23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La economía y el rumbo de España, en manos de radicales y separatistas

Es inadmisible que un presidente sin respaldo de las urnas ni ganas de consultarlas entregue la política económica a partidos que miraban a Venezuela y a otros que quieren irse de España.

 

 

Si España tiene presupuestos en 2019, será por el visto bueno que les darán los partidos que, paradójicamente, quieren sacar a Cataluña de España. Y a continuación de ser aprobados, como parece probable, se aplicarán según el criterio de un partido que aplaudía la política económica de Venezuela o Grecia y, literalmente, aspira a "romper la Monarquía, el centralismo y el bipartidismo" para volver a la República de 1931.

No se puede seguir normalizando que un presidente sin votos entregue el país a Iglesias y Puigdemont como si nada

La descripción parece melodramática, pero es absolutamente cierta y se corresponde de manera objetiva con la realidad: España tiene un presidente no elegido por las urnas y va a padecer la política de unos socios que, a cambio de auparle y mantenerle, imponen sus criterios. Caprichosos en el mejor de los casos, irresponsables y suicidas en el más habitual. Y siempre contrarios al país.

 

Conviene decirlo, pues no se puede ni se debe normalizar un ataque tan contumaz a la esencia de un país democrático, como no se puede tolerar que Pedro Sánchez esté dispuesto a todo con tal de mantenerse en un cargo que necesita, inexcusablemente, el plácet de las urnas.

¿Quién ha votado a Podemos?

Los españoles no han votado la política económica de Podemos, que es la que se va a aplicar; como no han votado tampoco que Puigdemont, Junqueras o Urkullu decidan nada que afecte al conjunto de los ciudadanos a cambio de unas dádivas que o no se conocen o son inaceptables pero, en todo caso, no nacen de la autoridad de un presidente apoyado por votos ni de las necesidades de España, sino de las suyas.

PP y Cs tienen que elevar su listón de queja y exigencias: se están poniendo en peligro los cimientos de España

Pervertir así la naturaleza parlamentaria de nuestro sistema democrático es inadmisible, por mucho que se apele a ella para tratar de justificar lo que es un mero cambalache entre intereses gremiales que no tienen en cuenta los generales y no se atreven, además, a consultarlos convocando unas Elecciones.

Urge una respuesta

No es baladí que nadie, en ninguna democracia madura, busque mayorías parlamentarias sin tenerlas antes en las urnas; y alterar esa premisa denota una falta de escrúpulos impropia de un presidente de España. La dimensión del desafío es tal, y las consecuencias negativas de tanto calado, que tal vez haya llegado el momento de que el PP y Ciudadanos, por citar los dos únicos partidos críticos con este desastre, suban un peldaño en su queja.

La ilegitimidad de todo lo que hace Sánchez y la catadura de sus socios no pone en peligro los intereses coyunturales de una familia ideológica, por amplia que sea, sino  los cimientos estructurales de España. Y eso requiere, sin la menor duda, otro discurso y otra actitud de los pocos que se resisten a ver semejante hecatombe sin hacer nada.

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