22 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Creencias y evidencias

La investigación es crucial, pero carece de respaldo y de prestigio. Se hace por el decoro, los valores y el compromiso de quienes, pese a todo, creen en ella.

 

Dice la sabiduría popular que “la ignorancia es muy atrevida”, sin duda que lo es. Por otro lado, se atribuye a Einstein otro comentario que camina por los mismos derroteros: “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy seguro sobre el universo”. Ambas serian aplicables a la situación que esta atravesando nuestro país y en general la sociedad avanzada y llamada con cierta jactancia por los políticos y por algunos “snob” sociedad del “bienestar”. 

Según aparecía en un interesante un articulo publicado en Diario Medico hace unos días, solo uno de cada diez tratamientos médicos está respaldado por evidencia de alta calidad. El dato según se nos dice se recoge de una investigación publicada en el Journal of Clinical Epidemiology, en la que se analizan 154 revisiones sistemáticas Cochrane publicadas entre 2015 y 2019.

El estudio en cuestión es preocupante, y lo peor es que está pasando desapercibido y a penas ha generado la reacción y la polémica que cabria esperar, sobre todo en el momento actual, donde se mira con lupa toda la información que viene de la virología, la epidemiología, y la medicina en general, no por saber, sino mas bien por el miedo, incluso pánico, que esta segunda etapa de la COVID-19 esta provocando. 

Muchos de los llamados trabajos de investigación, no serían tan exactos, ni rigurosos, ni “científicos” como a veces se nos quiere vender

Según nos dice el estudio publicado en la citada y prestigiosa revista de Epidemiología, solo 9,9 por ciento de los estudios mostraron evidencia de alta calidad.  El mismo articulo añade que entre los estudios y trabajos analizados, solo dos tuvieron resultados estadísticamente significativos, esto es, “era poco probable que los datos obtenidos se debieran a un error aleatorio", según afirma Jeremy Howick, uno de los autores. Y siguiendo con esta avalancha de cifras del mismo trabajo el 37 % tenía una evidencia moderada, el 31 % baja y el 22 % presentaba una evidencia de muy baja calidad.

Es decir, y para que nos entendamos todos, muchos de los llamados informes “técnicos”, trabajos de investigación, aportaciones científicas, etc., no serían tan exactos, ni rigurosos, ni “científicos” como a veces se nos quiere vender. Servidor, que lleva muchos años en la medicina asistencial, se sorprende de la “capacidad investigadora” de muchos de mis colegas que, como si fuera una fábrica de churros sacan trabajos de investigación casi todos los meses, y ello sin dejar de lado se supone su labor asistencial, docente y de gestión, por que todo eso es lo que debe hacer un profesional medico según la cartera de servicios del sistema público de salud.

 

El sistema GRADE es un método existente para analizar la fiabilidad de las aportaciones científicas y determinar la existencia de sesgos. Por ejemplo, no es lo mismo si un estudio es de los llamados, "ciegos", en los que los pacientes no saben si está recibiendo el tratamiento real o un placebo, ni tampoco sería igual el llamado “doble ciego”, en donde ni el paciente sabe lo que recibe, ni el investigador conoce lo que esta administrando, y que serían sin duda los que tienen mayor calidad que los estudios llamados "no ciegos". 

En esta publicación de Diario Médico, los 154 estudios que se analizan fueron elegidos porque eran actualizaciones de una revisión anterior de 608 revisiones sistemáticas, realizada en 2016. En dicha revisión, los investigadores encontraron que solo el 13,5 por ciento, esto es, uno de cada siete de los tratamientos, estaban respaldados por evidencia de alta calidad.

Por lo tanto, “esa ausencia de evidencia de alta calidad, según el sistema de control GRADE, se puede traducir en un hecho muy claro y es que los estudios futuros podrían anular los resultados presentes".

 

 

 A este trabajo se le han objetado cuestiones y limitaciones como la falta de representatividad del tamaño de la muestra e incluso que fuera demasiado estricto en la aplicación de criterios, puede ser. No soy un especialista en investigación clínica y me limito solo a reflejar lo que los “expertos” dicen. Pero en lo que, si estoy plenamente de acuerdo, independientemente del caso que hemos puesto de ejemplo, es que se están aceptando y publicando desde hace años, al menos en España, muchos trabajos médicos y comunicaciones científicas de poca o nula calidad.   

La “presión” por publicar sea lo que sea, tenga o no tenga interés, original o copia, que mas da. El objetivo primordial es hacer currículo, para de esta forma conseguir un mejor posicionamiento de cara a la estabilidad laboral, sobre todo en el ámbito académico.

A título meramente ilustrativo y solo en PubMed, una base de datos de artículos médicos, se publican más de 12.000 nuevos ensayos clínicos cada año, es decir si echamos cuentas muy sencillas estamos hablando de 30 ensayos publicados todos los días.

Publicar "basura"

Y esto viene a cuento ahora sobre todo con la “investigación”, no solo de la vacuna del virus SARS-COV- II, sino también de los tratamientos frente a esa pandemia, y sobre todo, del bajo nivel que tenemos en España en este aspecto.

Investigar aquí, en este país, ni da gloria, ni dinero, ni prestigio, ni fama. Se dedica uno a investigar por vocación, por creencias, por valores morales. ¡Que risa les dará algunos que haya personas tan ingenuas y tan románticas! Por eso vamos como vamos a la cabeza en numero de casos y a la cola de los países europeos en equipos de altura, que “haberlos haylos”, pero sin apoyo ni coordinación.

Los pocos investigadores que hay lo son en contra de todo, a veces de sus propias familias que ven una inversión muy intensa y nada rentable. 

Ya en En 1994, Doug Altman, profesor de estadística en medicina en la Universidad de Oxford, “pedía menos, pero mejor investigación… la necesidad de publicar para sobrevivir en el mundo académico, ha provocado que se publique una gran cantidad de basura". Eso lo expresaba un profesor de Oxford, si se diera una vuelta por aquí se quedaría “pasmao”. 

Dr. José Carlos Fuertes Rocañin

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