Mascarillas, no mordazas

Las mascarillas, nuevo complemento de nuestra existencia

Las mascarillas, nuevo complemento de nuestra existencia

Las mascarillas ejemplifican diez situaciones que han cambiado nuestra sociedad y nuestra vida

Una experiencia común a todos los ciudadanos en esta crisis es la novedad en el uso de las mascarillas. La incomodidad y el calor que nos proporcionan se unen a la falta de reconocimiento del amigo, vecino  y algún familiar, hasta el punto de que la voz viene siendo el elemento de reconocimiento más común en nuestro día a día, y a veces está un poco distorsionada por la mascarilla, lo cual dificulta más la identificación aunque como todo poco a poco iremos dominando la situación.

La mascarilla es elemento pues de nuestra vida cotidiana actual. Me sugiere a modo de paralelismo con los diez técnicos que deciden sobre nuestras vidas, y no conocemos,  diez características del elemento, según mi criterio:

MASCARILLAS, como símbolo de crisis sanitaria, y protección ante contagios.  A través de las cuales hemos recorrido el camino de la confusión desde No recomendar su uso, hasta hacerlas obligatorias en ámbitos cerrados y abiertos .

MASCARILLAS, como el recurso  escaso, que necesitan  nuestros sanitarios para su protección,  y  del que han carecido en muchos momentos. Habiendo conseguido que tengamos  las tasas más altas de contagios y mortalidad en el ámbito sanitario de Europa. Hasta 51.070 sanitarios contagiados en España, según los últimos datos  de hace varios días, que ya serán más.

MASCARILLAS,  como material defectuoso que compramos a no se sabe quién, o mejor ¿amigo de quién?,  que hubo que devolver, dejando desprotegidos a nuestros médicos y enfermeras. O el avión que quedó retenido en Turquía,  y nunca más se supo, ante la pasividad de nuestras autoridades, que han jugado con nuestras vidas y el dinero de nuestros impuestos a su antojo.

MASCARILLAS,  como símbolo de la solidaridad de empresas y personas que se transformaron en manufacturas de material sanitario, y auxiliaron como no lo hizo el gobierno a todas  los trabajadores de hospitales y residencias.

MASCARILLAS,  que nos recuerdan los miles de trabajadores que se quedaron sin trabajo, muchos en ERTEs con promesas de pronto pago que aún no se ha producido. Y tienen que vivir de la solidaridad y la caridad, casi ya tres meses, porque no tienen ingresos.  Como anécdota: algunos “afortunados” van a ser rescatados del ERTE antes de cobrar la prestación.

MASCARILLAS, como símbolo de la falta de transparencia y de criterio, que ha hecho entre otras cosas que los responsables de las comunidades autónomas, entre ellas la nuestra, no tengan claro los criterios de desescalada y en Valencia nos costó una semana más entrar en Fase 1, con el desgaste económico y social  que supuso. Algún día el presidente Ximo Puig tendrá que explicar qué sucedió verdaderamente y asumir su responsabilidad.

MASCARILLAS,  que no pudieron usar muchos autónomos para desarrollar su trabajo, porque tuvieron que cerrar ante la falta de ayudas de verdad por parte del gobierno a este colectivo que representan el 80% del tejido productivo de nuestro país. Necesitaban ayudas económicas de verdad, suspensión de cuotas y no moratorias.

MASCARILLAS,  que nos recuerdan que el estado de alarma continúa, que son ya cinco las prórrogas del estado de alarma de quince días cada una. Y cada vez más los españoles nos preguntamos,  la oportunidad  y eficacia de dicha medida, que coarta nuestra libertad de movimiento, que nos detiene económicamente, y nos controla, llegando a invadir nuestra intimidad, entre otras cosas por todo lo que tenemos que justificar ante cada movimiento.

MASCARILLAS,  que a la vez que nos hacen protegernos de contagios y respetar a los más vulnerables, nos recuerdan los despropósitos, las incongruencias, los desaciertos y la confusión permanente a que estamos sometidos.

MASCARILLAS, que verdaderamente desearíamos no haber tenido que usar nunca, si hubiésemos tenido un gobierno sólido, fuerte, y responsable, que hubiese previsto y reaccionado a tiempo, para controlar los contagios, que como ya hemos sabido con certeza, tenía datos y avisos, por lo que no puede alegar ignorancia, que además  sabemos que en el mundo del derecho no excusa.

Por lo tanto, cuando esto pase hay que exigir responsabilidad, política, civil y penal, si la hubiera, a los responsables y trabajar  todos por reconstruir nuestra sociedad y nuestra tierra. Nuestros hijos lo merecen, y nuestros mayores también.

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