20 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La irresponsable degradación de la Transición con un 'revival' antifranquista

Todas las víctimas merecen honra y restitución: las de la Dictadura y las de ETA. Obviar a las segundas y usar a las primeras es un acto de irresponsabilidad que afecta a los valores del 78.

 

 

Si al Gobierno le preocuparan las víctimas y sólo ellas, sin ningún afán político, comenzaría por escuchar y atender a las más recientes: las que sufrieron la lacra del terrorismo de ETA y aún hoy ven cómo se homenajea a terroristas, se discute sobre su acercamiento al País Vasco, se les rehabilita con cargos en las instituciones y, en fin, se tolera una humillación reiterada que ellas denuncian en balde.

Recurrir a las víctimas del franquismo, que sin duda se merecen toda la rehabilitación al alcance moral y legal de la mano, no es un acto de humanidad, o no sólo, sino un intento político de un Gobierno que debilita así el valor de la conciliación que enterró, desde 1978, el terrible enfrentamiento entre las dos Españas en aras a construir un proyecto fraternal común.

Todas las víctimas merecen recuerdo y restitución. Las de ETA y las de Franco, pero sin romper nada bien cosido

Ese supremo acto de altura social y política no puede incluir el olvido de las personas que sufrieron en la Guerra Civil ni en la Dictadura, sin duda, pero ha de marcar la manera de abordarlo para que la necesaria restitución no comporte la reapertura de dolorosas heridas.

El valor de la conciliación

Y ni Zapatero hace unos años ni Sánchez ahora parecen respetar esa necesidad, propia de democracias maduras y no, como sostienen los furibundos detractores del 'Régimen del 78', de sistema impunes. Transformar el Valle de los Caídos, exhumar a Franco o hacer lo imposible por las víctimas de aquella época es razonable y coronaría el fin definitivo de una etapa de dolor y sufrimiento que el propio Congreso ya zanjó hace años.

 

 

Primero con la Constitución y las leyes que acompañaron el salto de la Dictadura a la democracia, con un consenso que incluyó a los partidos de izquierdas; y después con la aprobación por unanimidad de la condena del franquismo y de la compensación a las víctimas, a principios del siglo vigente.

No hay discusión al respecto, pues, pero los dos últimos presidentes socialistas actúan como si quisieran que la hubiera, anteponiendo la generación artificial de bandos ideológicos de nuevo a la consecución de los objetivos recogidos ya en el mismo espíritu de la Transición.

 

Que Sánchez lo haga a la vez que el separatismo, promotor de una Ley de Memoria Histórica adaptada al delirio soberanista, y con el visto bueno solazado de Podemos -autor de una enmienda despectiva y constante a la Transición-; lo dice todo de la intención real de este 'revival' antifranquista que busca más el autohomenaje de sus inductores que la compensación a los acreedores de la historia de España.

El Rey señalado

Y quizá explique también la indolencia del Ejecutivo en la defensa del Rey, despreciado por el independentismo y ninguneado por el populismo: es el mayor símbolo de aquellos valores del 78 y denigrarlo facilita esta irresponsable campaña de reconstrucción de una memoria que requiere sensibilidad y delicadeza pero aquí tiene, habitualmente, sectarismo y revancha. Lamentable.

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