15 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Las mujeres de Puzol en la guerra de Corea

En 1950 un ejército de la ONU intentaba detener el avance de Corea del Norte sobre su vecino. Las minas antitanque construidas en una localidad valenciana fueron clave en aquella guerra

| Juanjo Crespo * Edición Valencia

Acabada la II Guerra Mundial en 1945 Corea quedó dividida en dos países por el paralelo 38. Al norte, la Corea comunista, y al sur, la Corea controlada por los EEUU y mirando con miedo a su hermano “de arriba”.

Corea del Sur tenía motivos para temer a Corea del Norte: la República Popular China les alimentaba de armamento y asesores militares, y además colaboraba con ellos en la desestabilización del sur buscando revueltas internas que facilitaran una invasión.

Ese día llegó. El 25 de junio de 1950 un ejército de más de 100.000 soldados de Corea del Norte cruzó el paralelo 38 invadiendo Corea del Sur. Las fuerzas defensoras –apoyadas por EEUU- apenas pudieron frenar el avance comunista y a punto estuvieron de acabar todos en el Mar del Japón.

El 5 de agosto de 1950, el frente quedó estabilizado y el gobierno del sur apenas consiguió mantener un pedazo de terreno en la región de Taegu.

Corea del Sur lanzó una petición de ayuda urgente y Naciones Unidas reclutó y proyectó hasta la Península de Corea una fuerza multinacional de paz para restablecer la soberanía del sur.

Son varios los países que formaron parte de ese ejército de cascos azules, además de EEUU claro: Reino Unido, Australia, Bélgica, Canadá, Colombia, Francia, Filipinas… España también quiso unirse a esta “nueva guerra contra el comunismo”, pero los españoles no fueron aceptados por un simple e incontestable motivo: aún no éramos miembros de Naciones Unidas.

Al principio de la guerra, el jefe de ese contingente de la ONU era Mc Arthur, el gran héroe estadounidense de los combates en el Pacífico durante la II Guerra Mundial. Este general que, conocía el terreno y el enemigo, temía a un arma a la que ya se había enfrentado años atrás: el tanque de fabricación soviética T-34/85.

El riesgo al que se enfrentaban las tropas de Mc Arthur al lanzarse en una rápida ofensiva contra el Norte era dejar desprotegidos los flancos de las columnas de avance, y era -en ese momento y en esa situación- cuando los tanques T-34/85 del ejército comunista eran mortíferos en sus contra ataques.

¿Cómo frenar a esas “latas de caviar” como les llamaban a los T-34/85 los soldados estadounidenses por su parecido con los envases de comida? Con aviación era difícil por la poca puntería en vuelo de los aviones, y la artillería tampoco era muy efectiva debido a que los tanques eran más rápidos que los cañones.

La única manera que tenía Mc Arthur de asegurarse que sus tropas podían avanzar sin miedo a los contraataques era protegerse sembrando sus flancos con minas antitanque conforme avanzaba. Las fuerzas multinacionales necesitaban miles de minas y sacaron a concurso público varios contratos para abastecer de estas armas al ejército de la ONU.

Y sí, entonces sí que España puso su granito de arena en esta guerra: una de las empresas que optó a fabricar minas antitanque fue COINTRA que operaba en la localidad valenciana de Puzol y que montó su cadena de producción en los antiguos polvorines de RIOTINTO en la zona de “La Costera”.

Varios cientos de mujeres trabajadoras de la naranja fueron empleadas en esta fábrica de minas antitanque. Cambiaron los aperos de la agricultura por los explosivos y cambiaron los almacenes de fruta por las naves de ensamblaje.

La ONU consiguió devolver al “ejército rojo” al paralelo 38 y se restableció el statu quo que aún dura hasta nuestros días. La guerra terminó el 27 de julio de 1953 y dos años y medio después, el 14 de diciembre de 1955, España ingresó como miembro de las Naciones Unidas.

Los veteranos de la ONU en aquella guerra recibieron la “Medalla de Naciones Unidas en Corea”, y como ya imagináis, ninguna mujer de las que ensamblaron minas antitanque en Puzol fue distinguida con ningún galardón o placa.

Siempre se ha dicho y escrito que las primeras mujeres “Cascos Azules” que tuvo España fueron las sanitarias que desplegaron en Bosnia-Herzegovina en 1993. Seguramente sea así de manera formal, pero yo creo que aquellas mujeres que dejaron a principios de los años 50 sus naranjos para armar minas en un pueblo de Valencia se merecen no quedar olvidadas por la Historia.

Ni lucieron la boina azul de la ONU ni medalla alguna adornó su pecho. Su mejor arma fue la sonrisa.

Que nunca os la quite nadie, y feliz “Día Internacional de la Mujer”.

 *Experto en Seguridad  y Geoestrategia.