| 25 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Cerdo muerto en una granja familiar
Cerdo muerto en una granja familiar

Cinismo léxico: en las granjas no se maltrata animales

El hecho de que la situación de los animales fuese el foco de debate en unas elecciones es algo con lo que muchas personas soñamos pero, desgraciadamente, este no es el caso

| Raquel Aguilar Edición Valencia

Con motivo de las próximas elecciones en Castilla y León, sigue todavía estos días en los medios la polémica dicotómica macro granjas-ganadería extensiva, habiéndose convertido este asunto en un eje de peso en la campaña electoral.

 

La verdad es que, el hecho de que la situación de los animales fuese el foco de debate en unas elecciones es algo con que muchas personas soñamos pero, desgraciadamente, este no es el caso.

 

Y no lo es porque no se está hablando de los animales. No se habla de sus intereses. Nuevamente, centra el discurso un enfoque antropocentrista y vergonzosamente partidista.

 

Yo no voy a hablar de la diferencia entre ambos modelos de negocio. Creo que es sobradamente conocida y cualquiera que lo necesite, asomándose a las redes va a poder informarse.

 

Yo me voy a centrar en los verdaderos, involuntarios e invisibilizados protagonistas de este debate. Los animales no humanos. Los millones de cerdos, vacas, gallinas, pavos, ovejas y otros animales que en este momento malviven en las micro o macro granjas de nuestro país.

 

Porque, aunque fruto de este cinismo léxico en que vivimos, donde se disfrazan los hechos de términos que distorsionan la percepción de la realidad, muchos se apresuran a afirmar con contundencia que en las macro granjas no se maltrata a los animales, la realidad es que, en cualquier granja, grande o pequeña, los animales tienen una vida de miseria que ni tu ni yo querríamos experimentar.

 

Cuando nos cuentan que en las granjas no se maltrata a los animales, en realidad nos están diciendo que en las granjas se cumple la ley (y aquí debo matizar que, como imaginarás, no todas lo hacen, y una prueba de ello son las ocasiones en que salen a la luz las barbaridades que ignoran hasta la legalidad). Si de verdad no se maltratase a los animales, ¿por qué es tan complicado traspasar sus opacos muros? Seguramente, porque lo que allí ocurre sería desaprobado por la mayoría de la sociedad.

 

Esta ley (y cuando hablo de ley, me refiero a la legislación que atañe a la “producción animal”) permite que los animales no vean la luz del sol más que cuando van de camino al matadero, que que no puedan establecer relaciones afectivas con sus iguales, que a las madres les arrebaten a sus hijos al poco de nacer, que vivan hacinados, que se les castre o corte el rabo sin anestesia,  que se les fuerce a comer hasta que su hígado enferme, que se les triture vivos, se les trasporte a miles de kilómetros hacinados durante semanas en bodegas de barcos,...sólo por citar unos ejemplos. Y cabe recordar que los animales, estando sanos y algunos incluso con sólo unos pocos días de vida, terminan siendo ejecutados, en ocasiones, sin siquiera haberles dejado inconscientes previamente.

 

Así que nadie puede negar que, aunque se cumpla la ley, esa ley que es un claro ejemplo de despotismo ilustrado hacia los animales (todo para los animales pero sin contar con ellos), y que ampara que dentro de la industria ganadera no te puedan acusar de cometer un delito de maltrato animal, si consideramos los intereses de los animales y no los de quienes hacen negocio de su cautiverio y muerte, todos los animales son maltratados en las granjas.

Porque, según la RAE el significado de maltratar (independientemente de a quiénes y de cómo la ley te permita hacerlo) es “Tratar con crueldad, dureza y desconsideración a una persona o a un animal, o no darle los cuidados que necesita” y, evidentemente, las granjas son negocios que se basan en un trato cruel, duro y desconsiderado hacia los animales, tanto, que se les priva de la libertad, se les impide comportarse con naturalidad, generar y mantener lazos afectivos y para acabar, se les priva de lo único y más preciado que tienen, su propia vida.

 

Nuevamente, el cinismo léxico se utiliza para ocultar realidades, generar una imagen distorsionada en el imaginario colectivo y tranquilizar conciencias. Cualquiera sabe que lo que no se ve, no existe. Pero esta cruel realidad sí existe. Y afecta a miles de millones de animales. No te dejes engañar.