14 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez y Feijóo, una historia de amor y desamor con Moncloa como escenario

Sánchez y Feijóo se citan en Moncloa con los papeles invertidos: hace un año todos hubieran apostado por el gallego como sucesor y por el madrileño como jubilado de visita. Es la vida.

 

 

Si cualquier español despertara de un sueño de un año o volviese a la tierra de un viaje espacial y le pidieran una explicación de esta fotografía, seguramente diría que Feijóo era el nuevo presidente del Gobierno y, tal vez, Sánchez Castejón había ido a verle para entregarle un currículo. "¿Hubo Elecciones y pasó lo de siempre no?", diría.

Sánchez intenta que se le ponga cara de Kennedy; a Feijóo se le pone de percebeiro en un día de temporal

Ése parecía el designio de los astros: un pletórico vencedor por mayoría absoluta de las Elecciones gallegas y un pletórico perdedor por partida doble de las Generales parecían tener reservado ese destino, pero los arcanos de la vida les reservaban otro futuro, irónico con los antecedentes conocidos.

El destino

El presidente de la Xunta y el del Gobierno se vieron en Moncloa para hablar de Galicia, de ese AVE pendiente entre Santiago y Madrid que nunca llega y contrasta con el que ya une incluso a las cuatro capitales de provincia catalanas, de las cosas del PP y, quizá, de los caprichos del destino.

 

 

Que Sánchez sea el anfitrión en Moncloa y Feijóo un visitante efímero, tras renunciar a suceder a Rajoy por unas razones poco convincentes y con cierto aroma a gato encerrado, equivale un poco a ver en el banquillo a Ronaldo o Messi mientras Coentrao o Arda Turam otean el Bernabéu y el Nou Camp desde el palco.

Amor y desamor

Pero es lo que hay. Sánchez intenta parecerse un poco a Kennedy, con la certeza de que una presidencia siempre engorda unos kilos de carisma y quita unas pocas canas de fracaso; y a Feijóo se le queda cara de frustrado percebeiro en una jornada de temporal.

No está claro que ambos presidentes pasaran por la fuente de Machado y Guiomar, ésa que a Quim Torra tanto le apetecía conocer, pero sin ella incluso la imagen cuenta una historia de amores y desamores con un final aún sin escribir.

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