09 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro quiere ser expresidente

Sánchez no quiere echar a Rajoy para convocar Elecciones: intenta aferrarse a un puesto para el que no le votaron para aplicar un programa oculto al que pide adhesiones.

 

 

Al final, toda psicosis mal curada acaba por rebrotar. El problema es que las de algunos las padecemos todos, y de qué manera: la obsesión de Pedro Sánchez por la Moncloa ha vuelto. El hombre de las mil camisas blancas está convencido de que la sentencia del caso Gürtel es su oportunidad para culminar esa enternecedora carrera suya hacía la Moncloa.

Carrera que él, inasequible a los resultados electorales y a la evidencia de su radical inanidad (ya ni los espejos le devuelven la imagen), se ve culminando con los brazos en alto. Aunque, eso sí, no tras rodar por los Campos Elíseos, sino tras reptar por la letra pequeña de la Constitución (“¿cómo hemos llegado hasta aquí?”, parece preguntarse incrédulo el presidente González cada vez que se tropieza con la refulgente camisa blanca ocupada por Sánchez en algún sarao de la capital, mientras esquiva hábilmente cualquier contacto prolongado que pudiera interpretarse por otros como un respaldo).

El apoyo que pide Sánchez no es sólo para echar a Rajoy, sino también para gobernar él solo sobre la base de un programa oculto

La llave de su destino manifiesto es una moción de censura con un programa de gobierno reducido a un único punto, echar a Rajoy. Pero, y aquí radica lo asombroso, no porque Sánchez la haya configurado como una humilde moción instrumental, destinada exclusivamente a convocar elecciones de un modo inmediato.

¿Sin Elecciones?

Nada más lejos de su homilía: es verdad que recita una y otra vez eso de que es bueno que el pueblo hable y decida su futuro, pero la convicción con la que se expresa es la misma que emplea la miss cuando responde aquello de “paz para el mundo”.

Lo cierto es que, en su discurso, la fijación de una fecha para la convocatoria de elecciones brilla por su ausencia. Luego, la lectura es inevitable: el apoyo que pide Sánchez no es sólo para echar a Rajoy, sino también para gobernar él solo sobre la base de un programa oculto al que los demás deben prestarle su adhesión ciega.

 

 

Podemos, siempre dispuesto a sumarse a cualquier sarao que huela a napalm institucional, ya ha dicho que sí. Y la banda de Otegui y la manada defensora del aparheid catalán (con sus dos grupos, la piadosa burguesía señorona cargada de collares de perlas y la izquierda chiflada travestida de La Moreneta) parece que también están dispuestas a seguir la estela de la alegre muchachada podemita.

La ciudad sitiada

Ciudadanos se resiste. Y es que si bien es cierto que el PP es un partido a la deriva, agujereado por la corrupción y gangrenado por el olvido de sus supuestas señas de identidad, no lo es menos que el electorado de C´s jamás le perdonaría que diese un cheque en blanco para que gobernase quien, con toda seguridad, terminaría rindiendo la ciudad sitiada y abriendo las puertas a los bárbaros (de hecho, Iglesias no se ha podido resistir a su naturaleza y ya le ha sugerido a Sánchez formar un gobierno de coalición hasta completar la legislatura).

 

En todo caso, vaticino que Pedro Sánchez, de ser puesto ante la tesitura de ser presidente por un día o no serlo jamás, cedería (afortunadamente para él, parece que el PNV le va a ahorrar ese pequeño mal trago). Y es que lo que de verdad quiere el bueno de Sánchez es ser expresidente, con todo lo que lleva consigo de esa mágica condición de jarrón chino, las sagradas vestiduras talares de Consejero de Estado y -no por marujón, menos importante- la vida solucionada.

Sus Señorías dirán.

 

Comenta esta noticia