Dos caballos por la autovía: faltan actuaciones y sobra indiferencia

Esta historia que podía haber terminado en tragedia, provocando la muerte de los caballos y la de algunas de las personas, se resolvió sin daños personales y con relativa rapidez

La semana pasada iba de camino al trabajo. Eran las 7 menos cuarto de la mañana. Todavía no había amanecido y apenas había luz. Además, estaba lloviendo.

De pronto, veo un par de caballos que se dirigen al trote hacia la incorporación de la autovía. Son oscuros, y apenas se distinguen en la distancia.

Inevitablemente, acceden a la autovía manteniendo una trayectoria diagonal.

El pánico se apodera de mí, pues las consecuencias pueden ser nefastas. Llamo de inmediato al 112 y doy aviso de la situación.

Mientras, los vehículos que por suerte han visto a los animales en el momento de acceso a la carretera, se van deteniendo.

La mayoría de los que vienen detrás, a menor velocidad, consiguen detenerse a duras penas sin colisionar. Sin embargo, los más rápidos, que no tienen posibilidades de frenar con éxito, adelantan por la izquierda como pueden a los vehículos frenados. Imagino lo peor.

Me incorporo a la autovía tras la llamada a los servicios de emergencia y, lejos de lo que podía imaginar, puedo ver cómo un par de vehículos han cortado el paso a los caballos y se han detenido formando una barrera de contención para que los animales no sigan avanzando. Coloco mi coche detrás, para reforzar la defensa. Uno de los caballos lleva una especie de cincha larga, que debía mantenerlo atado al lugar del que se escapó. Junto a los caballos, tres chicos. Los tienen sujetos, los acarician y tratan de tranquilizarlos.

Esperamos que lleguen los servicios de emergencia, preocupados, pensando que la situación se demoraría y desconociendo los efectivos y los medios que se harían cargo de los animales.

Sin embargo, en menos tiempo del imaginado, aparecen varios agentes de la policía local a los que se suma un guardia civil de tráfico.

Tras decidir la estrategia, se sujeta al caballo más pequeño con la cincha que arrastraba el grande, ya que el primero no tiene ningún elemento del que asirlo. Dos de los agentes cogen a los caballos y los dirigen hacia el arcén y el resto, con los vehículos policiales como escolta para controlar un posible escape, consiguen sacar a los animales de la autovía.

Por increíble que parezca, esta historia que podía haber terminado en tragedia, provocando la muerte de los caballos y la de algunas de las personas que a esa hora circulaban por la autovía, se resolvió con algún alcance entre vehículos, pero sin daños personales y con relativa rapidez.

Y este éxito, tuvo lugar gracias a la actuación de las personas que, en lugar de seguir circulando, se implicaron y consiguieron retener a los caballos y a los cuerpos de seguridad, que actuaron de forma rápida y eficaz.

La otra cara de la moneda es que los caballos no tenían chip identificador. Y es en este momento cuando lanzo una pregunta ¿cómo es posible tener caballos sin que,  como mínimo, se cumplan los requisitos legales de identificación y de bienestar?

Y la respuesta, además de en las personas tenedoras de los animales, está en las administraciones. Faltan actuaciones y sobra indiferencia.

 

* Coordinadora provincial de PACMA en Valencia

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