03 de Marzo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Embajada: El problema eres tú, no la sede de tu partido

El PP no remontará el vuelo mientras no se atreva a presentar un proyecto para este país que defienda sin complejos la libertad del individuo frente al igualitarismo ñoño de la izquierda.

| Fernando Ferrando Edición Valencia

El problema del PP no es Bárcenas ni aún menos la sede la calle Génova. Su problema es que sus votantes se emocionan escuchando a Vox. Muchos siguen votando al PP, cada vez menos, llevados por la inercia, por la lealtad, incluso por el miedo a que sea cierto que Vox es el demonio vestido de verde. Pero cuando escuchan a Abascal, a Espinosa de los Monteros o a Macarena Olona piensan que esos de los suyos y disfrutan viendo que alguien dice las verdades del barquero a la cara, con la cabeza alta y el rostro digno.

Estos días circula una fotografía por las redes sociales con las pegatinas de los apoderados del PP y Vox en las mesas electorales de Cataluña. En el de Vox, debajo del logotipo, decía “apoderado”; en el del PP, “apoderado/a”. Quien había colgado la fotografía decía, “Y todavía se preguntan por qué pierden votos”.

El problema del PP es que se percibe como un partido preso del discurso dominante, políticamente correcto, que emana de unas élites bienpensantes. Esos que han convertido la igualdad en la meta indiscutible del buen gobierno. Los que quieren acabar con las diferencias entre quienes se esfuerzan y quienes se tumban a la bartola. Entre quienes se arriesgan para prosperar y quienes esperan su subsidio.

El miedo a abandonar ese discurso imperante impide al PP presentarse como una alternativa
de confianza para relevar a Pedro Sánchez. Nadie sabe qué quiere hacer e inevitablemente recuerda a su antecesor, Mariano Rajoy, que con su inacción política falló a las bases del PP. Mariano no corrigió los excesos de Zapatero y ahora cuesta creer que llegado el caso Casado corrigiese los de Sánchez.

Pero nadie duda de que Vox sí que corregiría los excesos izquierdosos de Sánchez e incluso los de Zapatero. La izquierda descalifica las propuestas Vox que gustan a la derecha. La matraca del fascismo, salida de la boca de quienes gobiernan con comunistas radicales, sirve cada vez más para cerrar filas en torno a los de Abascal.

Casado haría bien en dejar de hacer el tonto cambiando la sede de su partido, ¿de verdad cree que a estas alturas a sus votantes les importa un bledo los tejemanejes de Bárcenas? El PP no remontará el vuelo mientras no se atreva a presentar un proyecto para este país que defienda sin complejos la libertad del individuo frente al igualitarismo ñoño de la izquierda. Eso, por ahora, es monopolio de Vox y las urnas se lo seguirán agradeciendo.