17 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Antonio R. Naranjo

    El Gran Carnaval

    Como en la película de Billy Wilder, la política española es un carnaval solemne, cómico y trágico a partes iguales. Y así es esta bitácora de un analista perplejo que cada día lo observa todo en ESdiario y Herrera en Cope.

A propósito de Ramón Espinar

Ramón Espinar durante su comparecencia.

Ramón Espinar durante su comparecencia.

El senador de Podemos ha querido explicarse y se ha enredado más porque pudo renunciar a la ganancia obtenida por la venta de la vivienda protegida y en lugar de eso prefirió especular.

El portavoz de Podemos en el Senado y aspirante a dirigir el partido en la Comunidad de Madrid, Ramón Espinar, hombre próximo a Pablo Iglesias y muy conocido por su contundencia verbal; compró una vivienda de protección social y dos plazas de aparcamiento hace seis años; todo ello construido por Vitra, la célebre promotora vinculada al sindicato CC.OO.

Pocos meses después, y sin llegar a ocuparla, vendió todas sus propiedades, obtenidas sin concurso ni sorteo por decisión arbitraria del constructor, obteniendo una ganancia bruta de 30.000 euros.

Estos son los hechos, tal y como los ha contado la Cadena Ser, la radio de Prisa, el grupo editorial que de un tiempo para acá se ha significado, efectivamente, por una oposición pública y argumentada a un Gobierno encabezado por Pedro Sánchez que sólo hubiera sido posible si, además de Podemos, se hubieran sumado ERC, la antigua Convergencia y el PNV o en su defecto Bildu y Coalición Canaria.

Las explicaciones ofrecidas por Espinar, hijo de un antiguo dirigente socialista procesado por el uso de las black card  y enjuiciado en estos momentos, han sido las siguientes: que vendió porque no podía pagar las letras con un sueldo de becario inferior a los 500 euros y que lo hizo ateniéndose a la ley y por el precio que marcaba ésta.

Hasta aquí los hechos, tal y como unos y otros los han contado. A partir de aquí comienzan, sin embargo, las preguntas, las respuestas, las lagunas, las inexactitudes y, directamente, las falsedades. Todo ello junto permite alcanzar una conclusión que ya de antemano expongo. Espinar no ha dicho la verdad, o al menos toda la verdad.

Lo que ha presentado como una consecuencia inevitable de su situación económica no es cierto. Tenía otras opciones que le hubieran permitido cumplir con lo que él mismo ha afirmado en incontables y solemnes ocasiones: la vivienda pública no está para especular, sino para atender necesidades vitales. Sin embargo, él lo hizo, y en contra de lo que afirma, lo hizo muy probablemente de una manera calculada, premeditada y nada improvisada: no es osado decir que, de hecho, ése era su fin –o el de alguien de su entorno- cuando hizo la operación.

El siguiente análisis está sustentado en la propia ley, en los hechos narrados por el protagonista, en las informaciones de la Cadena SER, en preguntas que Espinar no ha querido responder o no le han formulado y en la opinión especializada de expertos en el sector, con lustros a sus espaldas de experiencia en el desarrollo de vivienda social en la Comunidad de Madrid. 

1.- Espinar ganó dinero a sabiendas porque no quiso renunciar a la plusvalía.

El senador de Podemos ha alegado que la diferencia entre lo que pagó por las propiedades y el importe de venta obedece al cambio al alza de la tarifa de módulos de la vivienda protegida en la Comunidad de Madrid. Es decir, este tipo de propiedades se comercializan a unos precios fijados por la Administración que, generalmente por presiones de las promotoras que buscan una mayor rentabilidad, pueden revisarse al alza.

Eso es lo que ocurrió con el apartamento y las plazas de parking en Alcobendas adjudicados a Espinar: efectivamente, el precio máximo era mayor cuando quiso vender que cuando compró. Pero es falso que tuviera obligación alguna de respetarlo: eso sólo existe para los precios máximos, no para los mínimos. En otras palabras, si Espinar de verdad no podía pagar lo que compró y no quería especular con ello, podía haberlo vendido sin ningún problema por lo que le costó a él. Es falso, pues, que no le quedara más remedio que quedarse con una plusvalía de entre 20.000 y 30.000 euros: la tuvo porque quiso tenerla.

2.- ¿Por qué compró Espinar si ya tenía el modesto sueldo que luego le llevó a vender?

Espinar ha alegado que renunció a las propiedades porque, a sus 23 años, sólo tenía algo menos de 500 euros de ingresos mensuales por una beca. Cuando firmó el contrato de compra, no tenía una remuneración mayor: a lo sumo la misma. Esto es, ya sabía de qué dinero disponía cada mes y sin embargo firmó una hipoteca que en esas condiciones ningún banco concede… salvo que esté avalada por alguien con más recursos.

Aunque es imposible ser categórico en este punto, todo indica que no fueron los ingresos lo que determinó la venta posterior porque tampoco fueron determinantes en la compra previa: Espinar se metió en la operación a sabiendas de su situación laboral e incluso llegó a escriturar las propiedades, algo imprescindible para revender posteriormente y sacar un beneficio.

Si hubiera cometido un error de apreciación sobre su capacidad económica para pagar cada mes la hipoteca o si, simplemente, una vez adjudicada la vivienda su situación hubiese cambiado a peor y quisiera haber soltado lastre, no necesitaba haber firmado las escrituras. Simplemente, hubiese bastado con renunciar y dejar que la propia promotora buscara otro inquilino: cuando apareciera éste, Espinar recuperaría el dinero puesto, sin plusvalía. Y esto es algo que podía haber hecho justo antes de escriturar, con independencia de los años pasados entre los pagos como cooperativista y la letra ya como propietario.

Es decir, Espinar compró porque era la única manera de poder vender con ganancias. La renuncia se las hubiera negado y su vivienda le hubiese salido más barata al nuevo propietario.

3.- ¿Por qué Espinar compró en Alcobendas si no vivía allí?

La ley permite esa posibilidad en las promociones de vivienda pública impulsadas por la Comunidad de Madrid, como era el caso. Cuando son locales, los Ayuntamientos suelen imponer una cláusula para priorizar a los vecinos del municipio que en ese caso no existía. Tenía derecho, pues, a participar en esa promoción.  Lo llamativo es que el gestor y el promotor sean, casualmente, un sindicato cuya actividad inmobiliaria estuvo tan ligada a la Caja Madrid de Blesa, Rato y Espinar senior.

Y que el lugar elegido entre todas las promociones posibles sea uno de los pocos de Madrid que ha seguido revalorizándose pese a la crisis. Alcobendas, como inversión, es inmejorable. 

4.- ¿Por qué Vitra reservó un piso a un desconocido sin concurso?

Lo  verdaderamente extraño viene de la manera en que fue seleccionado, directamente ilegal en la práctica totalidad de las promociones de vivienda social: no fue ni por sorteo entre los aspirantes ni por orden de inscripción, que son las dos maneras habituales en el sector.

Espinar fue uno de los elegidos a dedo por Vitra, una práctica que no prevé la ley y que, para el caso de Alcobendas, nadie ha explicado hasta ahora cómo y en base a qué argumento legal allí sí se aplicó. Pero hasta en el caso de que hubiese sido legal –lo cual es prácticamente imposible- que la promotora se reservara el 15% de los pisos y plazas para adjudicarlas a dedo, ¿por qué un joven de 23 años, entonces desconocido, fue uno de los privilegiados beneficiarios de esa decisión arbitraria?

Las promociones de vivienda pública se hacen a través de cooperativas, en las que se inscriben los futuros propietarios. Cuando el cupo excede del número de viviendas disponibles, se adjudican por sorteo o por orden de inscripción: es directamente ilegal reservar un cupo, pequeño o grande, para que la gestora elija al inquilino. Y también se suele evitar en el sector la reventa cuando alguien renuncia antes de escriturar, precisamente para evitar la especulación y permitir que el propietario final sea el primero en la lista de espera.

5.- ¿Por qué un soltero compra un apartamento pequeño y dos plazas de garaje?

La vivienda de Espinar, según la SER, era un apartamento de una habitación, lo que suele conocerse como un piso de soltero. Sin embargo, en la operación incluyó dos plazas de garaje y un trastero. Más parece una inversión, diversificando productos para revenderlos mejor, que una compra pensada para el uso propio. La otra opción es que el proyecto obligara a tener esos ‘extras’ en un paquete cerrado y no pudiera elegir, algo habitual en la práctica totalidad de los municipios por decisión de los ayuntamientos.

6.- ¿De dónde sacó Espinar el dinero para dar la entrada?

El propio Espinar ha explicado que recibió un préstamo de 60.000 euros de su “madre, padre y abuela”. Si es así, y dada la cuantía, ha de figurar documentalmente esa operación familiar, que tiene consecuencias fiscales para quien la concede y  para quien la recibe. Al menos hasta ahora, Espinar no ha hecho mención al asunto, aunque asegura que canceló el crédito cuando vendió las propiedades. De eso también debería haber un documento, como también del origen exacto del dinero: salvo que sus padres lo guardaran en un calcetín, el movimiento de salida de una cantidad tan importante debe haber quedado registrado en el banco de origen que de alguna manera. Espinar debería hacer público.

7.- ¿Qué es Vitra?

Es la mayor promotora de vivienda pública de España, propiedad de CC.OO. Y una de las mayores beneficiarias de operaciones crediticias de riesgo de Caja Madrid. Aquí surge el más claro nexo de unión entre el ahora senador Espinar, su padre, la Caja de Ahorros y la promotora de la vivienda y las plazas de garaje que el senador compró con el dinero de su familia, adjudicado de manera directa por Vitra.

En los tiempos en que Ramón Espinar padre formaba parte del Consejo de Administración de Caja Madrid, órgano en el que estuvo durante quince años hasta 2010, la promotora del sindicato gozó de un trato muy favorable de la entidad bancaria, bien es cierto que por el tamaño y solvencia de la gestora sindical es lógico que las cifras fueran las mayores.

La relación entre la gestora y la Caja terminó de una manera abrupta a consecuencia del rescate: la nueva Bankia de Goirigolzarri colocó en el llamando ‘Banco malo’ o Sareb los activos que mantenía con Vitra, en buen o mal estado, como todos los activos inmobiliarios de la entidad bancaria con independencia de su viabilidad.

Por este procedimiento, que también se usó con UGT aunque en menor cuantía, se calcula que el conjunto de los españoles se quedaron unos 3.200 millones de las viejas pesetas (en torno a 20 millones de euros) que Bankia colocó de operaciones de Vitra (tóxicas o no)… aprobadas, entre otros, por el padre del senador de Podemos y hoy en el banquillo por gastar casi 180.000 euros con su black card.

Su hijo compró los inmuebles en Alcobendas el mismo año en que el padre dejaría Caja Madrid, y tres antes de que la nueva dirección de Bankia tuviera que actuar para taponar la herida abierta por las operaciones de su viejo Consejo a favor de Vitra. Esto es, cuando más y mejores eran las relaciones entre todos.

Conclusiones

1.- Ramón Espinar compró varias propiedades con el dinero de su padre, a una promotora beneficiada por Caja Madrid, en un lugar donde no residía, sin ningún tipo de sorteo ni procedimiento regulado que respetara la igualdad entre todos los aspirantes… para revenderlas pocos meses después obteniendo una plusvalía a la que podía haber renunciado de una manera sencilla: simplemente vendiendo por el precio que le había costado a él.

2.- El vendedor es una promotora ligada al sindicato más beneficiado por Caja Madrid en su momento, cuando tanto con Blesa como con Rato el padre del senador era consejero de la entidad y CC.OO e IU decisivas en la toma de decisiones al carecer el PP de mayoría suficiente.

3.- Espinar pudo vender por el precio que él pagó y prefirió, sin embargo, obtener una ganancia a la que podía haber renunciado sin ningún problema: nada le obligaba a vender al máximo, una decisión personal y por tanto voluntaria.

4.- Espinar vendió, dice, porque no tenía recursos para pagar la letra, algo que ya sabía antes de escriturar. Pero escriturar era necesario para poder vender y sacar beneficio: si simplemente no podía, como tantos otros candidatos a vivienda social que se echan para atrás en el último momento, hubiese servido con renunciar a la adjudicación antes de pasar por el notario. Pero entonces hubiese perdido el negocio.

Y dudas

1.- Nadie, hasta el momento, ha mostrado el supuesto préstamo de Espinar padre a Espinar hijo, ni las liquidaciones fiscales ni las inscripciones bancarias o de cualquier tipo que demuestren la salida de dinero del emisor y su llegada al receptor.

2.- La operación más parece especulativa desde su origen que destinada a usar una vivienda. Elegir una ciudad desconocida, ser adjudicatario a dedo, no llegar a estrenarla, escriturarla en lugar de renunciar sin más, ser seleccionado arbitrariamente y finalmente revender por el precio máximo obedecen más a ese afán económico perfectamente diseñado que a la historia, muy habitual, de un chaval que se mete en un piso y luego se percata de que le viene grande el esfuerzo económico.

3.- La relación entre Vitra y el Consejo de Caja Madrid en los tiempos de Espinar padre es obvia, larga, intensa y beneficiosa para el sindicato. Que sea una de las promociones de esta marca la que eligió Espinar hijo, puede ser una casualidad. Que la entrada la dé con los recursos de su progenitor, según dice aunque aún no documenta, otra más. Y que la adjudicación le beneficie sin pasar los ‘controles’ preceptivos, otra más incluso.

Pero las tres juntas, parece demasiado. O al menos lo suficiente como para que tenga que aclararlas más y mejor que esta mañana. Esto se antoja obligatorio para cualquier cargo público, pero especialmente para uno que dice lo siguiente de la vivienda protegida:

Este análisis no sostiene la tesis de que nada de lo hecho por Espinar sea ilegal. Puede ser perfectamente legal todo y, a la vez, deplorable desde un punto de vista ético y político. Sobre todo si el baremo a aplicar es que el propio senador y su partido aplican a todo. Salvo, tal vez, a ellos mismos.

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