Reivindicar la buena política

Debemos distinguir lo que es un delito de lo que es un comportamiento poco ético, y lo que es un comportamiento poco ético de información falsa o manipulada

Másteres, tesis, créditos, facultades, grabaciones y documentos ocultos. Sí, algunos están empecinados en hacer de la política un sálvame permanente. Y por ello, es obligación de los demócratas recordar que la política es mucho más que esto, y que no podemos rebajar tanto el nivel para convertir el sano enfrentamiento electoral y democrático en una pelea en el barro.

Hay miles de concejales y diputados que, muchos de ellos de manera prácticamente altruista, dedican horas de su vida al servicio público, sin percibir por ello más que algunos quebraderos de cabeza y más de un enemigo. En política hay gente buena, y gente mala, como en todos los sitios.

Ahora bien, la espiral de presuntos fraudes y de mentiras, todo mezclado y agitado convenientemente, puede llevarnos a dos escenarios igualmente peligrosos. Por un lado, a la aparición de partidos más populistas que los actuales y con tintes xenófobos y antieuropeos. A río revuelto, ganancia de populistas.

Se ha visto en toda Europa, donde el fenómeno de la inmigración, las fake news y el descrédito de la clase política convenientemente publicado en redes sociales y movido en un momento determinado, ha acabado por desembocar en la aparición de grandes partidos de corte totalitario.

Por otro lado, la continua erosión a la que se somete la actual clase política, unas veces merecida y otra fruto de ese mezcladillo en el que se pretende que todos sean iguales, acaba por disculpar unas actitudes incorrectas en base a que los de enfrente, lo hacen igual o peor.

Ante esto hemos de decir basta, y además, poner un poco de lo que en valenciano denominamos ‘trellat’. Juzgar cada caso de manera individual, no generalizar e intentar desprendernos de nuestros prejuicios ideológicos son herramientas que nos ayudarán a vivir menos hastiados de la política y a tener un criterio más libres y más justo.
Y recuerden: cuidado con los que hablan mucho de ética y poco de política. La oposición a cualquier hace un flaco favor al conjunto de los españoles si no habla de política y sólo dedica tiempo a encender el ventilador y a intentar extender aquella inexacta reflexión de que todos son iguales, por ejemplo. Debemos distinguir lo que es un delito de lo que es un comportamiento poco ético, y lo que es un comportamiento poco ético de información falsa o manipulada. Por eso tenemos que reivindicar la buena política.

Ni todos los políticos son iguales, ni sirve la excusa de que en todos los partidos hay gente que lleva a cabo actitudes corruptas. Tenemos que reivindicar -y exigir- que nuestros políticos hablen de pensiones, de acceso a la vivienda, de cambio climático, del futuro de la UE, de frenar los populismos o de regenerar de verdad la vida política y luchar contra la corrupción.

No, no ni todos son iguales ni la política es esto. Reivindicamos el volver a hablar de política, sin estridencias, sin caer en el nivel de barra de bar. Por decencia, por salud democrática.

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