20 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Un nuevo síndrome: El “niño hiperregalado”

El Doctor Fuertes analiza en ESdiario algunas de las grandes cuestiones del comportamiento humano en una sociedad a menudo atrapada en las urgencias y alejada de lo importante.

 

 

En estos momentos de zozobra social, incertidumbre política y fiestas navideñas, ha saltado ya a alguna publicación, de esas llamadas pomposamente de divulgación sanitaria, un nuevo síndrome: el “síndrome del niño hiperregalado”.

Servidor, que lleva muchos años dedicado a la psiquiatría y por ende a procurar la salud mental de sus semejantes, les confieso que soy extremadamente receloso con lo que me atrevo a llamar “sindromitis” una tendencia cada vez mas habitual en la medicina del siglo XXI, sobre todo en mi especialidad, donde si nos descuidamos, cada conducta o comportamiento puede llegar a convertirse en un síndrome, si lo atrapa el “todólogo” de turno y sobre todo si tiene cierto acomodo mediático.

No voy a cuestionar que, durante las Navidades, que empiezan con el sorteo de la lotería el día 22 de diciembre, hasta la noche de Reyes, los niños, algunos niños, reciben regalos y obsequios de una forma desmesurada. Sin duda el momento cumbre de este “festival del regalo” es el día 24, donde Papa Noel nos visita y, como no, el día 6 de enero, cuando sus majestades los tres Reyes Magos de Oriente, acuden a su tradicional cita con los mas pequeños, dispuestos a dejar a “los niños buenos” los regalos que les han pedido.

La pregunta que se hacen algunos expertos, y otros que quizá no lo son tanto pero que tienen abundante sentido común es: ¿resulta saludable que los niños reciban tal cantidad de obsequios y regalos?

Según estudios europeos, los españoles en el año 2018 gastamos una media de 258 euros en regalos, de esa cantidad 166 euros lo habrían sido para los mas pequeños de la casa. Además, y en consonancia con estos datos, conviene recordar también que España ocupa la segunda posición en la “olimpiada del regalo”, solo superada por la Gran Bretaña.

 

Es evidente que muchos niños españoles reciben en menos de dos semanas una gran cantidad de regalos, llegando en algunas familias a 20 obsequios por infante, algunos deseados desde hace tiempo por el menor, pero otros adjudicados por los papás, abuelitos, tíos, y demás familia, sin la anuencia ni el interés del muchacho/a.

Lo peor no solo es la cantidad, sino que también muchos de esos “regalos” no sirven para nada positivo. No ayudan al menor a crecer como persona, ni tampoco a mejorar sus habilidades sociales. Es mas, muchos de los “regalos” pueden dañar la salud mental del muchacho, al aumentar su aislamiento, favorecer ciertas tendencias destructivas, incrementar la impulsividad, inocularles la violencia como solución a los contratiempos y, en definitiva, perjudicar el desarrollo madurativo del que los recibe.

Otro paso más para conseguir una “sociedad enferma” compuesta de seres cada vez mas inmaduros, inestables y manipulables socialmente

Es también importante saber desde la óptica psicológica que los pequeños al recibir este “bombardeo” de regalos en un tiempo tan breve, tienden a presentar ansiedad basal elevada, a la vez que modifican sus hábitos y se frustran sus expectativas si no reciben los regalos que han pedido. Todo ello es un excelente caldo de cultivo para que los muchachos no valoren los regalos, y se conviertan, si esta practica se perpetua, en seres egoístas, intolerantes y déspotas.

Y todo esto ocurre en gran medida porque los padres, equivocadamente, no saben negarse a los deseos de sus hijos, y tienen pavor a ser los “malos de la película”. Hay padres que no soportan la angustia que les produce el temor a ser rechazados, sobre todo cuando sus retoños, muy astutos ellos, lanzan sus dardos verbales al no darles “todo” lo que quieren y demandan. El error es grave, aunque podamos explicarlo y justificarlo.

Jugar con ellos

Con tanta “oferta” el “valor” de los regalos disminuye, llegando incluso a transmitir con este tipo de actitudes un mensaje muy pernicioso: el esfuerzo no es importante para conseguir una meta. Luego nos quejaremos cuando los pequeños acaben siendo ególatras, caprichosos, volubles, intolerantes ante la frustración y por lo tanto inmaduros emocional y dependientes afectivamente.

Hay que ser padres y no amigos de los hijos. Hay que invertir tiempo en su educación, jugar con ellos, estar con ellos, hablar con ellos, compartir con ellos … eso si es importante, mucho mas que regalar muchas cosas, intentando tapar con los regalos una de las carencias mas básica y fundamental como es el tiempo que les dedicamos o la armonía y coherencia que la familia no tiene.

Estas fiestas navideñas, y también cada uno de los cumpleaños o celebraciones que los menores tengan, son momentos adecuados para inculcarles valores como la solidaridad, la bondad, la tolerancia, la generosidad, la gratitud o la empatía.

Les aseguro que el síndrome del “niño hiperregalado” no está todavía en los manuales de psiquiatría infantil, pero si seguimos por este camino, no tenga duda que mas pronto que tarde lo estará.

Con ello habremos dado otro paso más para conseguir una “sociedad enferma” compuesta de seres cada vez mas inmaduros emocionalmente, inestables sentimentalmente y manipulables socialmente.

www.josecarlosfuertes.com

 

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