23 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Temblor en la granja. (Versión coral del bestiario gubernamental)

Nuestro Napoleón, anda de aquí para allá, restando días o sumando millas aéreas, mientras ingenia con su oráculo el siguiente resbalón: filtrar, para no desmentir después, una crisis.

| José María Lozano Edición Valencia

Han logrado desconcertarme. Es como volver a la casilla de salida. Volver a empezar. El día de la marmota. O, torna li la trompa al xic. Porque lo cierto es que muchos de los animalitos que ya he repasado en estas páginas exigen nueva cita. Todos en general, porque andan alborotados, tras el reparto de chinchetas que el Presidente del Gobierno ha mandado esparcir discretamente en los sillones ministeriales.

El bueno de George Orwell, tan leído en mi juventud antifranquista, por el asunto de su acerada e innovadora crítica vertida en su novela 1984 (El Gran Hermano y la policía del pensamiento), como en la más inteligente todavía Rebelión en la Granja, que -particularmente- me permitió entender lo abyectos que resultan los autoritarismos y lo repugnantes que se me hacen los dictadores y los aspirantes a serlo. Ambas obras han venido a colación recientemente en la escena política española
que protagonizan los nombres de los que, lamentablemente, vuelvo a ocuparme.

Han salido en tromba estas bestias gubernamentales, como en la granja orwelliana lo hicieran sus leales al pitido de Napoleón

No me acaba de cuadrar la analogía, más allá de la evidente similitud de Napoleón y Sánchez, de la evolución de la granja en la que El Viejo Mayor expulsó al señor Jones hasta que el cerdo Napoleón andó bípedo y de uniforme, con la del último quinquenio español. Sé cómo terminó Orwell su distópica novela y no es, desde luego, lo que yo quiero ver aquí aunque otros lo atisben.

El Burro Benjamín -nuestros intelectuales, científicos, artistas- enmudeció al leer el mensaje definitivo “… todos los animales son iguales, aunque unos son (o somos) más iguales que los otros”, convertido en único precepto, en lema, en mantra sectario, en propaganda permanente. Ya sueña Sánchez con el banquete final con un rey rendido.

Y han salido en tromba estas bestias gubernamentales, como en la granja orwelliana lo hicieran sus leales al pitido de Napoleón para ser después repudiados. Lo del indulto natural para calentar (Campo), o como contrapeso del Estado, tamaña barbaridad (Calvo); o lo del Nelson Mandela español para salvarle el culo a Jonqueras (Ábalos), no es comparable por su gravedad con la ocurrencia de suprimir la condición de catedrático para optar al rectorado universitario (Castells), ni con el inane autoritarismo contra autonomías y ciudadanos que se pretende en materia sanitaria
(Darias), o el cuento del mimo debido a los independentistas en la futura mesa de
negociación (Díaz) que envalentona a Puigdemont. Todos a una: Sánchez, Sánchez …

De Laya me ocupé extensamente hace apenas unos días y su trayectoria posterior ha resultado  vertiginosa, hasta colocarse en esa delicada posición en la que rivaliza con Marlaska, por ser más veloz en abandonar el gobierno.

La semblanza con la novela publicada en 1950, como una parodia absolutamente crítica del régimen soviético de Stalin en la que cada personaje juega un papel orquestado y sus respectivas caricaturas ilustrativas, mueve al menos a la ironía. O al llanto. Los cerdos en el poder, las ovejas obedeciendo, los caballos produciendo, los perros controlando, y el burro, el burro Benjamín, con nombre
propio, ignorando o blanqueando.

El caos institucional que Sánchez ha creado en España resulta incomprensible para una mente ordenada

No contento con elucubrar sobre el futuro o enfangarse en el mundo rural presente, nuestro Napoleón, anda de aquí para allá, restando días o sumando millas aéreas, mientras ingenia con su oráculo el siguiente resbalón: filtrar, para no desmentir después, una crisis gubernamental. La maniobra, tan insólita como efectista, es de jugador de cartas que envida por el resto. (Mi padre sostenía que solía ser de farol). El granjero mayor, Inspector de Trabajo y de la Seguridad Social y un valenciano sensato, el de Agricultura Luis Planas, ha detectado temblor en el granja.

El caos institucional que Sánchez ha creado en España como colofón de una gestión errática y una conducta indecente, resulta incomprensible para una mente ordenada. Su fantasía final no puede ser otra que el absolutismo definitivo con el que Orwell concluyó su novela. Y eso, España no puede permitirlo.