10 de enero de 2021
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Puede sufrir el síndrome de Procusto una parte del feminismo?

Bardem y Penélope Cruz, con el abanico feminista en la gala de los Goya

Bardem y Penélope Cruz, con el abanico feminista en la gala de los Goya

¿Es normal criticar a las azafatas y llevar escote en los Goya? ¿Hay una parte del feminismo que no atiende a razones y se apoya en un problema cierto para usarlo? ¿Es esto un síndrome?

Una parte del feminismo actual padece el síndrome de Procusto, es decir, prescindir de quien sobresale. La incapacidad para el reconocimiento de la validez de las ideas de otros, el temor a ser superado profesionalmente o que se desbanquen sus ideas absurdas y carentes de lógica o, simple y sencillamente, la pura envidia hacia lo que molesta y acompleja y hay que derribar.

Las azafatas no pueden enseñar sus cuerpos aunque ellas quieran y sea su trabajo. Esta hipocresía es patología

No se toman iniciativas neutrales, sino que el objetivo es cercenar y escupir y pisar las que sobresalen  y son justas y lógicas, con un componente fundamental que es la anulación del respeto y la libertad individual.

La definición es muy nítida al referirse a aquel que corta la cabeza o los pies de quien sobresale, y tiene su origen en la mitología griega, en la figura un posadero de nombre Procusto . A las personas les daba posada, pero después entraba por la noche en su habitación para atarles brazos y pies a los bordes de la cama. Si el hospedado era más grande que la cama, le cortaba lo que sobresalía;  que tanto podían ser los pies, las manos o la cabeza.

En caso de que fuese más pequeño lo estiraba hasta romperle los huesos. Jamás nadie se ajustaba a esta medida porque disponía de dos habitaciones, una amplia y otra más reducida, y asignaba aposta la que menos se adaptase.

Imposiciones

La raíz de todos estas decisiones, mejor, imposiciones fanáticas es un enorme complejo y de ahí la obsesión en eliminar todo aquello que hace sombra y se caracteriza por la validez de aptitudes y capacidades. Y eso hiere y molesta a quien no tiene esas aptitudes y capacidades. Se molestan cuando son ellas las que te anulan tu libertad y, por supuesto, no se ponen en el lugar de los otros sino en el suyo propio y en el de su manada.

 

 

Afirman la mujer no es un objeto y no debe ser florero sabiendo que la belleza de un cuerpo, de una pintura o una escultura, eleva la serotonina, potente antidepresivo, y es gratificante . Usar el cuerpo es ir enseñando sus grasas con los pechos al aire, con cadenas y afirmando que "mi cuerpo es mío". Si es tuyo, no lo muestres, no nos interesa.

Porque son ellas

En los Goya, grandes escotes y espaldas al aire de los asistentes y eso es feminismo porque son ellas. Las azafatas no pueden enseñar sus cuerpos aunque ellas quieran y sea su trabajo. Esta hipocresía creo va más allá y es una patología gravísima y creo la sociedad debe rebelarse y ya .

En televisión sucede lo mismo: hay colaboradores mediocres que salen a menudo y que bloquean y obstaculizan al que envidian, usan sus conocimientos y temen ser reemplazados. Y lo gravísimo es que hay perfiles políticos que llevan adosado este síndrome de Procusto: esta imposibilidad de no reconocer otras ideas no sean la suya propia lleva al caos político y a la antidemocracia.

 

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