| 03 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Vivir con un nudo en el estómago - RAQUEL AGUILAR
Vivir con un nudo en el estómago - RAQUEL AGUILAR

Vivir con un nudo en el estómago

Amparo cuida, con una excelente organización, de una colonia de 40 gatos en Valencia. Es una persona educada, sensata y discreta.

| Raquel Aguilar Edición Valencia

En el lugar en que viven estos gatos, se están expropiando terrenos para ampliar un parque. Y claro, ese es un más que justificado motivo de alarma, angustia e impotencia.

Alarma, porque eso significa que los gatos están en peligro (el lugar en que viven va a transformarse, mediante movimientos de tierras y construcciones diversas, ejecutados con la intervención de maquinaria pesada). Esto implica un riesgo directo para los animales, por atropello o aplastamiento, y riesgo indirecto, porque pueden huir asustados, con posibles accidentes, pérdidas e incapacidad de retornar a su “hogar”.

Angustia, por la incertidumbre de saber qué va a ser de esos animales, tan vulnerables, y que durante tantos años ha estado cuidando, curando y alimentando, y que son una parte importante de su núcleo afectivo.

E impotencia por la desidia, inoperatividad en la gestión y falta de empatía del ayuntamiento.

¿Por qué digo esto? Porque Amparo reclamó una solución al ayuntamiento (un espacio cercano para que los gatos puedan vivir cerca del que es ahora su hábitat) ante lo que se avecina en su colonia (el desahucio de los gatos por parte del ayuntamiento de parcelas del propio ayuntamiento), y en lugar de ofrecerle ayuda, le pidieron un trabajo que, obviamente, corresponde al ayuntamiento: la búsqueda de parcelas cercanas municipales, con todos sus datos, en que poder reubicar su colonia para que el ayuntamiento las estudie. Esto supone acceder al catastro, obtener información urbanística... y como podrás imaginar, muchas, muchas horas dedicadas a este fin, cuando es el propio ayuntamiento dispone de todos estos datos.

Pese a todo, con mucho esfuerzo y tras enviar diversos escritos con la información solicitada, ante la falta de respuesta, consigue contactar con un técnico quien le indica que con esa información no van a hacer nada, de lo que se puede deducir que, o han subestimado su voluntad y capacidad para acceder a la información o, que el único objetivo con esta petición era mantenerla “entretenida”, por si con el cuidado altruista de la colonia de los gatos que son responsabilidad del ayuntamiento no tuviese suficiente.

La solución que le dan, que cuando llegue el momento, verán dónde trasladan a los gatos que queden. Es decir, que si con tiempo la inacción es la única respuesta del ayuntamiento, ¿qué van a ser capaces de hacer cuando estén las excavadoras en la parcela?

¿Eso es todo lo que podemos esperar de una concejalía de “bienestar” animal? ¿Cómo es posible que, en un ayuntamiento como el de Valencia, (no hablamos de una aldea de 10 habitantes) y con las situaciones de este tipo que se han dado, no esté introducida todavía la ubicación de las colonias en los datos urbanísticos para que todas las actuaciones que se lleven a cabo en la ciudad tengan en cuenta la existencia de las mismas y con tiempo suficiente se pueda dar una solución adecuada, sin que sus cuidadoras tengan que acabar con una úlcera por la incertidumbre? ¿Tan difícil es esto en una administración digitalizada?

Han pasado ya más de 7 años desde que se creó esta concejalía, que tiene a su disposición a cientos de personas que, de forma altruista, colaboran con el ayuntamiento en el cuidado y mantenimiento de los animales, dejando su tiempo y su dinero en ello, algo que corresponde a la administración, y, sin embargo, este es el trato que reciben.

Lamentablemente, es un departamento de postín, dedicado al postureo en medios y redes, pero que, a la hora de gestionar, demuestra ineptitud, quien sabe si mala fe y lo que es peor, una verdadera falta de empatía, no solo hacia los animales, también hacia quienes se preocupan por ellos.