22 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La ministra alemana que solo ve sol, moscas e inquisición en España

La titular de Justicia, Katerina Barley, se jacta de la decisión de los tribunales germanos de dar la razón a Puigdemont y hace votos por su pronta liberación. Viva la separación de poderes.

 

Dado que ni el presidente del Gobierno ni sus compañeros en el consejo de ministros, más allá del  balido quejica del titular de Exteriores Dastis, han pasado de las ovaciones cerradas y las sonrisas dentudas para arropar a Cristina Cifuentes y sacar pecho por los éxitos económicos en su Convención sevillana, y no han salido en tromba a responder a la hiriente y supremacista necedad que ha soltado la ministra de Justicia alemana a cuenta de Puigdemont; tendrá que ser este Lector Perplejo la que tenga que ponerla en su sitio.

La señora Katarina Barley, que así se llama la titular de Justicia alemana, declaró el viernes pasado que es "absolutamente correcta" la decisión del Tribunal Regional Superior (OLG) de Schleswig-Holstein de dejar libre bajo fianza al expresidente catalán al no considerar admisible el delito de rebelión y que así “lo esperaba". Y aun avanzó que “no será fácil” que los tribunales españoles puedan demostrar el delito de malversación, animando también a que se hable de los “componentes políticos” del caso.

Habría que ver a la titular de Justicia  defendiendo igual a un Puigdemont de Múnich proclamando una Baviera independiente 

Hizo votos la ministra, por último, por que se levanten los cargos, y "entonces Puigdemont será un hombre libre en un país libre, es decir, en la República Federal Alemana”.

Muchas lecciones podrá dar la señora Barley, pero ninguna de respeto y de talante democrático. Con respecto a  esto último, para empezar, debió perderse en la facultad todas las clases que aludían a la separación de poderes, como uno de los pilares de todo Estado de Derecho. Aunque tampoco han estado muy sobrados de reflejos sus compañeros de gabinete, que bien podrían haberle recordado a su compañera que no es correcto opinar de decisiones judiciales, y menos aún cuando están en juego relaciones diplomáticas, de una manera tan chulesca y dicharachera. Solo le faltó tirar cohetes y agitar una bandera sobre su cabeza.

 

Puigdemont, disfrutando en Berlín de uno de esos conciliábulos que en la tiránica España serían absolutamente impensables.

Cabría preguntarle también a la ministra si tendría la misma opinión en caso de que un líder político agitara en el parlamento de, digamos, el estado de Baviera y declarara su independencia con respecto al resto de la república federal. No hay que olvidar que las leyes alemanes prohíben directamente que un partido político defienda el nacionalismo excluyente en cualquiera de sus regiones. Seguro que doña Katarina no encontraría en ese líder político el heroísmo abnegado de Puigdemont. Y aun puede que se tirara de los pelos si buscara refugio en, un suponer, la Costa Brava y desde allí echara pestes contra las leyes y la democracia alemana.

Barley puede preguntarle a los cientos de miles de compatriotas suyos que viven en España si éste es el país retrógrado, brutal y tiránico que ella cree

No obstante, mucho mayor es el problema que tiene la señora ministra con el respeto. Cada uno es dueño de su ignorancia y puede hacer el ridículo en público mostrando un talante supremacista que raya peligrosamente en el racismo cuando viene a considerar a España un país comido por la Inquisición, el sol y las moscas. Pero se da la casualidad que en esta tierra anclada en la Edad Media, sometida a la tiranía del atraso y el analfabetismo, de acuerdo con su mirada, viven cientos de miles de compatriotas suyos. O bien vela por sus intereses y hace un rápido llamamiento a la repatriación o bien les pregunta si se vive mejor y con más libertad aquí en España que en Sudán, en Venezuela… o en Alemania mismo. A ver qué tal.

Por lo demás, y más allá de los esfuerzos modestos de este Lector Perplejo y de los que pudieran hacer las autoridades españolas por responder a esta ministra bocazas, no estaría de más que la todopoderosa Cancillera, Angela Merkel, le diera un toque. Algo así como “mira, Katarina, no sé si callada está más guapa pero sí más digna”.

 

Comenta esta noticia
Update CMP