31 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los gritos de Pedro Sánchez taladran La Moncloa: “¡Arregladme este roto!”

Pedro Sánchez, la semana pasada

Pedro Sánchez, la semana pasada

Ayuso saca de quicio al presidente. No digiere que la lideresa madrileña le tuerza el brazo. Su viaje a Argelia fue amargo. Al regreso a La Moncloa estalló la tormenta.

 

A gritos. Sí, sí, a voz en grito. Así acabó el jueves pasado Pedro Sánchez su viaje de dos días a Argelia acompañado de un grupo de empresarios españoles. Al presidente del Gobierno se le amargó la visita. El varapalo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid obligando a levantar los confinamientos en la comunidad le dejó fuera de juego.

El fallo le pilló además por sorpresa. De hecho, telefoneó a Salvador Illa en plenos actos oficiales en el país africano, y el ministro debió solicitar un receso en su comparecencia ante la comisión de Sanidad del Congreso para atender la llamada del presidente.

“¡Arregladme este roto!”, le dijo tajantemente. Tan descolocado quedó Illa que llegó a proponer al ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso reunirse de forma urgente.

Pero en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol avisaron de que preferían esperar a la elaboración por sus técnicos de una iniciativa que pudiese pasar el algodón de la Justicia. No deseaban que por los nervios del titular de Sanidad las decisiones fueran de nuevo tumbadas por los jueces.

 

Entretanto, en medio de la confusión y la incertidumbre creadas por él mismo, Sánchez “vendía” una oferta de colaboración, pero sin dejar de mirar a las medidas sanitarias impuestas por el Ministerio de Sanidad mediante una orden ni a la opción de promulgar el estado de alarma en Madrid. “Tenemos que poner todos los instrumentos y todas las medidas encima de la mesa para doblegar la curva”, ahondó Sánchez, disgustado, desde Argel.

La procesión la llevaba por dentro. Rodeado como estaba por una amplia delegación no podía dar rienda suelta a su enfado. Así que la tormenta se desató nada más regresar a La Moncloa. Su enojo había ido subiendo de grado mientras leía la comparecencia de Ayuso que, sin dejar de ofrecer la mano tendida al Gobierno de la nación, había dejado claro que la adopción de nuevas propuestas era suya.

 La Moncloa ha infravalorado a Ayuso equivocadamente desde el estallido mismo de la crisis del coronavirus

La presidenta de Madrid hablaba de volver a los confinamientos parciales por zonas básicas de salud y no por municipios enteros. El presidente del Gobierno abroncópesos pesados de su núcleo duro, según el relato de la situación de fuentes de toda solvencia. Sánchez no lograba digerir que Ayuso le retorciese el brazo.

Encolerizado por el revés en toda regla, la demanda de explicaciones fue subiendo de tono hasta que el presidente no se contuvo. Perdió definitivamente los nervios. Un puñado de estrechos colaboradores hubo de aguantar el chaparrón como pudo.

Poco después, una vez recuperada la calma, Sánchez habló por teléfono con Ayuso. Cruzó dos conversaciones con la mandataria madrileña para, primero, tratar de forzarla a sellar un acuerdo sobre las iniciativas a adoptar. La segunda, para advertirle de que estaba decidido a pulsar el botón de la herramienta constitucional del estado de alarma durante 15 días, con o sin su plácet.

Con urgencias

Para que no existiera duda alguna de su decisión, el real decreto quedó elaborado esa misma noche con el volcado de todas y cada una de las iniciativas contenidas en la orden ministerial tumbada por el TSJM.

La convocatoria urgente y extraordinaria del Consejo de Ministros, previo chequeo de dónde estaban los miembros del gabinete, muchos de ellos ya de puente fuera de Madrid, fue el reflejo de Pedro Sánchez para  asomar la cabeza frente a Isabel Díaz Ayuso. Una presidenta, por cierto, a quien el Palacio de La Moncloa equivocadamente ha infravalorado desde el estallido mismo de la crisis del coronavirus.

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