23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Insultos y escupitajos en el Congreso

En política sobran rufianes y faltan caballeros, lo vemos a menudo en las instituciones,  en las que cada vez hay más políticos agresivos y achulados, vulgares y descorteses, irrespetuosos y faltos de sociabilidad y urbanidad.

Políticos sin honor, auténticos energúmenos que no pasan de alborotadores profesionales, que llegan a la política odiando y cuya agresividad y mala educación no tienen límites, entre otras cosas porque nadie se ha ocupado de ponérselos.

Difícil saber en qué momento la política dejó de ser el más noble de los fines, la búsqueda del bien común, el servicio

Ana Pastor sí lo ha hecho y ha expulsado del hemiciclo al diputado de ERC Gabriel Rufián, bien por la presidenta del Congreso. Rufián ha dicho que Borrell era el ministro más indigno de la democracia, le ha llamado hooligan de Sociedad Civil Catalana y fascista, menudencias todas ellas comparadas con las lindezas con las que suele obsequiar a sus contrincantes políticos, a los que lo mismo llama ladrones que carceleros, mamporreros, lacayos, miserables, corruptos o despreciables, normalmente sin anestesia y a golpe de ‘performance’ (como cuando sacó unas esposas deseando a Mariano Rajoy que acabara con unas puestas, o como cuando se presentó en la Comisión de Investigación sobre la presunta financiación ilegal del PP vistiendo una camiseta con la foto de Rodrigo Rato entrando en la cárcel).

Por no hablar de la forma en que trata a las señoras, a las que después de faltar guiña el ojo. Sinceramente, no se entiende cómo es posible que algunos no se pasen la vida en el pasillo. 

Sin embargo hay algo peor que los exabruptos, la falta de decoro en el vestir o la mala educación que algunos exhiben premeditadamente y con cierto orgullo, lo peor es comprobar que si esto sucede es porque hay quienes llegan a la política por puro resentimiento, un resentimiento que incomprensiblemente corroe a quienes en realidad solo han vivido los buenos tiempos.

El odio

Difícil saber en qué momento la política dejó de ser el más noble de los fines, la búsqueda del bien común, la vocación de servicio llevada a su máxima expresión y se convirtió en una especie de ajuste de cuentas social. En política siempre se ha entendido que se pueda ser duro, firme, o vehemente cuando la situación lo exija, pero también que hay un límite que nunca se debe rebasar para que lo que pasa en el terreno de juego se quede en el terreno de juego y jamás salga de él.

La historia está llena de sembradores de odio que después recogen terribles cosechas, pero verlos campar a sus anchas por los pasillos del Congreso, sin que se pueda hacer nada para evitarlo, verdaderamente pone los pelos de punta.

 

 

María Ruíz Solás es periodista y portavoz de VOX Ayuntamiento de Villaviciosa de Odón

 

Comenta esta noticia
Update CMP