18 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La Generalitat catalana, el objetivo para ERC a cambio de apoyar a Pedro Sánchez

Junqueras y Sánchez, en la reciente constitución del Congreso

Junqueras y Sánchez, en la reciente constitución del Congreso

Todas las claves subterráneas del "entendimiento" entre el PSOE y ERC: un plan con varios hitos y un calendario a meses con colaboración mutua y amenazas compartidas.

¿Por qué Esquerra es condescendiente con Pedro Sánchez y su voto, probablemente, le vuelva a hacer presidente como en la moción de censura? La pregunta tiene una respuesta sencilla: ambos se necesitan. El "No te preocupes" del líder socialista a Oriol Junqueras, un preso de permiso para tomar posesión efímera de su escaño de diputado, resume la necesidad que el uno tiene del otro en un escenario, sin embargo, explosivo y complejo.

Agravado por Podemos, su versión catalana encabezada por Ada Colau y un invitado inesperado, Manuel Valls, responsable de algún modo de estropear la primera consecuencia de ese pacto no explicitado entre PSOE y ERC al anunciar que regalaría sus votos a la actual alcaldesa para que siga en el cargo: de no haberlo hecho, seguramente Ernest Maragall sería el regidor de Barcelona este sábado, con un PSOE poco guerrero para evitarlo.

"Era muy probable, sin duda, pero Valls lo ha estropeado", explican a ESdiario fuentes del entorno de ERC, que aceptan sutilmente la existencia de una especie de "plan por etapas" entre el partido republicano y los socialistas. Descifrarlo es como resolver un jeroglífico escrito a porciones en distintos tableros de juego, pero el más importante quizá ya se ha resuelto: Junqueras se ha impuesto a Puigdemont y, desde el cetro del soberanismo, puede variar la estrategia.

 

"El PSOE va a necesitar a ERC para casi todo esta legislatura, y ERC va a necesitar apoyo para, cuando se celebren catalanas, presida la Generalitat". Ésta es la segunda pantalla del juego, demorada en el tiempo unos meses pero en efervescencia ahora: lo que suceda con la Moncloa enlaza con lo que termine ocurriendo en la Generalitat, a pesar de que en otra batalla en paralelo, la de ERC y Podemos, las cosas no marchen bien.

Podemos y los comunes sienten que ERC quiere acabar con ellos en Cataluña; y ERC siente que le van a quitar la alcaldía de Barcelona, pero de algún modo todos creen que a lo largo de los meses se llegará a una estabilidad y que, si Colau es alcaldesa, Junqueras o quien él decida por sus problemas judiciales, terminará sustituyendo a Quim Torra. "Es una opción verosímil", reconocen las mismas fuentes, presentes en todas las mesas de negociación directa o indirecta.

El problema no es tanto entre Podemos y ERC cuanto entre En Comú y los republicanos, con Valls como flotador de los primeros: sin esa irrupción del ciudadano, posiblemente Colau hubiese dado paso a Maragall a cambio de un puesto de relieve en Madrid, quizá incluso de Ministra de Sánchez. "Pero Valls lo ha cambiado todo y ahora el objetivo es la Generalitat", explican.

El procés era sobre todo una batalla entre Junqueras y Puigdemont. Y la ha ganado el primero de manera rotunda

Todo está lleno de penumbras, cambios y dificultades. Cada paso cambia el escenario o lo modifica, pero nadie tiene prisa si se van cumpliendo los hitos básicos, que son la investidura o luego los presupuestos. E ir preparando a la opinión pública, que ya se ha acostumbrado a esos acuerdos, pero necesitan un hito final: una especie de de renuncia no explícita, sino vía hechos, a la independencia unilateral.

¿Vuelta al autonomismo?

ERC parece dispuesta a ello, y Sánchez la necesita para blanquear cualquier entendimiento profundo con el partido cuyo líder va a recibir una sentencia contundente del Supremo. Solo queda descifrar que hará Puigdemont, malherido y fugado, desplazado del centro de gravedad catalán y con un partido en declive ante los republicanos.

Quim Torra dio una pista este jueves, insistiendo en la unilateralidad: se trata de caricaturizar a ERC, llegado el caso, como un partido autonomista. Pero cuando llegue ese momento, quizá solo queden los restos de Junts pel Catalunya y un Junqueras reforzado se pueda permitir despreciar una acusación que, durante años, ha explicado buena parte del procés: era una batalla por la hegemonía del secesionismo. Y Puigdemont la ha perdido.

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