20 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

LeBron James es el mejor. Y punto

LeBron se quitó la espina de hacer a Cleveland campeón.

LeBron se quitó la espina de hacer a Cleveland campeón.

La duda es si acabará por convertirse en el mejor de la historia o no. Y quedan unos años para salir de dudas. Mientras tanto, disfrutemos.



En una sociedad normal, sin taras ni influencias perversas de los medios de comunicación, no habría ningún tipo de debate. LeBron James es el mejor baloncestista en activo sobre la faz de la tierra. En sus últimos años descubriremos si se queda en el mejor del siglo XXI o es capaz de sobrepasar al mismísimo Michael Jordan. Tranquilos, hoy viernes 4 de noviembre de 2016 sigo considerando al 23 de los Bulls como el mejor baloncestista, deportista y atleta de todos los tiempos. Gloria eterna.

Creo que del absurdo debate sobre si Curry es mejor que LeBron voy a terminar pasando de largo, porque está muy cogido con pinzas. Curry lleva tres años a un altísimo nivel, pero es que James lleva doce. LeBron ya era grande antes casi de aterrizar en la liga: todos sabíamos que iba a ser rookie del año, que iba a dar espectáculo y que acabaría atesorando anillos, y ya lleva tres. Stephen ha revolucionado el baloncesto a base de mandarinas desde donde le pille, diez metros, veinte, o incluso desde una terraza de Manganeses de la Lampreana, pero de momento, poco más.

Lo más complicado contra lo que ha tenido que lidiar es contra la presión añadida de ser el hipotético sucesor de Jordan

Estadísticamente no hay dudas: 3 anillos con sus sendos MVP de las finales, 4 MVP de la liga regular, 7 finales, 12 All Star, 10 veces en el mejor quinteto, 5 veces en el mejor quinteto defensivo, 2 oros olímpicos y un chorrazo de puntos, rebotes y asistencias, estadísticas que, por cierto, siempre mejora en los PlayOff. Pero las estadísticas a veces pueden engañar, y ahí tenemos a Karembeu para demostrarlo, y meter mucho y ganar mucho no siempre es sinónimo de que eres un grandísimo jugador.

Es cierto que se hizo un equipazo en Miami porque no soportaba la idea de seguir sin ganar un anillo, pero es que se habla muy a la ligera de esto. Montar un equipazo es una cosa, ganar el anillo otra bien distinta y nada fácil. Que se lo pregunten a los Lakers de Kobe, Shaq, Malone y Payton. No restemos mérito a unos tíos que ganaron dos anillos seguidos. Pero bueno, pongámosle el asterisco si queréis. LeBron, consciente de ello, decide volver a Cleveland y quitarse la espina de hacer campeón al equipo donde todo empezó. Y no solo lo consiguió sino que nos deleitó con uno de los mayores espectáculos de la historia reciente del baloncesto con la remontada de ese 3-1 las finales de la pasada temporada. Este hito lo elevó a la categoría máxima de leyenda, entrando, para mí, claramente en el Top10 de la historia, y veremos si lo metemos en el mejor quinteto de todos los tiempos. A día de hoy lo roza, cuando acabe la carrera estará de lleno, sin duda.

Ahora que ya casi todos vamos abrazando el lebronismo solo queda trasnochar, sentarse y disfrutar

Pero lo más complicado contra lo que ha tenido que lidiar es contra la presión añadida de ser el hipotético sucesor de Michael Jordan. Losa que se puso él antes de llegar y que le pesó en sus primeros años. Losa que ha hecho que muchos fanáticos de Michael, entre los que me encuentro, le miraran con el recelo que se mira al tío que viene a ligarse a tu hija pequeña. Y esa losa, lejos de romperle la espalda, le ha hecho más fuerte, más técnico, más táctico y, en definitiva, mejor jugador.

Ahora que ya casi todos vamos abrazando el lebronismo solo queda trasnochar, sentarse y disfrutar. Que dure.

 

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