) tratan de re-instaurar la normalización de la esclavitud en nuestros campos, utilizando a los caballos para realizar los trabajos agrícolas.

 

Los argumentos que utilizan para justificar y fomentar este abuso hacia los animales es que utilizarlos como instrumentos de trabajo es menos contaminante, e incluso hay quien disfraza esta opresión con el amor y respeto hacia ellos, convirtiendo su sufrimiento en una cínica compasión.

 

Porque lo único que esconden todas estas afirmaciones es que el trabajo esclavo siempre es más rentable que cualquier otra opción.

 

Cuando hablamos de contaminar menos, anteponer reducir algo las emisiones a la atmósfera, además en sólo una parte del proceso productivo, no puede justificar que se oprima a quien se considera inferior, sobre todo  cuando toneladas de los productos que se producen en estas explotaciones viajarán cientos, e incluso miles de kilómetros, hasta llegar al plato.

 

Y desde luego, cuando nos referimos a utilizar a los animales como un acto de amor hacia ellos porque de no ser así qué sería de esos caballos, porque desaparecerían determinadas razas y absurdeces similares, ese amor platónico con el que se disfraza siempre la opresión, no es más que una falaz excusa para justificar aquello que de otra forma no es posible.

 

Esos caballos esclavos son mera mercancía. La que venden quienes a sus madres las explotan para que produzcan hijos que después les serán arrebatados e intercambiados por un puñado de billetes. La que compran quienes los utilizan para trabajar en lugar de emplear maquinaria o incluso pagar sueldos dignos por realizar determinadas tareas. Y esta cadena comercial sólo finaliza cuando ya no sirven para trabajar y son enviados al matadero.

 

La agricultura ecológica debería ser realmente ética y respetar a todos los animales. Y desde luego, cuando los utiliza, no lo es. No existe ningún motivo, por mucho que se quiera justificar, para seguir esclavizando, independientemente de la especie.

 

Porque la realidad no es una imagen idílica del binomio caballo-agricultor trabajando como iguales en el campo, tal como se intenta incrustar en el imaginario colectivo. Esa es una foto perversa. El trabajo es una cuestión humana y la única relación que se establece con los animales es la de dominación. Como siempre ocurre cuando los animales forman parte de un negocio, las personas son las únicas beneficiadas.

No hay animales “de trabajo”.

Sólo hay animales esclavizados por personas con la única finalidad de que sea económicamente más rentable su trabajo.

Así que no te dejes engañar. Que no te vendan otra cosa, porque es capitalismo en estado puro.