22 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Una llamada en directo deja en evidencia a Iglesias y desvela su verdadero plan

Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias.

No es dimitir, no es lograr ningún ministerio y no es fusionarse con el PSOE de Pedro Sánchez por absorción. No. Parece que el líder de Unidas Podemos y su pareja tienen a mano otro objetivo

Pasada la primera resaca de los resultados del 26M, siguen los análisis sobre el desastre electoral de Unidas Podemos y este martes es Jesús Lillo desde su columna de ABC el que hace leña del batacazo de Pablo Iglesias.

Ironiza con que a Iglesias le entró la llamada que estaba esperando mientras hacía balance este lunes... pero no era Pedro Sánchez para ofrecerle un ministerio, sino Ana Rosa Quintana para meterlo en directo.

Más aún, asegura guasón, "Sálvate Deluxe. No hay más que echarle un ojo a la programación de las emisoras en abierto para entender que es más probable que a uno lo llamen desde un plató que desde La Moncloa, pero en el caso de Iglesias concurren una serie de factores que todavía hacen posible un vuelco telefónico".

 

Y es que "como a su compadre Monedero, a Iglesias siempre le quedará la tele, de capital iraní o italiano, pero no se resigna ni renuncia a entrar en el Gobierno ", eso sí, añade letal: "Que pueda hacer más daño a España desde el Ejecutivo de Sánchez o desde un programa televisivo nadie se atreve a aventurarlo".

Dice Iglesias que "todavía me queda mucho por hacer al frente de Unidas Podemos" y Lillo le pone la puntilla: "Está convencido de que junto a Irene aún tiene margen de maniobra para hundir la marca electoral con la que privatizó el movimiento del 15-M. Se le ve con ganas".

No en vano, asegura, "con discursos como el dedicado a las donaciones oncológicas de Amancio Ortega, Pablo Iglesias tiene cuerda suficiente para ahorcarse sin que parezca un accidente, pero, aunque desde dentro de su partido le tengan ganas, alguien de fuera querrá apuntarse el tanto de su caída".

No será Sánchez porque "las mayorías absolutas de Guillermo Fernández Vara en Extremadura y de Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha demuestran que es posible marginar, cuando no eliminar, a Podemos desde posiciones de genuino centro-derecha, desde ese socialismo cañí que sale de procesión en el Corpus y, cuando toca, honra a la bandera y al Rey".

 
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