| 20 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Bienvenidos al ´salvaje oeste´ : la ejecución de las cotorras

El jueves me enviaron un vídeo terrible. Este vídeo ha corrido como la pólvora por las redes sociales, ha sido noticia en prensa y ha causado una tremenda indignación a miles de personas

| Raquel Aguilar Edición Valencia

 

En él aparecían, dentro de un parque urbano, un par de individuos con armas de fuego mientras en el suelo yacían decenas de cotorras que habían sido ejecutadas a tiros.

Estos pistoleros no estaban en el parque por ocio. A estos verdugos los ha contratado el ayuntamiento de Madrid, para ejecutar a las familias de cotorras que coexisten con el resto de habitantes de la ciudad. Y lo ha hecho por la friolera de dos millones de euros.

Las primeras cotorras en libertad se detectaron en Madrid en 1985. Su origen, se había n escapado porque alguien que las tenía en cautividad.

Y esto visibiliza de nuevo el gran problema que supone comerciar con las vidas de los animales considerados “de compañía”. Los capturamos, los privamos de libertad, los obligamos a reproducirse, rompemos sus núcleos familiares separándoles de los suyos cuando los vendemos y los dejamos expuestos a una vida de miseria que en muchísimos casos termina con su abandono.

Las cotorras son un claro ejemplo de ello.

Y de cómo las administraciones carecen de empatía y con los animales todo se resuelve matando.

Cuando se trata de perros y gatos, contratando a perreras que ejecutan a los que han sido abandonados y no reclamados por nadie.

En el caso de las cotorras, están también siendo exterminadas en Madrid, en este caso a tiros.

No hay voluntad de trabajar por una convivencia en que todos los que habitamos las ciudades, humanos o no, lo hagamos en armonía y de forma respetuosa.

Y no hay excusa para lo contrario.

Hace unos meses, esperando el autobús frente a un parque, escuché cómo una cotorra gritaba irritada. No he convivido nunca con ninguna de ellas, ni me hace falta para detectar cuándo un animal está expresando alerta.

Tras localizarla, vi que revoloteaba sobre el mismo sitio a la par que seguía carreteando. Enseguida pensé que algo le pasaba y en unos segundos, vi bajar una rata por el tronco del árbol. Imagino que la estaba espantando para que se alejase de su nido.

Y es que las cotorras, como cualquier otro animal, son seres sociales que se preocupan por sus familias, sufren cuando sienten que están en peligro y muestran felicidad cuando están todos sus integrantes bien.

Y esa capacidad de sentir y sufrir, les hace iguales a las personas debiendo ser ese motivo más que suficiente para ser respetadas.

No es éticamente aceptable matar animales que, como tú y como yo, sólo quieren disfrutar de lo más valioso que tienen, la vida. Especialmente, cuando el ayuntamiento de Madrid tiene sobre la mesa alternativas que no implican la muerte de los animales.

Tampoco lo es desde el punto de vista de gestión del dinero público.

Matar individuos es un parche muy caro y que a largo plazo reproduce el supuesto problema. Sólo con que algunos ejemplares sobrevivan (y lo van a hacer) en unos años se replicará la situación. Porque esos animales, como es natural, van a reproducirse, así que habrá dentro de un tiempo que invertir de nuevo cientos de miles de euros públicos en esta cuestión.

Ya desde un punto de vista especista y aun asumiendo el desprecio absoluto por la vida de esas preciosas aves, ¿qué supone liarse a tiros en un parque? Que esos disparos impacten en otros individuos a los que no estaba previsto ejecutar, pudiendo ser incluso alguno de ellos humanos.

Se mire por donde se mire, esta ha sido una de las intervenciones relacionadas con animales más nefastas llevadas a cabo recientemente por un organismo público, que afecta a miles de animales en una única ciudad, animales con los que además muchas personas conviven y con los que la sociedad, en su imaginario colectivo, ha establecido unos lazos de empatía y simpatía importantes.

A esto habría que añadir preguntarse por qué comienza este exterminio en el barrio de Salamanca cuando otros, como el barrio de Carabanchel tiene hasta 10 veces más cotorras. Y el inicio en Salamanca tampoco responde a la necesidad de comenzar eliminando núcleos menores porque hay barrios con menos cotorras que Salamanca.

No sé con qué frecuencia el alcalde de Madrid, si lo hace, se reúne con sus análogos del resto de capitales europeas, pero imagino que no se le ocurrirá contar cómo ha gestionado la presencia de cotorras, porque estoy segura que sabe que no es ético ni precisamente algo de lo que enorgullecerse despreciar de esa forma la vida de los animales, enviando a los parques individuos armados para que se deshagan de ellas y que esta imagen va a repercutir muy negativamente en la imagen que Madrid proyecta al exterior.

Desgraciadamente volvemos a encontrarnos con un ejemplo de cómo en este país quienes nos gobiernan no están a la altura de las demandas sociales. Lo demuestran cada día.

Y por mucho que se ocupen de intentar transmitir lo contrario con mensajes producto de un marketing torticero, Madrid no es un ejemplo de ciudad moderna, sofisticada, ni respetuosa. Madrid se parece más al “salvaje oeste”, donde el sheriff envía a pistoleros para que, a tiros, resuelvan los problemas.