09 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Moción de censura: catapulta o sepultura

Felipe González y Adolfo Suárez, protagonistas de la primera moción de censura, compartiendo la lumbre para encender sus cigarrillos

Felipe González y Adolfo Suárez, protagonistas de la primera moción de censura, compartiendo la lumbre para encender sus cigarrillos

Tres mociones de censura se han presentado en nuestra historia democrática. Todas resultaron frustradas y solo en la primera, defendida por Felipe González, el ‘censor’ salió reforzado.

La moción de censura que defenderá esta semana el líder del PSOE, Pedro Sánchez, será la cuarta que se presenta en democracia y la segunda contra el actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, después de la encabezada el año pasado por el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, que no salió adelante.

En cuatro décadas de democracia, se han debatido, en total, otras tres mociones de censura contra Adolfo Suárez, Felipe González y la citada a Mariano Rajoy y ninguna logró tener éxito. También se han debatido otras dos cuestiones de confianza, que presentaron Suárez y González. Ambas iniciativas son mecanismos de control y reprobación recogidos y reglados en la Constitución, que pueden provocar la caída del Gobierno y que ponen de manifiesto la ruptura de la relación de confianza existente entre el Ejecutivo y la Cámara.

Pero tanto las cuestiones de confianza, como las mociones de censura, también representan un examen al máximo nivel del líder político que ejerce de “censor”; de sus propuestas, de su capacidad de liderazgo y de su carisma. Y en este sentido, la experiencia dicta que estas acciones políticas solo pueden servir para catapultar o para sepultar.

1980. Felipe, a por todas

La primera moción de censura de nuestra democracia se planteó los días 28 al 30 de mayo de 1980 por el grupo parlamentario socialista contra el Gobierno de UCD de Adolfo Suárez. Fue defendida por Alfonso Guerra y rechazada por Rafael Arias-Salgado. El candidato propuesto fue Felipe González, que expuso un programa de gobierno.

El joven secretario general de los socialistas era plenamente consciente que no tenía los votos suficientes para alcanzar el triunfo. Pero no le importaba porque no era eso lo que buscaba. Su objetivo fundamental era convertirse en centro de atención para presentar ante la sociedad española “un proyecto global de Estado”.

Felipe  logró en 1980 el objetivo de convertirse en el foco de atención. Hernández Mancha trató de repetir la misma estrategia siete años después y fracasó con estrépito

Guerra fue el encargado de preparar la estrategia y la explicó en la propia tribuna del Congreso: “Esta moción de censura ha sido ya útil como procedimiento de dinamización de la vida política, como fórmula de creación de una ilusión colectiva que ha terminado con el mito del desencanto político. El Gobierno ha eludido la responsabilidad de enfrentarse con una situación de corrupción y de desorganización administrativa en organismos estatales".

El debate duró 20 horas y fue seguido por buena parte de los ciudadanos al ser retransmitido en directo por radio y en diferido por televisión. La moción fue rechazada por los 166 votos del grupo parlamentario centrista, que se quedó solo, ya que se abstuvieron 21 diputados, entre ellos los nueve de Coalición Popular y los siete de la Minoría Catalana. Los votos favorables a la moción fueron 152 (socialistas, comunistas, andalucistas y tres del grupo mixto). Faltaron 24 votos para conseguir la mayoría.

Ocho meses después Suárez abandonaba la jefatura del Gobierno y a los dos años y medio Felipe arrasaba en las Elecciones Generales. 

1987. Hernández Mancha se estrella

La segunda moción de censura fue presentada por el grupo popular contra el Gobierno socialista el 23 de marzo de 1987. Esta iniciativa de la entonces Alianza Popular, sobre cuyo resultado en votos no cabía sorpresa por la mayoría absoluta de los socialistas en el Congreso, tampoco contó con el apoyo de los demás grupos de la oposición.

 

 

El líder conservador, Antonio Hernández Mancha, fracasó estrepitosamente en su intento de replicar la táctica del socialista, aún más necesitado de protagonismo, pues carecía de escaño, situación en la que se encuentra actualmente Pedro Sánchez. Además, era un recién llegado a la política, tras dejar  Manuel  Fraga la cabeza de AP.

Y justamente la práctica totalidad de la cámara le reprochó que usara el debate exclusivamente para relanzar su figura, que ya estaba cuestionada incluso en su propio partido. Además, buscaba frenar el ascenso de Suárez con el CDS, a costa de robarle electores

"No tenemos miedo a nada, cumplimos un deber y mi obligación es desgastarme al servicio de los intereses generales", dijo Hernández Mancha, cuya moción fue derrotada con 66 síes, 195 noes y 71 abstenciones.

Dos años después, un joven José María Aznar ya ejercía de máximo líder de la formación conservadora, convertida en el PP. Hernández Mancha desapareció para siempre de la escena pública.

2017. Iglesias, a por el liderazgo de la izquierda

Sin el respaldo del PSOE, Ciudadanos o PNV, el líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias acudió al Congreso el 14 de junio del año pasado sabiendo de sobra que su moción de censura no saldría adelante, pero sí restar aún más fuerzas a las ya debilitadas filas socialistas. Con Sánchez sin escaño en el Congreso, tras renunciar a su acta de diputado, Iglesias se esforzó especialmente en presentarse como el gran referente para los votantes de izquierda.

 

 

“Usted va a pasar a la historia como el presidente de la corrupción”, le espetó el líder de Unidos Podemos a Rajoy. "Su devoción por la política como un mero espectáculo le incapacita como gobernante a los ojos de los españoles", le replicó el máximo dirigente del PP y del Gobierno, añadiendo esta pregunta: “¿A qué viene esta moción de censura señor Iglesias, si no es para conocer de qué lado de la raya se encuentra el PSOE?”.

Iglesias solo consiguió 82 síes (los de Unidos Podemos, ERC, Compromìs y EH-Bildu), frente a 170 noes y 97 abstenciones (las de PSOE, PNV, PDeCAT, PNV y Nueva Canarias). Y ahora está dispuesto a darle su apoyo a la moción que encabeza Sánchez.

 

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