07 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Prolongar el confinamiento total es una medida sanitaria o un recurso político?

Pedro Sánchez, en Bruselas hace un año

Pedro Sánchez, en Bruselas hace un año

No parece tener sentido permitir ir a trabajar en el transporte público pero no pasear al aire libre. Y menos si lo decide un Gobierno que no ha acertado en prácticamente nada.

 

 

El Gobierno con mayor apoyo de la democracia, pues añade al de su socio principal el de buena parte de la oposición y del primero de sus rivales; tiene el peor de los planes para el momento más trágico de la historia reciente de España.

Nunca, desde la Guerra Civil, se había combinado de manera tan dramática un ataque a la salud pública colectiva con un hundimiento económico de tan magnitud, cuyas consecuencias conjuntas  -ya terribles- solo acaban de asomar: el balance final de los estragos, que deberá ir acompañado de una exhaustiva búsqueda de las causas y los remedios, permitirá visualizar un paisaje final aún más desolador.

 

Ante ese desafío, solo hemos visto retraso e imprevisión, con escasos aciertos y siempre a posteriori: primero se falló, por no usar otra palabra, en la prevención, haciendo que el zarpazo del coronavirus esté siendo mayor que en ningún país del mundo, por mucho que el Gobierno intente maquillar las inapelables cifras.

Después se pusieron remedios con retraso o simplemente defectuosos, lo que provoca que aún hoy, tras 40 días de confinamiento, ni los propios sanitarios dispongan de los recursos materiales imprescindibles: por eso 30.000 de ellos se han contagiado, un bochorno que no debe quedar impune.

 

 

Finalmente, se ha impuesto un ya discutible confinamiento que parece ya más una herramienta política que una respuesta sanitaria, al menos en lo relativo a los segmentos poblacionales de riesgo bajo: tiene poco sentido, por no decir ninguno, que las mismas personas que van a diario a trabajar en transporte público no puedan pasear luego al aire libre.

Y de los niños, simplemente es inadmisible que sigan encerrados cuando su tasa de contagio es casi irrelevante y el riesgo de contagio a terceros puede controlarse con zonas y parques específicos solo para ellos.

En el plano económico, la demora y la improvisación han sido igual de evidentes, por mucho que se haya acertado en la obviedad de crear un subsidio de supervivencia personal: ni hay una hija de ruta para la reactivación empresarial y del pequeño comercio, ni se conoce la dimensión del daño. Europa tiene que ayudar, por su propio interés incluso, pero confiarlo todo a la solución externa retrata la torpeza de un Ejecutivo superado que, además, no hace autocrítica sobre nada.

 

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