| 25 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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7 pueblos de los Pirineos para hacer una escapadita esta Semana Santa

Tranquilidad, paisajes de ensueño, actividades al aire libre, cultura y gastronomía. ¿Alguien da más?

| E.V. Viajes/Ecología

Visitar cualquier punto de los Pirineos es vivir una experiencia única. Nuestra cordillera más emblemática está llena de rincones llenos de encanto en los que es imposible no desconectar del estrés de las grandes ciudades. Cualquiera de ellos se merece una visita sosegada para disfrutar de sus paisajes y su gastronomía, pero nosotros hemos seleccionado siete, en distintos puntos de los Pirineos, para que elijas el que más te apetezca.

 

1. Vielha (Lleida)

Capital del Valle de Arán y situada a casi 1.000 metros de altitud, está población de unos cuatro mil habitantes, es de las que no puedes perderte si lo que buscas es vivir la auténtica esencia pirenaica. Además de sacarle mucho partido a todas las posibilidades que te ofrece el entorno ( senderismo, deportes de montaña y una gastronomía estupenda), también podrás disfrutar de la confluencia del río Garona con el Nere.

 

2. Etxalar (Navarra)

Es uno de los municipio que conforman la comarca de las Cinco Villas de la Montaña de Navarra, todas ellas enclavadas en los dos márgenes del río Bidasoa. Cuenta con una arquitectura que no te dejará indiferente ya que está lleno de casonas típicas de la zona perfectamente conservadas.

 

3. Alquézar (Aragón)

En el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, a 48 kms de la ciudad de Huesca y a 660 m de altitud sobre una de las sierras paralelas al Pirineo, nos encontramos con la villa medieval de Alquézar. Su Colegiata fue declarada Monumento Nacional en 1931, y la arquitectura y el trazado medieval de su casco urbano es Conjunto Histórico Artístico desde 1982. Su situación, a orillas del rio Vero, es ideal para practicar barranquismo,  espeleología y senderismo; además, todo el entorno está considerado uno de los paraísos ornitológicos ya que cuenta con numerosos miradores desde los que poder observar o fotografiar el vuelo de los pájaros

 

4. Bielsa (Huesca)

Dentro de lo que se considera el Pirineo Aragonés, al norte de la comarca del Sobrarbe y enclavado en la confluencia de los ríos Cinca y Barrosa, bajo la peña de Pennareto, encontrarás este precioso pueblo rodeado de montañas y bosques del que seguro que te vas a enamorar. Aunque su casco urbano fue reconstruido después de la guerra civil, todavía conserva el edificio del Ayuntamiento, del siglo XVI y estilo renacentista.

 

5. Lesaka (Navarra)

Otro de los puntos más bellos del Pirineo navarro es la localidad de Lesaka, también perteneciente a la comarca de las Cinco Villas de la Montaña. Si lo que buscas es paisaje, no te defraudará porque son múltiples los arroyos que cruzan la población bajo una veintena de puentes que unen las orillas creando un paisaje urbano fuera de lo común. Si también te interesa el turismo cultural, no dejes de visitar la Torre Zabaleta de época medieval  aunque que fue reconstruida por Ochoa López de Zabaleta hacia 1450; la Casa de Minyurinea, del siglo XV; la Iglesia de San Martín de Tours, con planta de cruz latina,  bóveda de crucería estrellada y un retablo rococó, y el convento de carmelitas del siglo XVIII, construido gracias a las aportaciones de un indiano.

 

6. Taüll (Lleida)

El valle de Boí es un lugar imprescindible para todo aquel que visita al Pirineo leridano y, dentro de él, Taüll es parada obligatoria. Su término municipal se encuentra dentro de los límites del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, así que el entorno natural privilegiado está asegurado. Si eres amante del románico, lo pasarás muy bien visitando las iglesias románicas del siglo XII de Santa María y de Sant Climent, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 

7. Tella (Huesca)

Situado en  una cumbre sobre el valle de Bielsa, a 1380 m de altura, este pueblo está protegida por una muralla calcárea en el Pirineo Aragonés, cerca del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Toda esta zona está llena de tradiciones relacionadas con la brujería ya que se supone que durante décadas se celebraban aquelarres en los bosques y en algunos lugares muy concretos como el Puntón de las Brujas, a cuyos pies se levanta la ermita de San Juan y San Pablo o, seguramente también, junto al dolmen de Tella, que data del neolítico aunque no fue catalogado como tal hasta la década de los años 50 del siglo XX. Si te animas a visitar este lugar, no dejes de hacer la Ruta de las Tres Ermitas ni de darte una vuelta por el Museo de la Bruja.