Fases de control y dominación en adolescentes

No consientas que te controlen, no des contraseñas, y sé firme. Una relación íntima se basa en el respeto de ambos.

Mucho se está hablando hoy día sobre comportamientos discriminatorios de dominación de los jóvenes en sus primeras relaciones íntimas que empiezan con el flirteo, el ligue, con esas acciones que denominamos “tonteos”. Décadas antes no existían tantos elementos de control como lo son las redes sociales, el WhatsApp, y otros sistemas de comunicación gratuitos, en los que los jóvenes están inmersos dada su naturaleza de no perderse detalle en tiempo y forma de cualquier tema, de cualquier noticia, y por supuesto, de qué cosas están haciendo los otros.

Aunque cada día que pasa se critican diariamente aquellos actos que son desiguales entre personas, todavía no estamos a la altura del respeto en esas relaciones de la intimidad, tal vez porque no somos capaces de empatizar con la otra persona o no entendemos que algunas decisiones van encaminadas a la dominación (consciente o no) de la otra persona.

Muchos autores afirman que se debe a la cultura y que se debe avanzar en la enseñanza y futura preparación académica de nuestros jóvenes.

Imaginaros que tenéis diecisiete años y que estáis con una chica de dieciséis en una primera toma de contacto juvenil o fase de enamoramiento, y que, nada más empezar esa relación (en la que se suele decir que tienes mariposas en el estómago), empiezas, tal vez sin quererlo, a tomar algunas actitudes dominantes con bastante seriedad y firmeza, tales como:

 -Controlar su estado en el móvil y a qué hora se ha conectado por última vez.

-Preguntarle constantemente con quién está y por qué.

-Comentarle directamente con quien no debe de hablar o escribirle.

-Decirle cómo tiene que vestir. Criticarle las faldas cortas, los pantalones ajustados, los escotes, u otras cuestiones estéticas (recordar que se acaban de conocer).

-Ir cortándole otras relaciones con amigos-as, insistiendo en quedar siempre con él.

-Arrebatarle el móvil y ver su contenido, contestar mensajes incluso.

-Pedirle todas sus contraseñas para revisar constantemente sus contactos.

-Borrar los contactos de su pareja que no le gustan.

-Ante un enfado romperle el móvil en el suelo o gritar súbitamente.

-Ante un enfado, golpear con los puños cualquier cosa. Patadas a objetos, incluso autolesionarse (dirá que es porque te quiere mucho).

-Hacerse la víctima llorando (y diciéndole que te ama), por lo tanto fastidiarle sus citas (cumpleaños, quedadas con amigas, etc.).

-Enfadarse porque mantiene el contacto con otras personas, por lo tanto prohibírselo (dirá que es por tú bien).

-No atender a sus obligaciones o deberes por indicación de novio (evitar ir a clase, a exámenes, a otras actividades, estudiar)

-Intimidar o amenazar a los amigos-as que no quieren que se acerquen.

-Gritarle, o mirarle intimidatoriamente cuando le contradice.

 

Podemos seguir, pero lo dejamos aquí. ¿No nos damos cuenta de que esto es demasiado? No solo no debemos de permitirlo (seamos padres de los dominantes o de los sirvientes), sino que tenemos que intervenir, cortarlo de raíz.

 

Todas estas acciones discriminatorias desiguales basadas en la manipulación y el control en la otra persona llevan a una escalada cíclica de la violencia de género (autora: Carmen Ruíz Repullo 2016).  Por lo tanto, en esa primera fase de conocerse hay que detectarlo. Si dejamos que nos manipulen y se coarta la libertad, esa escalada de control irá a más, significando que un momento dado habrá una respuesta violenta (cuando decidas en tu vida que quieres hacer), por lo tanto evítalo antes de que estés inmersa en “un cajón sin salida”.

Obviamente esto lo podemos aplicar en ambos géneros, pero seamos realistas… como norma general se da en los comportamientos machistas androcéntricos.

No consientas que te controlen, no des contraseñas, y sé firme. Una relación íntima se basa en el respeto de ambos.

 *Oficial de Policía Local y Grupo EmeDdona.

 

 

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