21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Evolución

Lo grave es que el macarrismo no es un hecho puntual en el fútbol, es una constante generalizada en absolutamente todos los equipos y categorías. Las faltas de respeto son lo normal.

Sigo pensando que Mourinho fue una bendición para el Madrid. Quizá porque en la época en la que vino necesitábamos a un tipo como él. Alguien que, como fuera, nos sacara del pozo. Y nos sacó. Fuimos un poco macarras, nos cagamos en la madre de todos y le perdimos el miedo a hincar rodilla en las curvas de la Champions. A día de hoy ya podemos competir con el Barcelona y con cualquiera de tú a tú, sin necesidad de recurrir a otro tipo de artes, sin necesidad de ser el Atleti. Podemos ser el Madrid y ganar siendo el Madrid. Y sí, estamos y tenemos que estar un poquito por encima del bien y del mal y nos tiene que dar igual lo que hagan los demás. No es nuestra guerra. Y ayer el Madrid tenía que haber ganado y no ganó sencillamente porque desde que tengo uso de razón no le he visto centrado en Liga y Champions a la vez ni una sola temporada. Hicieron el canelo y ellos, que siguen teniendo a Messi, nos volvieron a ganar. Si decir esto es bajarse del carro, yo nunca he estado en ningún carro.

Lo grave es que el macarrismo no es un hecho puntual en el fútbol, es una constante generalizada en absolutamente todos los equipos y categorías. Las faltas de respeto son constantes entre unos y otros. Y, vaya, entre los jugadores, a 150 pulsaciones por minuto, con piernas, tacos y codos por los aires, entiendo que salten chispas. Pero me resulta incomprensible que se permita esa humillación constante a los árbitros. Los rodean, los amedrentan, los señalan amenazantes con el dedo. Les gritan en la cara, les protestan todo. Esto a día de hoy se consiente y entiendo que se juegue esta baza. No jugarla sería renunciar a muchos favores que, quiera o no el árbitro, se verá condicionado a regalar. Lo que no termino de comprender es que desde las instancias que organizan este tinglado no haya reglas estrictas que impidan que esto ocurra.

En el rugby, por ejemplo, con el árbitro solo puede hablar el capitán y siempre dirigiéndose a él de usted. Por supuesto nada de encararse, gesticular o faltar al respeto. Se asume lo que pita. Se respeta. Decía un entrenador que tuve hace la friolera de veinte años, aunque estoy seguro de que se acordará de la frase porque la seguirá diciendo, que "no es falta cuando tú crees que es falta, sino cuando el árbitro la pita". Muy bonita de decir pero muy difícil de aplicar. Somos de sangre caliente y llevamos en los genes que se nos inyecten los ojos en sangre con cada decisión que creemos injusta.

Por ello lo mejor es luchar con represión. Es duro, pero justo. Quiero sanciones muy duras a las protestas. Un código ético del futbolista con verdaderos escarnios a los macarras. Muchas partidos de sanción, bajar el listón de la tarjeta roja y multas económicas que les hagan daño donde más les duele: la cartera. Es sencillo si se quiere hacer. Otro tema es que el fútbol quiera salir de las catacumbas y se plantee evolucionar alguna vez.



Evolucionar es bueno y no lo es tanto presumir de seguir siendo igual de gilipollas que siempre. Yo con veinte años era más maleducado, más contestón, menos reflexivo, peor amigo, peor novio, peor hijo, peor alumno, peor profesor y, en general, peor persona. Por eso no me dolerá cuando digáis que en tal año y con tal nombre dije no sé qué otra cosa. He cambiado. Hay cosas de mi yo del pasado que me siguen gustando a pesar de haber cambiado. Forman parte del camino de la vida que me ha traído hasta aquí. No me arrepiento de nada. De lo que me arrepentiría mucho en el futuro es de no tratar de cambiar las cosas que creo que van mal. Si hasta una vez voté a Esperanza Aguirre y ahora me parece Darth Vader.

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