Palo Alto Market llega a Valencia

Entre libros, apuntes y la final de la Champions, hemos encontrado un hueco para pasarnos por Viveros. Este finde se celebraba el Palo Market Fest y había que pasarse a cotillear.

¡Qué bonita la primavera! Con sus flores, el Sol que ya quema y las tremendas ganas de guardar las botas en el altillo y sacar las sandalias. ¿A quién narices se le ocurrió poner los exámenes finales ahora que apetece coger el capazo y escaparse a la playa? Seguramente a un listillo que quería encontrar mesa en la terraceta a la primera y pensó en mandarnos a todos a la biblioteca. Buena suerte amigo, porque da igual cuánto haya que estudiar, los sábados a partir de las 20h se cierran los libros, es ley del estudiante.

Por mucho que nos guste nuestro bar de siempre para desconectar, se agradecen novedades que den un poquito más de emoción a esas horas de libertad y este fin de semana las hemos pasado en los Jardines de Viveros, donde se ha celebrado el Palo Alto Market. Se trata de una combinación de moda, arte, comida, bebida y música que se adapta a todas las edades. 

Las mañanas del sábado y el domingo han estado enfocadas a familias, con una gran variedad de actividades para entretener a los más peques. Ha habido desde talleres manuales, hasta yincanas, además de puestos culinarios en los que se podía fabricar limonada. Mientras tanto, los papis podían disfrutar de una copita de vino acompañada de aperitivos variados.

 

Pero bueno, vamos a lo que nos interesa, que aún nos queda para preocuparnos por donde dejar a los nanos; todavía podemos disfrutar de nuestra copita de vino (o cubata) sin preocupaciones. A partir de las 21h el ambiente cambia, las pistas de baile se llenan, las colas para pedir bebida son más largas y se empieza a animar la zona de las caravanas, donde decidir en cual de ellas comprabas la hamburguesa era bastante fácil comparado con encontrar una mesa donde tomártela.

Lo de los tres escenarios con música y la comida está muy bien, pero lo que realmente diferencia a Palo Alto es la cantidad de puestos con todo tipo de ropa y accesorios. El primero que se veía al entrar era el de Pepe Jeans, que llevó una máquina láser con la que podías personalizar por completo tu prenda. La gran mayoría se trataba de pequeñas empresas que vendían productos de todo tipo fabricados en España: vestiditos, faldas largas o petos (Paula Junyet o Chic Valencia) sudaderas, alpargatas, zapatillas, bañadores (Marino), bikinis, bolsos, mochilas, capazos… Aunque, sin duda, donde más tiempo parabas inevitablemente era en los complementos; especialmente en los de bisutería y joyería, donde hay que tener mucha fuerza de voluntad para salir con las manos vacías. También había un par de puestos de gafas, como Touch, que además es una marca valenciana. Vamos, que podías encontrar absolutamente de todo.

 

Cuando por fin consigues salir de los puestecitos, te topas con un cuadro enorme dividido en 36 piezas, y claro, la curiosidad te puede. ¿Qué pinta esto aquí? Parece que el chico de la caseta de al lado te lee la mente y se acerca a explicártelo. Se trata de la plataforma Habitante Elefante, que rifa las 36 partes del cuadro para recaudar fondos destinados a una ONG que ayuda a niños con riesgo de exclusión social.

 

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