30 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Ha medido Arrimadas las consecuencias de salvar a Sánchez o no le importan?

Inés Arrimadas

Inés Arrimadas

La emergencia sanitaria no necesita un salvoconducto a Sánchez para suspender la democracia. Ni tampoco alimentar ahora el debate sobre mociones de censura en regiones de PP y Cs.

 

 

 

El auxilio de Ciudadanos le permitió a Pedro Sánchez renovar por cuarta vez el Estado de Alarma en España, un mecanismo traumático que, para garantizar la mayor seguridad en materia de salud pública, suspende de manera radical buena parte de los derechos individuales.

El Gobierno que más imprevisión le puso a la gestión de la pandemia ha tenido que imponer luego, precisamente por ello, las medidas más graves y radicales de Europa, simbolizadas por un eterno confinamiento de millones de personas y una clausura total de la actividad económica: por mucho que Sánchez presuma de "rapidez" y "eficacia", esta medida simboliza lo contrario.

Fue tan grande el daño que se permitió que no quedó más remedio que adoptar decisiones que nadie más ha necesitado: aquí se han muerto 547 personas por millón de habitantes; en Grecia solo 14. Y esa abismal diferencia, que más reducida pero igual de llamativa se mantiene con la práctica totalidad de los países del mundo, explica la dimensión de los parches puestos a posteriori.

La cuestión es hasta cuándo. Y con qué motivación. La sensación ahora es que, por un lado, el Gobierno vende a diario una mejora de las cifras, más fruto del paso del tiempo y del sacrificio de los ciudadanos que de sus aciertos, y a la vez reclama el respaldo para mantener una excepcionalidad ya polémica que emplea, además, en tomar decisiones alejadas de la emergencia.

 

 

Porque parece más atender a las necesidades de Pedro Sánchez que a la gestión de la epidemia. Si vemos calles repletas, en algunos casos con escenas deplorables; si ya se puede salir casi a cualquier hora del día y para casi todo con distintas excusas y si además cada Comunidad elige ya cómo aplica el desconfinamiento y la desescalada, ¿a qué viene mantener un Estado de Alarma que sirve sobre todo para que Sánchez demore la asunción de sus evidentes responsabilidades?

Porque además había alternativas para hacer compatibles las garantías sanitarias con la reanimación total del Estado de Derecho: Pablo Casado las expuso, ley a ley, con la misma precisión con que detalló la cadena de despropósitos cometidos por Sánchez entre enero y mediados de marzo.

El efecto en las regiones

¿Por qué Arrimadas prefirió suscribir el relato de Sánchez en lugar de presentarse ante él de la mano de Casado y dejar en evidencia al presidente? Su movimiento parece más político que técnico, y abre un frente imprevisto del agrado del PSOE: la posibilidad de imponer mociones de censura en Comunidades donde gobiernan en coalición populares y naranjas.

Prospere o no eso, y sería una locura, que Moncloa haya recibido un cheque en blanco en lugar de empezar a dar explicaciones, resume el efecto de la decisión de Ciudadanos: fuera como fuera, ha dado aire a quien más lo ha enrarecido. Y no parece que ése fuera el deseo de sus votantes.

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