25 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Otegi y Junqueras eligen al presidente de España: una indignidad histórica

El independentismo ha elegido a Sánchez para tener más fácil alcanzar sus objetivos. Y Sánchez ha aceptado y buscado ese regalo envenenado por razones indecentes y sectarias.

 

 

Pedro Sánchez ha rematado con inapelable coherencia su indigna carrera política, que comenzó bloqueando a España tras perder dos Elecciones Generales; prosiguió fracturando a su partido haciendo pasar por traidores a los dirigentes socialistas que aceptaban el resultado de las urnas; avanzó con una moción de censura infumable por venir respaldada por todo el separatismo y ha culminado con su investidura como presidente con esos mismos apoyos y una inmensa factura a pagar por delante.

Que esa miserable secuencia haya tenido un premio tan alto en lugar de un castigo no obedece a un estado de alucinamiento colectivo, y esto hay que decirlo, sino a las facilidades que le ha dado el centroderecha al PSOE presentándose dividido y enfrentado al desafío, incluso cuando los errores de cálculo de Sánchez le dieron en noviembre la posibilidad de enmendar sus errores de abril.

España no se ha volcado con Sánchez, precisamente, y de ello da cuenta la evidencia de que ha llegado de nuevo a La Moncloa con menos diputados de los logrados por Rajoy cuando tuvo que disolver las cámaras y acudir de nuevo a las urnas.

En este punto, conviene hacer un claro reproche a PP, Cs y Vox, en la dosis que cada uno merezca: no han resultado solventes para canalizar en escaños el respaldo que sus ideas tenían en la sociedad española. Y no resulta compatible denunciar una situación de emergencia para España y luego no ser capaces de organizarse para atenderla con las mayores garantías.

Ni toda la propaganda presidencial puede tapar la evidencia: a Sánchez le han elegido presidente Otegi y Junqueras

Si el problema para el país era tan grave, y a fe que lo es, anteponer los intereses gremiales de cada sigla y de sus miembros ha sido un bochorno. Y una inmensa ayuda para Sánchez.

Pero nada de eso justifica ni adecenta la indignidad de la carrera de Sánchez, que ha sacrificado la cohesión de España para obtener un botín estrictamente personal, alimentando unos objetivos antidemocráticos, subordinando al poder Ejecutivo a los mismos y blanqueando la abyecta historia de formaciones como Bildu, encabezada por un terrorista condenado como Otegi.

 

Es un avergüenza histórica, tolerada por un PSOE desconocido controlado por una dirección y unos barones sin escrúpulos, que se intenta tapar invirtiendo los términos para  maquillar su enorme gravedad: presentando a los independentistas como garantes de una mayoría en favor de España y a los constitucionalistas que señalan el atraco como unos vulgares ultraderechistas.

Dos delincuentes eligen a Sánchez

Le guste o no a la inmensa maquinaria mediática que auxilia a Sánchez, al presidente de España le han elegido dos partidos dirigidos por condenados por delitos de terrorismo o sedición. Y lo han hecho porque consideran que así será más fácil alcanzar sus metas. Nadie, por sectario que sea, puede negar el peso de los hechos.

Que son bien fáciles de resumir: España no se ha desbloqueado, sus mayores adversarios han puesto al frente a un presidente intervenido y dispuesto a pagar el rescate del secuestro. Una pena, una vergüenza y un peligro. Todo junto.

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