La ciudad no es para mí: Ribó en estado puro

Sandra Gómez, Joan Ribó y Carlos Galiana

Sandra Gómez, Joan Ribó y Carlos Galiana

Confinados, sobre todo los mayores, en un acto de responsabilidad civil que no se verá empañado por la torpeza gubernamental y los intereses partidistas de su “coalición de progreso”.

Confinados por imperativo legal -los españoles parecemos haber perdido sentido alguno de la realidad- y digiriendo a duras penas la crudeza de la situación ocasionada por la pandemia, semejara ligereza ocuparse de asuntos que, en proporción, resultan menores. Pero, afortunadamente, superaremos el corona e incluso otros virus letales para España que se han difundido sin precaución alguna hasta inocular conciencias y pervertir conductas separatistas y xenófobas contra la unidad nacional.

Confinados a la espera de un Consejo de Ministros interminable y probablemente inefable, y hasta infecto, entretenidos con los vergonzosos vídeos de Sánchez acusando de todo a Rajoy con el peor estilo –que es el suyo propio- cuando el Ébola. Confinados, sobre todo los mayores, en un acto de
responsabilidad civil que no se verá empañado por la torpeza gubernamental y los intereses partidistas de su “coalición de progreso”.

Superaremos el corona e incluso otros virus letales para España que se han difundido sin precaución alguna hasta inocular conciencias y pervertir conductas separatistas y xenófobas contra la unidad nacional.

En Valencia, confinados y frustrados por la suspensión de las Fallas, apenados, mucho más que en la resaca de la Cremá que siempre deja una lágrima como recuerdo, y un temblor de final de mascletá –que aunque viene de mascle no ha caído todavía en descrédito- que es natural, y el inicio de un nuevo sueño. En Alicante, primera ciudad en suspender la Semana Santa, preparados a quedarse sin
Fogueres. Sin Magdalena en Castellón. Ni Moros y Cristianos probablemente en tantos municipios, hablando sólo de la Comunidad.

Pero lo que no es imaginable es que ninguno de sus Alcaldes asista con la parsimonia y desprecio de su ciudad y de sus ciudadanos con la que se ha comportado el de Valencia. Con cuánta razón titulaba ESdiario “El día que Joan Ribó renunció a ser el alcalde Valencia” al explicar su delegación en Galiana en la crucial reunión de la Generalitat, mientras se deleitaba en la ópera, y su fingida
soberbia para ocultar una cobardía real: “no voy donde no soy invitado” dijo quien ejerce de habitual convidado de piedra aun cuando asiste, descorbatado, a eventos universitarios, científicos y políticos, presididos incluso por los Reyes.

¿No renunció Ribó ya en la propia toma de posesión, con esa habilidad que cultiva, tan personal como inaudita, de sorber y soplar a la vez? La respuesta está en la calle...

Pero añado de mi cosecha ¿no renunció ya en la propia toma de posesión, con esa habilidad que cultiva, tan personal como inaudita, de sorber y soplar a la vez? La respuesta está en la calle, o en la emoción irreal y nostálgica de las operísticas festividades del Viaggio a Reims. O en el Puerto, en El Cabanyal, en la EMT o en el IBI.

He esperado hasta las nueve para oír por fin al Presidente las medidas en su intervención institucional y las vacilaciones y escapismos en el turno de preguntas. En la primera, más vale tarde que nunca, no pudo reprimir su ego al reclamar a los presidentes autonómicos “detrás” de su persona (“con” hubiera sido más elegante), con los tal vez innecesarios excesos verbales en cuanto a la disposición de instalaciones privadas de salud y alguna regañina a la población. En la segunda,
Sánchez en estado puro.

Como en estado puro se suele comportar Ribó.

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