17 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Rajoy hará lo correcto cuando llegue el momento: el PP mientras debe centrarse

Rajoy se ha enfrentado a dos de los mayores desafíos a la democracia española desde 1978. Y lo ha hecho con sensatez. Por eso, cabe esperar que él decidiría con acierto sobre su continuidad.

 

 

Hay pocos políticos más longevos que Mariano Rajoy, presente en la vida pública desde que apenas tenía treinta años y al frente de su partido desde hace tres lustros. Pero hay muchos menos que hayan sido tan contestados pese a que condujo a su partido, el PP, a su mayor victoria histórica, con 186 diputados y casi once millones de votos en 2011.

Además, le ha tocado gestionar dos de los problemas más complejos e intensos a los que se ha enfrentado España desde la restauración democrática: una crisis económica sin precedentes y un desafío territorial del secesionismo catalán de enorme envergadura. Y en ambos terrenos, nadie podrá negar que ha actuado con diligencia y atendiendo sus responsabilidades con un sentido de Estado que excede del interés personal o partidista.

Con la política convertida en 'Operación Triunfo' por la TV y las redes; las virtudes de Rajoy parecen de otro tiempo, pero son necesarias

El desgaste que provoca una carrera tan prolongada -con cinco candidaturas ya a la presidencia del Gobierno- en un escenario tan endiablado es inevitable, especialmente en una época marcada por la frivolidad en que la política se ha convertido, por mor de la televisión y las redes sociales, en una especie de 'Operación Triunfo' donde prima más el marketing que el rigor y las emociones que las razones.

Cuando más sensatez hace falta, por la magnitud de los desafíos a los que se enfrenta Occidente en general y España en particular, más ha prosperado un notable infantilismo en la sociedad alimentado por un populismo que lo recrudece, abonado siempre a decirle al ciudadano lo que quiere oír en lugar de lo que  necesita hacerse para paliar los problemas.

En ese paisaje, las virtudes de Rajoy no son comerciales, parecen sacadas de un mundo superado por nuevas formaciones que a su vez se retroalimentan con un nuevo tipo de votante convencido de que vive en un mundo en caída libre necesitado de salvadores en el que la verdad, en lugar de ser la premisa de todo, es una incómoda molestia que conviene desechar. Y, sin embargo, son las propias de un político serio, bien consciente de su misión y atribuciones.

Las virtudes de Rajoy

Esto no significa que Rajoy lo hiciera todo bien en el pasado, cuando formaba parte de un partido en la oposición, ni que haya acertado en todo desde la presidencia, con la corrupción y la insuficiente reforma de la Administración Pública como principales lagunas de sus mandatos. Pero sí le retrata como un dirigente sensato, poco sectario, nada maximalista en lo ideológico y concentrado en atender sus responsabilidades con altura de miras y a pesar del desquiciado ruido que rodea a la política española.

 

Rajoy logró la mayor victoria del PP en 2011. Y el bloque de liberales y conservadores arrasa en los sondeos y el CIS a sus rivales

La caricatura del jefe del Ejecutivo se corresponde poco con la realidad, y el empeño en retirarle confronta hasta ahora con la opinión de los votantes, expresada en sucesivas convocatorias electorales en las que ha ganado pese a los pronósticos. Pero sobre todo se han impuesto sus tesis, con independencia de las siglas beneficiarias: si en 2015 el bloque de izquierdas empató en las urnas con el liberal conservador; en la actualidad la suma de PP y Ciudadanos supera en más de cinco puntos a la del PSOE y Podemos, aunque el mayor beneficiario de todo ello sea Albert Rivera y su tranquilizadora opción para frenar, siempre, al nacionalismo y al populismo.

La sucesión

En ese mapa, el debate sobre la sucesión de Rajoy se ha magnificado tanto cuando no existía que al final existe, en aplicación del denominado 'Efecto Pigmalión' sobre las profecías autocumplidas a fuer de insistir en ellas. Será una pregunta que tendrá que hacerse el PP, sin duda, cuando lo estime oportuno. Y viendo la trayectoria de Rajoy, es probable que decidirá lo correcto en el momento correcto, bien para proseguir, bien para dejar paso.

Haría bien mientras el PP en centrarse y cerrar sus luchas internas, tan soterradas como evidentes, y en dedicarse a responder a los desafíos que la actualidad, sus rivales y las circunstancias le ponen delante en todos los ámbitos de actuación de sus dirigentes, alcaldes, concejales, ministros y presidentes autonómicos. 

 

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