19 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Por qué Sánchez oculta sus intenciones reales en Cataluña?

 

 

El mismo día en que Pedro Sánchez borraba del anticipo de su programa electoral toda alusión al conflicto territorial en Cataluña, su delegado en la Comunidad, Miquel Iceta, se descolgaba con unas declaraciones tremendas en el periódico de cabecera del independentismo vasco, sugiriendo que a España no le quedaría otro remedio que aceptar la separación si el apoyo de los catalanes a esa traumática e inviable salida llegara al 65%.

No son dos hechos ni casuales ni aislados el uno del otro, sino la consecuencia de una premeditada actitud sincronizada desde Ferraz que intenta decir en cada sitio, en función de las circunstancias, lo que su interlocutor quiera oír.

Doble juego

El despliegue de banderas españolas en la presentación de Sánchez obedece a la necesidad de recuperar una imagen constitucional antes de las Elecciones; mientras que las palabras de Iceta atienden a la necesidad de cuidar el granero electoral catalán y, especialmente, al socio potencial que es sin duda ERC para los socialistas ante un eventual entendimiento doble en La Moncloa y la Generalitat.

Es inadmisible la actitud del PSOE al respecto de Cataluña: esconde sus planes concretos tras alimentar los peores

En esa misma línea hay que encajar la puesta del líder del PSC por los indultos, expresada ya hace meses; las reuniones de Sánchez con Quim Torra; el despido del abogado del Estado que respaldaba la acusación de rebelión para el juicio en el Supremo y, por supuesto, el apoyo secesionista a la moción de censura que concedió la presidencia a Sánchez.

Que en todo ese viaje se coquetee con un referéndum de independencia es una frivolidad irresponsable, por mucho que se desmienta luego. Como lo es llenar el debate de concepto etéreos sobre la España "plurinacional" o "federal" que de repente desaparecen cuando se acerca el momento de pasar por las urnas.

Un pollo sin cabeza

La conclusión es que, en éste asunto crucial, es imposible saber qué planes reales tiene Sánchez, pero no es difícil intuir que pueden ser los unos y los contrarios en función, estrictamente, de qué le puede acercar más a su objetivo personal.

Ante un asunto tan delicado como la organización territorial de España, que toca el núcleo central del Estado de Derecho, es inadmisible la actitud del PSOE, pero indiciaria también de cómo gestionará en el futuro el problema: como un pollo sin cabeza sin otro fin que conservar el poder al precio que sea.

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