26 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Llevar una armadura a cuestas

Julio no descansa y vuelve a someter a Elena a otro nuevo interrogatorio. Quiere y exige las contraseñas. Facebook, Instagram, correo electrónico, etc.

| Enrique Arrúe * Edición Valencia

La historia se repite en cada experiencia personal de una joven que, sin que se sepa cómo, conoce un día a uno de estos jóvenes que en esos primeros días parece un caballero… Esto lo observamos muchas veces, los detalles obviamente diferentes.

Un galán moderno, pero un caballero adolescente más actual, impertinente, arrojado, rebelde, que hincha pecho como gallo de corral y que parece reñido con la sociedad, porque no quiere comprenderla, importándole un bledo las normas, los consejos, las recomendaciones. Sus pantalones  súper ajustados con rotos y las rodillas al aire, zapatillas Nike y camisetas de valetudo ajustadas. Tupes engominados mayores que los de Travolta, pequeñas perillas de pelo que faltan por poblar, cadenas de oro con símbolos del dinero o kalashnikov y gorra de béisbol variopinta puestas del revés. Al joven, tan solo le gusta flirtear, chulear con los colegas y que todos vean el coraje que tiene.

A la jovencita pues le encanta esa forma de destacar del chaval, su desparpajo, la cara dura que tiene su chico para todo, y también, le hacen gracia sus bravuconadas y encima es un niño gracioso. El resultado es una relación sentimental, el comienzo de una relación sentimental.

No hay nada de malo en ello, pues todos somos esclavos de las experiencias, de otras formas de jugar con la vida, de sentir esas primeras emociones potentes tales como el amor, las decepciones, los éxitos y también los fracasos que sentimos desde las entrañas.

Como gestionamos las emociones es lo que te marcará el resto de tu vida. Todo puede condicionar a estos cachorros jóvenes, su entorno, educación, sus valores, y su aprendizaje en esa difícil mutación que es pasar de ser joven a ser adulto.

Ese joven simpático que es líder que allá donde va mola bastante, es alguien reconocido. Nuestra protagonista se llama Elena y parece en segundo plano y en el primer mes de relación con Julio suele ser apoteósico, increíble, alucinante, conmovedor, es como ir corriendo por el puente Bifrost del arco iris y encontrar a los dioses que te aceptan como a uno más, algo que no te deja pensar en otras cosas. Nada que no hayamos vivido los demás.

Pero empiezan las condiciones…

Las preguntas se suceden poco después. ¿A dónde vas?, ¿Quién es ese?, ¿Por qué te pones eso?, ¿No te gusto?, ¿de quién es ese reloj?, ¿Por qué has llegado tan tarde?, ¿Por qué te vas tan pronto?... Poco después llegan las exigencias, luego las órdenes, después críticas, algún que otro insulto, malas caras, miradas de odio.

A la siguiente semana Julio se muestra molesto, enfadado, y rompe un altavoz bluetooh del móvil contra el suelo, y es raro porque le mola mucho la música Trap. La semana siguiente pide perdón… te quiero mucho, no puedo vivir sin ti, eres el amor de mi vida…bla, bla, bla… pero de momento se vuelve todo amor, incluida una caja de bombones.

Julio no descansa y vuelve a someter a Elena a otro nuevo interrogatorio. Quiere y exige las contraseñas. Facebook, Instagram, correo electrónico, etc. Julio investiga a sus contactos, amenaza a amigos de ella, queda con algunos para marear aún más la situación. Julio golpea a una antigua expareja de Elena. Julio dice que matará a quien se le acerque. Luego llora, dice que se va a matar, que se tira a las vías del tren, dice que su vida es una mierda, y Elena vuelve a amar al joven. ¿Lástima?, ¿Pena?, ¿amor?...

Elena se pone una fuerte armadura y un fuerte escudo para aguantarlo todo. Está al límite, pero le quiere.

Con armadura o sin ella, la situación estresante se complica cada vez más y Elena se pregunta… ¿Dónde está ese chico tan alegre que me gustaba? Se queda en casa varios días sin salir. Julio la espera en la puerta, él la amenaza gritando, llora, luego suplica… Su padre sale para alejarlo del portal pero lo amenaza, llama a la policía y él se escapa. Aparece el uniformado y pregunta: ¿Quieres presentar denuncia?... No. La respuesta es no. “Es un amigo, lo arreglaré”

Elena sigue con una armadura a cuestas. Sigue protegiéndose de todo, no quiere saber nada más de él. Algo que parecía de película se convierte en una pesadilla. Aparece el miedo constante. No se puede quitar esa armadura. Él sigue por allí, su barrio es como la cocina del infierno y Elena no sabe qué hacer. Sus ojos están por todas partes y la obsesión de este chico se hace cada vez más fuerte…

Llevar esa armadura a cuestas es no tener libertad. Es no tener paz, es no poseer tranquilidad.

No consientas el control psicológico total de nadie.

Si algo no te parece bien dilo desde el principio. Tú opinión tiene que ser respetada.

Si algo no marcha bien, eres libre de cortar la relación. Antes de hacerlo, coméntalo a tus padres y amigos.

Si observas que la obsesión es persistente e ilógica, llama al 112 para que quede constancia de tu llamada y denuncia. La incomprensión y la amenaza no deben de aguantarse.

*Oficial de Policía Local y Grupo EmeDdona.