La ciudad no es para mí. ¿Quién dijo crisis?

El largo desgobierno de Sánchez ha resultado una inflexión plana, carente de inteligencia. Su confesado mayor logro parece que será la inhumación de los restos del dictador".

Hay quien me anima a pensar que no sería de extrañar que, de forma sorpresiva, los españoles se inclinaran a optar por un gobierno de derechas que haga frente a la próxima crisis económica. Por si las moscas.  

Lo que me decepcionaría profundamente como indicio de ese cierto materialismo cínico -no científico, que ya nadie sabe qué es- que viene caracterizando nuestra joven y amenazada democracia. Algo así como que, si no hay más remedio, aguantaremos un gobierno que saque otra vez las castañas del fuego, y ya pondremos otro que se las coma calentitas.

Se entretienen contertulios y ratones de hemeroteca, enredando con los eufemismos y analogías que nuestros políticos, según se encuentren gobernando o en la oposición, utilizan para evitar el término maldito.

Los veremos intentando restar importancia o exagerando si es preciso, a la búsqueda del voto. Más seriedad resultaría deseable.

Un punto crítico en una trayectoria es una inflexión. Un aviso y una invitación a la innovación o un augurio de fracaso. Aceptemos crisis como una suerte de inflexión sostenida. Y ahí empieza el problema.

Se emplean opinadores y estudiosos en analizar los esfuerzos de aquéllos por encontrar causas exógenas, sin apreciar una ingenua declaración de incapacidad. El resultado es de tormenta perfecta.

El largo desgobierno de Sánchez, el presidente en presunciones, ha resultado una inflexión plana, carente de inteligencia, improductiva y regresiva. Tómese en cuenta que su confesado mayor logro parece que será la inhumación de los restos del dictador. Una crisis en sí misma.

Tal vez es tan consciente de ello como firme en el embuste o en la maniobra. Recuérdese como ha retorcido a la Abogacía del Estado en dos dolorosas ocasiones: como acusación en el proceso a los separatistas y como validadora de la financiación autonómica. (Mientras pacta con Bildu en Navarra). Y, tal vez, ese “enfriamiento” (sic) sea el que le recorre cuando dice distinto de lo que dijo, o de lo que piensa. O sea, permanentemente.

Cuidado con estos días. Me presta un amigo una frase de Diderot, “del fanatismo a la barbarie no hay más que un paso”. Y yo me pregunto ¿en qué dirección?

Ha venido el valenciano Ábalos a Valencia a contemporizar con Compromís en el delicado tema del Puerto, y revestido de ministro del ramo, se ha metido a evaluador medioambiental. ¡Qué imprudencia! Claro que con el antecedente de Montero en Hacienda, pareciera que se ha levantado la veda de los informes técnicos a la carta (cuatro mil millones arriba o abajo, que no recordaba bien …)

Y hablando de informes técnicos, me ha parecido entender que Teléfonica descarta el hackeo en el caso del desfalco de cuatro millones en la EMT del gerente premiado con aumento de sueldo.

Cuidado con estos días. Me presta un amigo una frase de Diderot, “del fanatismo a la barbarie no hay más que un paso”. Y yo me pregunto ¿en qué dirección?

Así que digan lo que digan -“los demás”; menudo éxito de RaphaelRosalía en USA; o de Marc Márquez en Tailandia- claro que estamos pasando una crisis. Y larga.

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