18 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El cuponazo vasco

El cálculo del cupo en el País Vasco, o en Navarra, puede tener sentido político para evitar tensiones. Pero es insolidario, injusto y negativo para el resto. Un cuponazo sin discusión.

 

 

Seguramente tiene todo el sentido político la renovación del cupo vasco en los términos en que se ha hecho, concediendo un beneficio económico extra al Gobierno de Euskadi, pues a nadie se le escapa la torpeza que constituiría añadir nuevas tensiones territoriales a las ya existentes en Cataluña.

Pero es ésa la única razón -comprensible aun muy molesta e indiciaria del endémico egoísmo nacionalista- que puede argüirse para justificar la mejora de lo que, en sí mismo, era ya un privilegio para el País Vasco y, en consecuencia, una injusticia para el resto, con la excepción de Navarra, cuyo régimen es parecido.

Conviene explicar antes de nada en qué consiste esa excepción fiscal: básicamente, el dinero per cápita que acaba recibiendo cada vasco -o navarro- es hasta el doble  del que le llega a otros españoles, incluidos aquellos que, con rentas altas también, hacen el doble de esfuerzo al no vivir en una comunidad autónoma distinguida con esas exenciones económicas.

El concepto de redistribución de la renta, base del Estado de Bienestar, queda anulado en buena medida en Euskadi o Navarra al convertir las "razones históricas" que justificaban la gestión de su propia hacienda en una excusa para, a continuación, calcular muy a la baja su contribución al equilibrio del conjunto del país.

La gestión de su propia hacienda en una excusa para, a continuación, calcular muy a la baja su contribución al resto

Si es discutible conceder un sistema propio por una historia que, en no menor medida, tienen Castilla, Valencia, Aragón, Andalucía o Extremadura; mucho más lo es que ese precepto se utilice para conculcar el procedimiento de solidaridad interterritorial vigente para otras comunidades 'ricas'. Por resumirlo en pocas palabras, si Madrid, Valencia, Baleares o Cataluña dispusieran del mismo concierto fiscal, el resto de España se acercaría al subdesarrollo.

No pagan igual

Y eso es precisamente lo que obliga a las regiones más prósperas a hacer un sobreesfuerzo que compense la falta de él en el País Vasco o en Navarra: lo que no pagan en justicia allí a la caja única, lo tienen que aportar las Autonomías con posibles, generándose quejas de consecuencias inquietantes en Cataluña o Valencia. El nacionalismo no tiene razón en casi nada de lo que defiende ni en cómo lo defiende, pero en el ámbito económico su queja es defendible y la solución no es extender el privilegio, sino evitarlo en todos los casos.

 

Si Madrid, Valencia, Baleares o Cataluña dispusieran del mismo concierto fiscal, el resto  se acercaría al subdesarrollo

 

La solución no es, como pretende el PSOE, modificar al alza el sistema financiero autonómico en su totalidad: por mucho que se haga, si el dinero es el mismo y el reparto del esfuerzo también, los recursos a repartir entre todos serán los mismos igualmente. Porque recurrir a más deuda y déficit para mantener el estatus vasco y navarro mejorando el de los demás, es simplemente una locura.

Lo razonable

Lo sensato sería, simplemente, que Euskadi y Navarra aportaran al cojunto de España en función de sus posibilidades y no de sus excepciones 'históricas'. Eso es lo que pidió Ciudadanos, con razón, y eso es lo que el Congreso ha rechazado de manera tan abrumadora como indigesta. Quizá haya que taparse la nariz por razones de Estado a corto plazo -al largo es insostenible-, pero que nadie espere aplausos. Porque es un cuponazo, en toda regla.

 

 

ESD
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