| 20 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Cambio de chaqueta

No son infrecuentes los cambios ideológicos o de partido. El líder de Unió Valenciana, Juan Oliver, decía que él había cambiado de organización, pero manteniendo los mismos principios.

| Javier Paniagua Edición Valencia

Pasó del Partido Liberal a UCD, UV, CDS y PP: era como ir en un mismo autobús, pero cambiando de asiento. También pasa entre los partidos de izquierdas, los traspasos entre el PCE al PSOE, o el de estos a Podemos. Durante la Transición, y posteriormente, los cambios dentro de un mismo paradigma ideológico fueron frecuentes, pero no tanto los realizados entre formaciones distintas, sino antagónicas si competitivas.

No resulta fácil destacar un cambio del PSOE al PP o viceversa. Recuerdo el del vasco Damborenea, dirigente del PSOE- PSE y enfrascado en la guerra de los GALs, apoyando a Aznar en su campaña electoral de 1996, o el más comprensible de Fernández Ordoñez de la UCD, con su formación socialdemócrata, al PSOE. O el caso de Dionisio Ridruejo del franquismo a la socialdemocracia. Pero pocos más. Sin embargo, en Francia o Italia, por lo que sabemos, los casos son más numerosos; dirigentes que pasaron del socialismo o comunismo al fascismo o la extrema derecha francesa y al contrario. También Churchill primero en el partido liberal después dirigió el conservador.

Los tránsfugas que apoyan una moción de censura pueden ser enclavados en este ámbito de cambios radicales de posiciones políticas, como el ocurrido en Benidorm en 1991 de una concejala socialista para darle la alcaldía a Zaplana. Otro tema más común es el de los que abandonan un partido y votan en sentido contrario por razones varias de disentimiento o desilusión con el que se habían identificado, pero en general no hacen público su cambio y mantienen su voto en secreto. Y es en esos cambios donde se producen las alteraciones de mayorías en los Parlamentos y las especulaciones teóricas académicas sobre por qué se vota lo que se vota (voto racional, sentimental, de reprobación, de agravio…)

Ya Dante en su Divina Comedia colocaba en el Infierno a Boca degli Abaati de Florencia que traicionó a los güelfos para pasarse a los gibelinos en la batalla de Montaperti de 1260, entre otros famosos traidores de la Historia. Es el caso de Oscar Pérez Solís, el capitán de Artillería que abandonó el Ejército, se hizo anarquista, se afilió al PSOE, defendió las tesis del nacionalismo socialista catalán para fundar el PCE y ser su secretario general hasta que después de estar preso durante la Dictadura de Primo de Rivera abrazó el catolicismo gracias a la intercesión del cura Gafo, y acabó defendiendo el sitio de Oviedo al lado de las tropas franquistas como falangista para terminar en un convento como clérigo.

La literatura da también cuenta de personajes que cambian para adaptarse a las circunstancias mayoritarias como el personaje de la novela de Alberto Moravia que sin ninguna opción determinada se convierte en un fascista italiano para colaborar con las autoridades de su época. Algo parecido ocurrió con Nicola Bombaccí que contribuyó a fundar el PCI y acabó con Mussolini, y con el teórico del sindicalismo revolucionario Arturo Labriola que acabó defendiendo el régimen fascista. Sin especificar personalidades hubo cristianos medievales que se convirtieron en musulmanes y viceversa, Y en ello hay una mezcla de interés, de oportunismo, y de convencimiento difícil de evaluar.

Ahora, precisamente, se dan casos parecidos con la revitalización del nacionalismo. Con los sucesos de Cataluña; aparecen gentes o personalidades ya caducas que no se habían caracterizado por una defensa del nacionalismo catalanista, valencianista o de la plurinacionalidad más allá de las posiciones de Unió Valenciana, del regionalismo del PP o del moderado nacionalismo del PSOE, convertidos de la noche a la mañana en defensores de la “patria valenciana” con lazos con Cataluña, como si siempre hubiesen defendido esas posiciones. Incluso comparando la democracia española a la de Turquía (será por el trato a los kurdos), despreciando a aquellos que no sienten ni se identifican con la historia nacional del País Valencia y abogan por una Confederación española sin tener claro los conceptos entre federalismo y confederación