Patrullas policiales femeninas

La patrulla policial ideal es la formada por un hombre y una mujer, porque aunque nos pese la sociedad actual todavía no está acostumbrada a que un servicio policial lo realicen dos mujeres

Siempre he pensado y he luchado por la igualdad real de derechos entre mujeres y hombres en todos los ámbitos y sobre todo en mi campo, el policial. Como mujer pienso que podemos hacer las mismas cosas que un hombre y estar a la altura de cualquiera, pero hay que reconocer ciertos matices. Tengo que ser concreta con lo que voy a comentar.

 

Nunca pensé que diría lo que nadie se atreve a decir, pero, dos mujeres uniformadas patrullando, realizando labores de seguridad ciudadana y en la central de policía otra mujer uniformada en pequeños municipios no funciona, o al menos no funciona como debería de funcionar, y se basa en simple sentido común y no en razones de género, de discriminación, o de desvalorización y voy a proseguir.

 

Hablamos de seguridad, de protección al ciudadano y hablamos de situaciones de violencia que hay que resolver como policías.

Si la cosa se complica en una determinada actuación policial cuando llega el refuerzo de otros compañeros de otros municipios cercanos o de cuerpos diferentes puede ser demasiado tarde. Se trata de aquellas actuaciones en las que las palabras y argumentos no sirven, y en las que la intervención termina con una situación de resistencia activa en la que la fuerza mínima imprescindible tiene mucha importancia, así como la habilidad, la técnica de ejecución, y el control del físico del individuo que por supuesto está agresivo y es capaz no solo de atacar, sino que si es necesario su violencia la dirigirá incluso así mismo.

 

La rapidez, La habilidad, la técnica marcial, el control de la posición puede en ocasiones ser efectiva, así como el trabajo de equipo si ellas están suficientemente entrenadas y organizadas, pero piensen que esto es realmente una utopía. Como antes he dicho, la fuerza y el peso corporal, así como la altura y la capacidad de reacción de un físico robusto contribuyen al control de la situación mucho más rápido para la intervención, cuyo resultado es una detención y puesta a disposición judicial.

 

En las ciudades o grandes municipios cambia por completo porque el apoyo policial es inmediato al existir más efectivos. Si a eso le añadimos la localización de cada patrulla por GPS y una buena organización se minimiza el riesgo.

 

Es curioso que en líneas generales en los cursos de defensa personal o de táctica son escasas las mujeres que asisten, que se preparen a conciencia, que muestren interés y que posean capacidades obvias para la intervención de seguridad y protección; sin embargo, lo que ves en las calles si el binomio de la patrulla es de mujeres es realmente la palabra inseguridad e indecisión y luego, claro, pasa lo que pasa.

 

Mi profesor de artes marciales me decía: “debes ser muy técnica en todo lo que apliques porque posees menos fuerza y peso que muchos hombres”. Es una realidad que reconozco. Las reacciones son imprevisibles, los movimientos son súbitos y la agresión la mayoría de las veces no avisa.

 

La gestión del miedo en estas intervenciones es importante. Miedo tenemos todos, y dudas sobre lo que hacer también, pues es una decisión de pocos segundos, sobre todo en aquellas que, como yo, van a intentar enfrentarse al sujeto violento asumiendo las consecuencias, mientras que otras tal vez nunca se plantearon que hay que intervenir, que hay que ayudar al binomio que va contigo y que hay que dar una solución a ese problema, porque es en “directo”, porque no hay nadie más, y porque el ciudadano espera una respuesta. Es complicada la situación.

 

Porque el impacto visual de los ciudadanos de esos municipios al ver bajar del vehículo policial a dos mujeres policía para resolver un conflicto grave es negativo ya de un principio, al no identificar lo que llamamos visualmente “la seguridad”. Se puede complicar más si cabe la actuación, porque continúan existiendo prejuicios en esta sociedad, en determinado guetos y sobre todo en poblaciones pequeñas, pero también porque el que quiere hacer daño piensa en nuestra supuesta vulnerabilidad.

 

La patrulla policial ideal es la formada por un hombre y una mujer, porque por mucho que nos pese la sociedad actual todavía no está acostumbrada a que un servicio policial lo realicen dos mujeres policía, de eso doy fe. En más de una ocasión me he podido dar cuenta.

 

Hace poco, en un servicio policial ocurrió que un varón muy violento y ebrio no se quería marchar de un bar, había agredido al camarero propinándole dos puñetazos y estaba increpando al resto de clientes para también acometer contra los mismos. El energúmeno lo ha hecho otras veces y sabe que no le va a pasar nada, que lo soltarán en breve argumentando “intoxicación plena”.

 

Es un lugar conflictivo, donde se producen multitud de peleas, y esa tarde en la terraza había numerosos individuos delincuentes consumiendo. Al ver bajar del vehículo policial a dos mujeres policía se produjo el efecto negativo que he descrito, y las sonrisas de los que estaban en la terraza.

 

Para más inri mi compañera piensa que todo se puede arreglar hablando, haciendo de psicóloga de salón o imitando al inigualable detective Sherlock Holmes, pero cuando el yudo verbal no funciona tienes que aplicar la mínima fuerza imprescindible, aunque ni con la fuerza máxima posible podíamos nosotras inmovilizar a este morlaco enloquecido, que tan solo quería golpearnos, llamándonos “putas”.

 

Realizar un disparo con una pistola eléctrica taser para reducirlo hoy día para los defensores del libertinaje también nos ponía en peligro, dada la sociedad a criticar que los polis somos abusivos y que esa fiera podía ser un George Floid, y pobrecillo… pero, ¿Qué podíamos hacer?... miedo les aseguro que lo sentíamos. 

 

Tuve que pedir refuerzos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado porque la situación se estaba complicando de tal forma que estaba a punto de ser golpeada. La que estaba a mí lado tampoco se ha preocupado en formarse y prepararse. Nunca quiso ser policía y no suele salir a la calle a patrullar la ciudad. Imagínense la situación. Me hacía falta un compañero.

 

El impacto al ver bajar a dos hombres uniformados del vehículo policial cambió,  y finalmente pudo resolverse positivamente la intervención. La contundencia y velocidad del compañero acabó con la detención del sujeto, eso sí, el compañero recibió un fuerte puñetazo que menos mal que pudo encajar. Gracias desde aquí a esos garantes de la seguridad.

 

*Policía Local. Grupo EmeDdona

Comenta esta noticia