23 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Rodrigo Lanza, el asesino que tuvo el apoyo de los que ahora mandan en España

Víctor Laínez, frente a su asesino y algunos de sus apoyos

Víctor Laínez, frente a su asesino y algunos de sus apoyos

El ajuste de cuentas de hoy es un simple repaso a la hemeroteca. Con eso basta para recordar quiénes jalearon al criminal, dónde están y por qué le aplaudieron tanto.

 

Ya podemos llamar asesino a Rodrigo Lanza. Ya lo hacíamos, pero hasta esta semana no era ésa su condición jurídica. Ahora sí. El tribunal que le juzgaba por matar salvajemente a Víctor Laínez ha cambiado la sentencia inicial, de homicidio imprudente, a asesinato con agravantes de dolo y de crimen ideológico y la atenuante de embriaguez.

Vamos, que además de un asesino, era o es un borracho. El disfraz de niño pera que se puso para parecer un buen chico en el juicio no le ha servido de nada a este acémila, nieto de un jerarca militar de Pinochet, que al llegar a España se volvió antisistema. Quizá así ligaba más, quizá así se hizo más popular en su manada.

El caso es que es un asesino y, a falta de que el juez decida la condena exacta, pueden caerle 23 años de prisión. Es su segundo ingreso en prisión. El primero le cayó por dejar parapléjico a un guardia en Barcelona. Y cuando eso pasó, en lugar de recibir oprobio, fue jaleado como una víctima del sistema.

 

 

Le hicieron un documental, Ciudad Muerta, con el patrocinio de Ada Colau y los aplausos de Pablo Iglesias, la comprensión de Monedero, el entusiasmo de Jordi Évole, la entrevista cómplice de Julia Otero, el afecto de Gabriel Rufián y la cercanía de decenas más de políticos y periodistas supuestamente ilustres le trataron, al salir de la cárcel, como si fuera el Mandela víctima del Apartheid.

En algunos ayuntamientos de Podemos incluso le invitaron a dar charlas. Y daba ruedas de prensa kafkianas, jaleadas hasta la extenuación, en las que llamaba racistas a los poderes públicos españoles mientras su madre, la "activista" Mariana Huidobro, denunciaba "torturas" y se reunía con Pablo Iglesias para recibir su calor:

 

 

Después pateó en el suelo a Víctor Laínez hasta matarlo. Por llevar unos tirantes de España. Y eso de momento es delito. Aunque lo mismo, cuando aprueben la nueva ley de memoria sectaria, hasta le condecoran y le pensionan. No lo descarten.

Pero tendrá que ir a la cárcel. Y con él, un poquito, todo esos que le aplaudieron. Que son los mismos que jalearon al tal Bódalo cuando asaltó una heladería atendida por una embarazada. O a los borrokas de Alsasua tras linchar a dos guardias civiles.

El "amigo" de Alfon

O al tal Alfon por ir de “mani” con una mochila llena de metralla, aunque para la madre de Lanza su caso es otro ejemplo de manipulación policial que le llevó a decir barbaridades como éste en una entrevista en La Marea:

"Cuando Alfon estaba detenido, antes de que entrara en la cárcel, hablé con ella (su madre) más de una hora por teléfono. Cada vez que voy a Madrid me alojo en su casa. Me ha abierto las puertas, conozco a su familia, hemos charlado hasta altas horas. Somos mamás que creemos en los hijos, en la educación que les hemos dado también, y eso es importante. Yo nunca desconfié de Rodrigo porque lo conozco".

Hasta la productora del filme llegó a respaldar públicamente a Lanza después del crimen de Laínez, emitiendo un comunicado infame que espoleó a los fanáticos seguidores del asesino, tantos de ellos como cargo público o altavoces para esparcir la tesis de que el verdugo era, en realidad, la víctima:

 

 

Los "cómplices"

Ésa es la gente que le gusta a Iglesias, que jalea a asesinos pero luego acusa a media España de delitos de odio por una pintadita en una carretera. Que llama fascista a todo lo que se mueve pero luego escupe en la memoria de los muertos por el terrorismo. Solo hay que recordar cómo Barcelona en Comú, el partido de Ada Colau, llegó a exigir que le pidieran perdón al agresor y asesino:

 

 

O este otro de la actriz Leticia Dolera, la feminista que despidió a una embarazada, la activista de pega que imparte lecciones a todo el mundo pero no se aplica ninguna a sí misma, posando emocionada con los autor de "Ciudad Muerta":

 

 

Y lo terrible es que toda esa banda ha progresado. De hacer el majadero en la facultad, con escraches a todo aquello que odiaban, han pasado a negociar los Presupuestos. Y de aplaudir a Rodrigo Lanza han saltado a abrazar a Otegi, que es un Rodrigo Lanza multiplicado por 857, el número de víctimas mortales de ETA. Un Lanza, por cierto, que tuvo por abogados a Jaume Asens, hoy en el Congreso, y a Gonzalo Boye, defensor de Puigdemont o Sito Miñanco entre otros.

 

Pablo Iglesias, Irene Montero y Rafa Mayoral se reunieron en 2015 con la madre del asesino, apoyado sin ambages por Colau

 

Así que bien, el Lanza éste, el asesino de Víctor, el agresor del guardia, el héroe de Colaus y Monederos; estará en la cárcel una larga temporada. Pero sus amiguetes, sus cómplices, sus hooligans... lo verán desde el Gobierno, desde alcaldías, Ministerios o privilegiados micrófonos y pantallas en algunos de los medios de comunicación más importantes de España.

A Lanza le defendió Asens, pero la auparon Podemos, Colau y todo el ecosistema político y mediático que hoy manda en España

Sólo hay que recordar cómo Jordi Évole homenajeaba a los directores del "documental" en 2015, comprando sin recato su bochornosa tesis de que Lanza y sus amigos habían sufrido un montaje policial, acompañado de una dura represión que hasta Amnistía Internacional llegó a denunciar:

"Gracias Xavi y Xapo por mostrarnos otra versión de los hechos, la que se quiso silenciar, gracias por denunciar la tortura y por no estigmatizar a nadie por algo tan superficial como su estética", escribió el comunicador de La Sexta en un periódico catalán. Y todo ello mientras la esposa de la primera víctima de Lanza, el policía tetrapléjico, clamaba indignada por la defensa a su agresor. Pero muy pocos la atendían.

Este Azotador se congratula de que la Justicia haya rectificado la sentencia inicial para meter entre rejas a un despiadado y reincidente criminal, pero deja una pregunta en el aire. ¿A cuántos como él tendremos que aguantar antes de que el incipiente ecosistema político, institucional, cultural y social reaccione y deje de estar "okupado" por tantos personajes tan cercanos siempre a los peores?

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