21 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La mayor fosa común de España, a la sombra de una cruz de 150 metros

Más de 33.000 personas sepultadas, 18 años de trabajos y un coste de mil millones de pesetas son algunos de los datos menos conocidos del controvertido Valle de los Caídos.

El decreto ley aprobado en el Consejo de Ministros del pasado viernes para agilizar la exhumación de los restos de Francisco Franco pondrá fin a 43 años de enterramiento en el Valle de los Caídos, una ubicación que no fue elegida por el dictador y que está rodeada de un sinfín de curiosidades; todas ellas a la sombra de lo que en puridad es el lugar: la fosa común más grande de nuestro país, como parte de una inmensa basílica.

El general Franco acabó sepultado allí diecisiete años después de la construcción de ciclópeo complejo. Fue enterrado a los pies del altar del templo el 23 de noviembre de 1975, tres días después de su fallecimiento en el madrileño Hospital de la Paz y bajo una lápida de 1.500 kilos de piedra blanca de de Alpedrete.

 

 

Varios historiadores coinciden en asegurar que el emplazamiento de la tumba de Franco no fue decisión del propio dictador, que no dejó nada escrito en su testamento sobre su sepelio, sino que fue ordenada por el entonces presidente del Gobierno de entonces, Carlos Arias Navarro, y refrendada por el rey Juan Carlos.

En memoria de la “gloriosa Cruzada”

Lo que sí había sido decisión de Franco fue la construcción del conjunto monumental "para perpetuar la memoria de los caídos en nuestra gloriosa Cruzada", tal y como dejó escrito en un decreto del 1 de abril de 1940. "Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido, y que constituyan lugar de meditación y de reposo en que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor", rezaba la orden publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE).

Las obras se alargaron durante 18 años, hasta 1958, en la finca de Cuelgamuros, en las estribaciones de la Sierra de Guadarrama, a 55 kilómetros de Madrid y perteneciente al municipio de San Lorenzo de El Escorial. La construcción fue encargada al arquitecto Pedro Muguruza, al que sustituyó después Diego Méndez; mientras que las principales esculturas son obra de Juan de Ávalos.

33.847 personas de uno y otro bando fallecidas en la Guerra Civil reposan en el Valle de los Caídos. Desde 1959 hasta 1983 sus restos fueron llevados allí desde fosas y cementerios de toda España

El recinto de los Valle de los Caídos lo componen una escalinata, una explanada, una basílica y una abadía. Y completa el conjunto la famosa cruz de 150 metros de altura desde la base y 46 metros de longitud en sus brazos. No hay datos oficiales sobre su coste, pero investigaciones de diferentes expertos señalan que superó los mil millones de pesetas (alrededor de seis millones de euros).

En la construcción del Valle participaron presos republicanos junto a personal contratado y la inauguración oficial se celebró el 1 de abril de 1959, coincidiendo con el 20 aniversario del fin de la Guerra Civil. Durante el acto, Franco pronunció un discurso en el que advirtió de que "la anti España fue vencida y derrotada, pero no está muerta".

Un inmenso “cadáver colectivo”

El conjunto es propiedad de Patrimonio Nacional desde su inauguración y en él hay enterradas un total de 33.847 personas de uno y otro bando fallecidas en la Guerra Civil, que desde 1959 hasta 1983 fueron llevadas en 491 traslados desde fosas y cementerios de todas las provincias de España para ser depositadas en columbarios individuales y colectivos.

Según un reciente informe del CSIC, la identificación de la mayoría de estas víctimas es prácticamente imposible, tanto por la colocación de los restos, como por el efecto de la humedad, formando un gran “cadáver colectivo” que resulta indisoluble. 

 En cuanto a Franco, proponía su traslado dado que no fue víctima de la contienda militar; mientras que recomendaba trasladar los de José Antonio Primo de Rivera a un lugar "no preeminente" de la Basílica "dada la igual dignidad de los restos de todos los allí enterrados". Una multitud de combatientes que no escogieron ese lugar para dormir el sueño eterno.

 

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