23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Saúl Ortiz

    El Coso Rosa

    Repaso con agilidad torera los embistes de diestro y siniestro sin que me tiemble el estoque, con el que me enfrento a los morlacos bravos y a los mansos. Me gustan las tardes de gloria, aunque a veces la vuelta al ruedo sea, más bien, una desvergüenza. Entraré siempre a matar aunque antes me deba persignar.

El informe médico psiquiátrico de José Fernando que evidencia su alteración

José Fernando está sufriendo por problemas de salud

José Fernando está sufriendo por problemas de salud

Acaba de ser padre ahora que está a punto de resolverse la petición de incapacitación que, para algunos, llega demasiado tarde. Hubo otros informes que demuestran sus dolencias mentales.

Repican las campanas ante el nacimiento del primer nieto de José Ortega Cano que ha sido alumbrada en el hospital Virgen del Rocío. Especulan con el nombre con el que llamarán a la recién nacida. Barrunto que (mal) usarán Rocío para empaquetar una exclusiva que ya negocian los representantes artísticos de la nariguda. Porque, en efecto, Michu tiene agentes que gestionan sus apariciones en los medios de comunicación. Cosas veredes en una joven que usa, abusa y acusa a una Justicia que poco lo parece. Una extraña relación con los Tribunales que le pasarán factura. Sobre todo porque su nombre aparece salpicado por escándalos propios de delincuentes de caza mayor. Parecen unidos por las anotaciones en sus expedientes. Llaman amor a una toxicidad que abruma.

Y lo que queda. Pues José Fernando está dispuesto a seguir quebrantando la orden de alejamiento impuesta por un juez después de que, el pasado mes de diciembre, su novia le acusara de violencia doméstica. Hacen cábalas sobre cuándo será detenido de nuevo mientras él se pitorrea descaradamente de una Justicia que debería ser menos benévola, más implacable. Hablan de su inconsciencia, de esa bipolaridad confesada con luces y taquígrafos, para justificar tanto despropósito. Callan ante el desdén, acaso agotamiento, de esos familiares que, en apariencia, parecen haberle dejado al libre alberdrío pero que se justifican aludiendo a ordenes o mandatos facultativos. Se hacen cruces, no obstante, ante ese quite tan poco taurino del maestro. Capotaso va, capotaso viene. Ni está ni se le espera. 

Tampoco ahora cuando está a punto de resolverse la prueba pericial psiquiátrica solicitada por el abogado Orlando Espejo. Quieren demostrar que José Fernando no está capacitado para sobrevivir en tierra hostil. Tampoco para gestionar el poco patrimonio económico que le queda tras años de absoluta dilapidación. Dicen que la resolución puede ser favorable para una inhabilitación que sabe a libertad. No evitará que se celebre un juicio por un delito de atentado contra la autoridad después de su agresión a un Policía Nacional. José Fernando solo podrá librarse de la chirona si el Juez considera un eximente que su mente esté secuestrada por la enfermedad. Buscan, en palabras de Esperanza Lozano, una solución para evitar un final que se prevé trágico y prematuro. 

Pero todos los trámites llegan tarde. Demasiado. He podido saber que no es la primera vez que José Fernando es asistido por médicos especializados. Cuando todavía era menor de edad, me explican que fue tratado por el prestigioso Marcelino Vargas. El médico puso el grito en el cielo ante los despropósitos mentales del joven. Avisó a la familia. Incluso los letrados de Ortega Cano aconsejaron seguir las pautas del psiquiatra para poner remedio antes que dolor. Desoyeron sus consejos y los barros son ya arenas movedizas que tragan y tragan sin aparente fin. Será un camino angosto pero no imposible. 

 

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