03 de abril de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez y Celáa apuestan por una ley educativa sectaria que anticipa más fracaso

Isabel Celáa

Isabel Celáa

El Gobierno ignora las urgencias del sistema educativo y opta por convertirlo en otro campo de batalla ideológica, mientras la educación en España sigue en el furgón de cola.

 

 

El Consejo de Ministros aprobará este martes la enésima Ley Educativa de la democracia, todas ellas con el sello del PSOE menos una, de duración efímera, aprobada por el PP. Que el balance global haya sido lamentable en términos de fracaso escolar, como recogen todos los estudios comparativos con Europa, no le ha hecho reflexionar nunca a los socialistas ni buscar el Pacto de Estado imprescindible en este ámbito.

Al contrario, a cada dosis de realidad le han acompañado un endurecimiento del sectarismo educativo, al parecer la única manera que se le ocurre al PSOE de camuflar sus estrepitosos errores. Y no será una excepción la nueva ley firmada por la ministra Isabel Celáa.

Al contrario, progresará en la gestión de la educación como una materia ideológica y no como una herramienta instructiva básica para el futuro de un país. La persecución de la escuela concertada, la exclusión del castellano en las Comunidades donde su lengua regional se enfrenta absurdamente a la de todos, la estigmatización de la Religión y la politización de la enseñanza con asignaturas partidistas marcan la propuesta de la ministra.

Sánchez apuesta por una ley sectaria y que divida, en lugar de por un Pacto de Estado imprescindible con la Educación de todos

Se rechaza, una vez más, buscar un acuerdo general que de verdad profundice en la resolución de los múltiples problemas que tiene la Educación en España: desde la fragmentación autonómica del sistema hasta la mala selección del profesorado, pasando por un programa lectivo equivocado, insuficiente y analógico que se parece poco a los alumnos  y a las necesidades de la sociedad.

 

Es evidente que a Pedro Sánchez le motiva mucho más convertir la educación en un campo de batalla donde escenificar su vetusta idea de las dos Españas que en una autovía de conocimientos y aptitudes que construyan un futuro individual y colectivo mejor.

Elegir a la concertada para ello es, amén de injusto, totalmente absurdo: ese modelo de escuela no resta ni un euro al erario público. Asume a un menor coste para las arcas la instrucción de niños que, de otra manera, tendrían que integrarse en los colegios públicos al coste que cada plaza tiene en ellos. Que es el doble, por cierto. Una pena perder de nuevo la ocasión de alcanzar acuerdos en una materia que debería estar al margen de las trincheras habituales.

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