| 17 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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La prepotencia que nos gobierna: el drama de la cuidadora de una colonia felina

Además de una multa de ni más ni menos que 1.500 euros, dejan sin efectividad su carnet de cuidadora felina, lo que le impide suministrar comida y agua

| Raquel Aguilar Edición Valencia

 

Dolores es una mujer de 72 años que lleva 35 años cuidando de los gatos que viven en la calle. Se ocupa de varias colonias felinas, en Valencia y en Llíria (municipio de la provincia de Valencia).

Cuidar de las colonias implica ponerles pienso seco para que tengan siempre comida disponible, agua, detectar si están enfermos y en ese caso capturarlos y llevarlos a una clínica veterinaria, esterilizarlos...y sufrir. Sufrir mucho. Porque cuando aquellos a quienes cuidas con tanto sacrificio y cariño sabes que son extremadamente vulnerables, vives con el corazón encogido.

En el caso de Dolores hay que añadir a ese sufrimiento el acoso al que es sometida por parte de unos vecinos desde que su marido falleció en plena pandemia.

La insultan, la amenazan y lo que es peor, ha encontrado en su parcela gatos apaleados. Algunos muertos ya y otros que ha tenido que llevar a eutanasiar para no prolongar un sufrimiento que sólo tenía un posible final, la muerte.

Dolores tiene carnet emitido por el ayuntamiento de Llíria que la autoriza a suministrar alimento y cuidar de los gatos de la colonia que vive próxima a su parcela. Y así lo lleva haciendo durante años, pese a que tras la muerte de su marido necesita que alguien la acerque hasta ésta, su parcela de segunda residencia. Es en el jardín de la misma donde tiene los dispensadores de agua y pienso con capacidad suficiente para varios días, para que no molesten a nadie y los animales puedan comer tranquilos, sin que nadie les moleste.

Pues bien, no siendo suficiente el acoso de los vecinos, el ayuntamiento de Llíria se ensaña ahora con Dolores.

En un escrito publicado en el BOE, le dice algunas cosas muy interesantes.

Como que según la ley de Protección Animal de la Comunidad Valenciana está prohibido abandonar a los animales, no suministrarles el alimento suficiente para su correcto desarrollo, mantenerlos en condiciones e instalaciones indebidas y tener animales donde no se les puede atender y vigilar de forma adecuada. Además, el ayuntamiento puede decomisar a los animales que presenten síntomas de haber sido maltratados, estén desnutridos o se encuentren en instalaciones indebidas.

Y concluye imputando a Dolores de:

“Tenencia de una colonia felina con un excesivo número de gatos (52 ejemplares)”.

Como si los gatos perteneciesen a las personas que cuidan de las colonias. ¿Todavía no saben en el ayuntamiento que los animales que habitan en sus calles son del municipio?

 

La colonia felina no está controlada al no residir la persona en la vivienda, ya que tiene su domicilio en Valencia, acudiendo solo un par de veces por semana para darles el alimento y cambiar el agua, no poseyendo vehículo propio y necesitando que la lleve otra persona (…)”

Volvemos a la cuestión anterior: los gatos no viven en una casa, viven en la calle. Otra cuestión es que se acerquen al punto de alimentación, como es normal.

Por otra parte, ¿es delito no tener vehículo propio? Cuando el ayuntamiento otorgó a Dolores el carnet de cuidadora, ¿lo condicionó a que debía con ello adquirir el compromiso de todos los días ir a poner agua y comida? ¿Se ha ocupado entonces el ayuntamiento de alimentar a esos gatos los días que Dolores no acude a la parcela? ¿Va entonces el ayuntamiento a perseguir también a quienes, sí siendo propietarios de perros, los tienen solos durante toda la semana en chalés y parcelas, acudiendo sólo una vez a la semana, como mucho, a alimentarlos y comprobar que están bien?

 

Además de una multa de ni más ni menos que 1.500 euros, el escrito le indica a Dolores que deja sin efectividad el carnet de cuidadora felina, que no puede suministrar comida ni agua a los animales que conforman la colonia felina, sancionándola si lo hace, además de indicar que Dolores no puede tener animales y debe dejar entrar a su parcela a quien contrate el ayuntamiento para capturar los gatos que en ella se encuentren en ese momento para, no sabemos qué hacer con ellos.

 

La verdad es que tengo muchas ganas de poder sentarme con el alcalde y la concejala de “Urbanizaciones, Residuos Sólidos Urbanos y Bienestar Animal” (que popurrí más coherente, sobre todo, si tratas a los gatos y quienes cuidan de ellos como si fuesen basura), que resuelven y firman el escrito, para explicarles que se van a tener que multar ellos mismos, porque parece que todavía no saben qué es una colonia felina.

 

Tengo ganas de decirles, porque parece que todavía no lo saben, que esos gatos, son propiedad del municipio y Dolores sólo suple la falta de cuidados del ayuntamiento, al ser ella quien proporciona el alimento suficiente para su desarrollo y ser ella quien vela por sus adecuadas condiciones higiénico sanitarias.

 

Sinceramente, resulta curioso, por decirlo de alguna manera, que un ayuntamiento se posicione a favor de quien acosa a una de sus voluntarias, en lugar de valorar y agradecer su trabajo altruista.

 

Y por qué, en lugar de perseguir a Dolores, no acorralan a quiénes han ejecutado a los gatos de la colonia de Dolores y  a aquellos que sí tienen a sus animales desatendidos y maltratados.

 

Desgraciadamente, cada día me enfrento a situaciones en que algunas personas que están al cargo de las administraciones, en lugar de entender que trabajan para ofrecer un servicio público, ejercen acoso sobre la ciudadanía como si estuviesen en la edad media y creyesen que son señores feudales. Pero lo que le están haciendo a Dolores, no tiene nombre. Es un notorio ejemplo de la prepotencia que nos gobierna.

 

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia